Cada mañana abre los ojos y nada se siente igual. El dolor de la cintura es agudo y aún no se acostumbra a su pierna derecha inmovilizada. Se terminaron los rutinarios desayunos en Pepino y los paseos en su Harley Davidson. En cambio, las imágenes del tiroteo, la sangre y el olor a pólvora lo acompañan como una jaqueca constante y eterna. Desde el feroz enfrentamiento que protagonizó, Baby Etchecopar no es el mismo. Y no volverá a serlo.
martes 5 de mayo 2026





