Le pusieron Juan Carlos, y gran parte de su vida fue
miserable, no solo por el maltrato de sus padres, sino porque a los 12 años le
diagnosticaron pseudohermafroditismo femenino masculinizante. De grande se
operó y en su documento escribieron Juana Luffi. Era 1997 y fue la primera
cirugía por la que un varón se convirtió en mujer por un fallo judicial. Su
vida quedó plasmada en un libro: Juan/A. La angustia de vivir en un cuerpo
equivocado. Luego hubo otros pocos fallos para autorizar operaciones de cambio
de sexo. Todo cambió en 2012, cuando se se sancionó la Ley de Identidad de
Género. En cuatro años se operaron 200 personas y otras 250 están en lista de
espera para hacerlo.
Además, 10.200 personas pudieron cambiar su identidad y
dejar ese deseo plasmado en el documento. Destacada por la Organización Mundial
de la Salud por ser un caso líder "en la reivindicación de los derechos de la
comunidad trans”, la ley contempla la posibilida de seguir tratamientos
hormonales y someterse a una cirugía para adecuar el cuerpo a la identidad
autopercibida. Todo reconocido en el Plan Médico Obligatorio (PMO) y gratuito.
El Gutiérrez de La Plata es el hospital líder en esta
materia, y César Fidalgo, el especialista que más ha operado en el país. Por
allí ya han pasado 180 personas (ocho de cada diez se operan para ser mujeres)
y 230 están en lista de espera. El procedimiento es gratuito y eso explica la
explosión de la demanda. Es que en el ámbito privado, una prótesis peneana –por
ejemplo- cuesta hasta 10 mil dólares. En se hacen, en promedio, cuatro
operaciones por mes, mientras que antes del 2012 se hacían sólo cuatro por año.
Lo que ocurría entonces es que la única manera de acceder a una cirugía era a
través de la Justicia, para lo que se necesitaba dinero y paciencia ya que el
pedido podía demorar hasta diez años.
Según cuenta Fidalgo a Clarín, antes de la ley los pacientes
iban de los 35 a los 45 años a consultar para pasar por el quirófano. Ahora son
mucho más jóvenes. La demanda comienza a los 18. La operación para transformar
los genitales de varón a feneminos dura de cinco a siete horas. A la inversa es
más complejo, y demanda al menos tres intervenciones.
Los pacientes llegan al hospital platense de todo el país. Y
claro, no se cambia de sexo de un día para el otro. "Se requiere entrevistas
previas, tratamientos hormonales y luego de un período de un año, se llega al
quirófano”, detalla Fidalgo. Su equipo está formado por seis urólogos, un
cirujano plástico y otro general, un psicólogo, una ginecóloga endocrinóloga y
una fonoaudióloga.
E
n Santa Fé hay dos hospitales que hacen estas operaciones,
el Iturraspe y el Eva Perón. En ellos se han operado 20 personas y otras 20
están en lista de espera. "Estamos trabajando fuertemente para que estos
derechos se sigan cumpliendo”, dice a Clarín Esteban Paulón, subsecretario de
Políticas de Diversidad Sexual de la provincia y vicepresidente de la
Federación Argentina de Lesbianas, Gays, Bisexuales y Trans. Y lo dice porque a
veces se complica, faltan insumos.
La ley de Identidad de Género llegó de la mano de otra ley
de avanzada, como fue la del Matrimonio Iglualitario, sancionada en julio de
2010, que permitió el casamiento de más de 13.000 parejas.
La catamarqueña Blasia Gómez Reinoso, por ejemplo, cuenta a
Clarín que pensó cambiar su sexo el día que se casó con César. "Es que César se
casó con Horacio, no con Blasia...”. Así que cuando la ley se lo permitió,
cambió su documento y comenzó un tratamiento hormonal. "Al final no me operé,
di un paso al costado porque ya estoy algo mayor”, dice esta supervisora de
escuelas de 57 años. "Igual, vivo montada en este personaje de mujer...”, ríe.
Valeria Paván es
psicóloga y coordina el Programa de Acompañamiento Integral para Personas Trans
de la CHA (Comunidad Homosexual Argentina): "Acompañamos en el desafío de
emprender un nuevo camino y enfrentarse a lo cultural, porque seguimos con
representaciones binarias, exclusivas”.
Quien sí se operó hace ya unos años, es Alejandra. No da su
apellido porque ya no milita más, ya lo hizo muchos años y, además, "ya están
las leyes, ahora se puede y todo es más fácil”.¿Vale la pena la cirugía? "Claro
que sí -afirma-. Se logra la armonía entre el sentir y el ser”.