UN GOLPE SIN PRECEDENTES

A diez años del robo del siglo, la historia del atraco al Banco Río

El 13 de enero de 2006, un grupo de hombres lograba vencer, al menos por unas horas, la invulnerabilidad de los bancos. En base al libro "Sin armas ni rencores", el robo contado por sus autores del periodista Rodolfo Palacios, aquí, el escrito de Andrés Calamaro sobre el golpe.
miércoles, 13 de enero de 2016 · 15:56
El robo imposible de los ladrones invisibles

Por Andrés Calamaro


"He oído contar que los delincuentes que asisten a un espectáculo teatral, se han sentido a veces tan profundamente impresionados por el solo hechizo de la escena, que en el acto han revelado sus delitos; porque aunque el crimen no tenga lengua, puede hablar por los medios más prodigiosos”.

(Hamlet, William Shakespeare)


Este libro comprende y comparte la génesis y el desarrollo del gran golpe del siglo, considerado uno de los cinco asaltos más importantes del mundo; de los más inteligentes, los más logrados y mejor concebidos de la historia de la delincuencia a gran escala. Este libro piensa como los ladrones, y habla con el verbo de los protagonistas del robo al Banco Río, sucursal Acassuso. Un asalto lleno de detalles que lo hacen único; sin armas ni lastimados, el robo ideológico…El plan perfecto. 

El gran golpe presenta un inusual perfil cannábico, tiene su origen en el pensamiento creativo de una generación que fuma porros con cotidiana naturalidad, un asalto de generación rockera, especialistas veteranos que recuentan la historia con sus propias palabras. 

Se cree que en la Argentina hay 700 mil  cajas de seguridad que contienen 40 mil millones de dólares. Y que en un cofre caben 300 mil dólares. Hasta el robo del banco Río, ése era el refugio más confiable del dinero, más confiable que el colchón. Sobre todo después de la crisis de 2001. Pero el golpe de estos bandidos demostró que nada es confiable: nada es seguro.
 
La Justicia cree que robaron 19 millones de dólares y 80 kilos de joyas y alhajas.
 
Este libro (que narra con detalles -y en primera persona- el origen ideológico, la organización humana, la puesta en escena y el epílogo de "El golpe del siglo"), también tiene el nombre propio de Rodolfo Palacios, el más genuino y autorizado narrador de la historia delincuencial y criminal de la Argentina; a su manera -y con rigor histórico- nos ha llevado por entre los secretos de una historia que es historia también; marginal, perfectamente real y cultural autóctona, cosmopolita e iconoclasta. Literatura, crimen, tango, cine, asaltantes, rock y el territorio prohibido. Los rebeldes.

Ya se ha dicho que Rodolfo, el intelectual del hampa, no juzga, que escribe con compromiso y con afecto por estos personajes -a su manera- heroicos antihéroes del verdadero "western" nacional”.
 
Palacios busca a los siete samurais del gran asalto al Banco Río y los encuentra, entonces los conocemos y leemos el relato original de los hechos que hicieron de aquella una fecha histórica (¿fechoría histórica?), un asalto de esta envergadura visto por televisión por millones de ciudadanos es un momento inequívocamente cultural y social, además de específico hito entre los asaltos habidos y por haber. 

Un soplo de lirismo amoral en un tiempo donde descreemos de cualquier mecanismo estatal, político o ideológico. 

Rodolfo presenta al ideólogo, que espera anónimo el momento de aparecer para contar la "historia de esta historia”. 
 
Entonces conocemos a los protagonistas, el casting de la banda, la previa y la producción de un asalto hecho en dos mundos paralelos (asalto con toma de rehenes arriba, boqueteada abajo) que quedará en la memoria de muchos. 
 
Quizá nada sea igual después de este atraco, ni para el ideólogo ni para sus compañeros ni para los vecinos de Acassuso (un barrio pudiente a orillas del Río de la Plata) ni para aquellos que guardaban joyas o billetes en las cajas de seguridad, ni para los empleados bancarios o los clientes a quienes les tocó ser testigos de este hecho extraordinario, especial en su origen, en su ideario e ideología, en su planteo de asalto sin armas ni violencia; el robo imposible de los ladrones invisibles, que se dieron el gusto de largarse de allí, según lo planeado, con tiempo para ver por televisión el asedio de cientos de policías en torno al banco.
 
Después de fugarse como los piratas de una epopeya griega. Un golpe que probablemente hubiese podido imaginar la mente inspirada de Tarantino, que aprendió a escribir diálogos y escenas bandidas cuando en su juventud compartió celda con un grupo de hampones que le enseñaron su mundo. Este golpe tuvo personajes heróicos: el hombre del traje gris que antes era hombre araña en la cornisa, un superhéroe de los bajos fondos 
que compone canciones y tiene club de fans; Beto con peluca y delantal como un cómico sin tiempo; el líder y sus absortos creativos; el hombre invisible y el paisano. Elenco maldito de un golpe que ya se instala como el gran guion del cine argentino prometido. La obra de arte de los robos a bancos.

Muchas cosas hacen de este episodio algo especial, de ribetes únicos en la historia, y acaso irrepetible; el ideólogo no es un ladrón de pedigree, es un maestro de artes marciales cultivando cannabis y pintando cuadros. Asimismo va a necesitar el desempeño de ladrones confiables, de temperamento y encarnadura moral, hombres duros y hábiles, inteligentes. Así se forma la banda mientras leemos esta obra delincuencial literaria y participamos de sus diálogos; nosotros, testigos de privilegio gracias a la investigación y el compás literario de Palacios. 
S
omos el octavo samurai mientras leemos este libro con hambre de leer la página siguiente y saberlo todo; es de esta clase de libros que nos llevamos al baño para aprovechar leyendo ese momento de inevitable intimidad. 
 
Mientras dure nuestra lectura, somos socios del silencio y formamos parte del robo más singular y logrado de la historia criminal argentina, de guante blanco y con el detalle de la poesía y la botella de champaña. Bienvenidos al gran golpe, universalmente aceptado como uno de los mejores e inigualables.
 
Un robo que respetó el legado de Ronald Biggs, el ladrón británico de trenes que inspiró una canción de Sex Pistols, cuyo principio filosófico del crimen era ensayar cada movimiento como se ensaya una obra de teatro o un repertorio musical. 
Conozco al "hombre invisible”, uno de los históricos miembros de la banda, desde hace quince años. Y antes de conocerle ya le habíamos escrito una canción, mano a mano con Jorge Larrosa. 
 
El Bocho de la Zurda. 
Los ladrones también piensan.
 
Su nombre fue un pasaporte para ganarme la confianza de grupos cerrados y recelosos de rufianes que son mis grandes amigos.  
 
Vino a mi casa del barrio de la Recoleta y juntos escuchamos su canción, también cargamos en brazos a Dylan, con la premura de quienes saben que sostienen a un frágil niño de apenas un mes de vida… 
 
Nunca le pregunté nada porque entendí que había que comportarse como un amigo, mostrar y generar confianza, respetar el silencio de los pistoleros y prestarse a escuchar sólo lo que quieran contarnos. 
Quizás equivocadamente. 
Quizás esperaba de mí más preguntas para regodearse en anécdotas y episodios dignos de ser contados y escuchados. 
 
Pero me comporté como uno más, ofreciendo mi discreta pero sincera humanidad. 
Nos vimos en algún cumpleaños del "Gallegordo”, y en alguno de mis recitales en el Luna Park. No me costó adivinar que "el hombre invisible” podía estar detrás del golpe maestro de Acassuso, en mi imaginación era el estratega, en la narración de Rodolfo Palacios, "el tercer hombre”…The Third Man. El tercero en orden de aparición y el segundo en sumarse a la banda del líder. 
 
Estos últimos ocho años fueron de tensa tranquilidad, me llegaba información confiable pero ocurre que el hombre invisible tiene (razones sobran) el don de la invisibilidad, no lo vemos ni lo vi hasta hace poco tiempo. Nos fundimos en un fraternal abrazo y dimos cuenta de una buena charla, las achuras y la carne asada. 
De un tiempo a esta parte, mis amigos son atracadores de bancos, gánsgters, piratas y toreros.
Con este libro en marcha terminé de saberlo todo, o todo lo que nos quieren contar sus protagonistas, que es mucho. 
La increíble historia del líder, o maestro, como lo llaman algunos de sus camaradas, nos lleva de la mano para contar su robo. 
 
 Vive como ese principio de las artes marciales que practica: los obstáculos pueden convertirse en puentes. Lo conocí a través de unos amigos en común. En una parrilla de Villa Crespo. A pesar de ser quien es, y de la capacidad de "desempeño" formidable que tiene (vivir en la montaña, entrenarse con artes marciales, asaltar bancos, pintar cuadros y tirarse en paracaídas), siento algo familiar en el cannábico genio de los bancos.
Con nombre y apellido, Rodolfo Palacios nos presenta la génesis, la ideología y los detalles del gran robo al Banco Río.
¡Arriba las manos!
 
Madrid, mayo de 2014.
 

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