Tragicómico

La vida de Menem, al teatro

"Menem, actor" es una propuesta teatral que analiza la política argentina de los noventa a partir de la vida familiar del ex presidente.
viernes, 02 de marzo de 2012 · 17:33
"Es la tragedia de la que fuimos capaces todos los argentinos". Así describe Marcos Perearnau a "Menem, actor", una obra teatral que cuenta la historia de una familia riojana que llegó a la Quinta de Olivos para marcar un antes y un después en la forma de hacer política en la Argentina. Los cuatro actores en escena intentan -desde la representación- descifrar la simbología de la década de los noventa.

En tono tragicómico, la trama pretende recrear la historia de "los Menem" en un drama familiar a puertas cerradas. A poco de asumir la presidencia del país, Carlos Saúl decide echar a Zulema de la Quinta de Olivos, e ahí ingresa en escena Ana María Lujan, presentada como "la amante" del ex presidente, quien constantemente remarca la falsedad de su entorno, e intenta decidir su futuro de acuerdo a las cartas de Tarot.

También aparece Zulemita en escena, quien se reconcilia con su padre para ejercer como Primera Dama, un cargo que disfruta tanto como sufre. A lo largo de la obra, el personaje desarrolla una relación edípica con el ex presidente con tintes de enamoramiento.

El guión le abre el juego a los negocios. A pesar de las advertencias de "la amante", Carlos Menem nombra como testaferro al hijo del dirigente sindical Lorenzo Miguel. Leonel entra a Olivos y se convierte en un actor más en las historias cotidianas del núcleo presidencial.

Desde lujo, diversión y cirugías estéticas hasta desopilantes reuniones de trabajo en el hotel Alvear, nada parece resistir el poder de conversión del ex primer mandatario, hasta que se entera de la trágica y misteriosa muerte de su hijo.

Todo se desarrolla en 80 minutos. La obra pretende mostrar la radiografía interna de una forma de hacer política que reinó durante los años noventa. En el relato se mezclan pasajes gauchescos del Facundo (de Domingo Sarmiento) y algo de literatura y costumbres árabes, como serpientes, turbantes y hasta textos de Las Mil y Una Noches.

La mirada crítica de los noventa no impide que la obra sea apta para todo público, anti menemistas y no tanto. El público puede disfrutar de una larga pero entretenida tragicomedia, con un final a lo Shakespeare, que invita a pensar sobre una etapa de la sociedad y la política argentina. Una década "en la que todos actuamos una ficción llamada convertibilidad, donde todo podía convertirse en otra cosa y la apariencia fue soberana", sintetiza el autor.
(La Nación)

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