En las últimas dos décadas, la ciudad de Mar del Plata ha sido testigo de un fenómeno poco común: la expansión masiva del chimango, una rapaz pequeña, adaptable y oportunista que pasó de ser casi inexistente en el centro urbano a formar parte del paisaje cotidiano.
En 2004, su presencia era mínima. Hoy, los estudios indican que la densidad del chimango ronda las 62 a 63 aves por kilómetro cuadrado en el casco urbano y hasta 82 a 83 en zonas periurbanas.
Por qué el chimango se adaptó a la vida urbana en Mar del Plata
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El chimango (Milvago chimango) habitaba originalmente los pastizales naturales de la región pampeana. Sin embargo, los cambios en el paisaje, la urbanización y la pérdida de hábitats rurales obligaron a esta especie a buscar nuevos entornos para sobrevivir.
“La transformación del entorno marplatense generó un escenario ideal para que el chimango se instalara y se reprodujera en la ciudad”, explican especialistas en fauna urbana.
Entre los factores que explican su éxito están:
La pérdida de hábitats naturales, que empujó a las aves a buscar zonas urbanas donde conseguir alimento.
La expansión del borde urbano, que facilita el ingreso de aves jóvenes desde áreas rurales.
Su dieta flexible y oportunista, ya que el chimango es omnívoro y se alimenta de carroña, basura doméstica, insectos, roedores y residuos urbanos.
La falta de grandes depredadores en la ciudad, lo que reduce la presión y favorece su supervivencia.
Refugios y nuevos hábitos del chimango urbano
Los refugios urbanos como árboles, postes, techos y aires acondicionados se han convertido en sitios de nidificación para el chimango. Estos espacios, combinados con la baja presencia de depredadores, le ofrecen un ambiente seguro para reproducirse y alimentarse.
Además, su presencia tiene un impacto positivo en el ecosistema urbano: al alimentarse de carroña, palomas, roedores e insectos, el chimango actúa como controlador natural de plagas y colaborador en el saneamiento ambiental.
Características del chimango: el “cuervo sudamericano”
El chimango, también conocido como el “cuervo sudamericano”, mide entre 35 y 40 centímetros y no presenta diferencias de tamaño entre machos y hembras.
Es una especie históricamente cercana al ser humano: incluso Charles Darwin y otros naturalistas ya describían su comportamiento confiado y su convivencia con las poblaciones rurales.
Algunos datos destacados:
Se distribuye en Brasil, Paraguay, Chile, Uruguay y Argentina, incluso en las Islas Malvinas.
Cumple un rol ecológico clave como regulador de especies abundantes como palomas y ratones.
Su comportamiento curioso y adaptable lo convierte en un símbolo de resiliencia urbana.
Un nuevo equilibrio en el ecosistema marplatense
El regreso del chimango a Mar del Plata refleja la capacidad de adaptación de la fauna frente a la urbanización. Esta rapaz, que alguna vez habitó los pastizales naturales, hoy encuentra en los espacios urbanos un nuevo hogar.
Su presencia, lejos de ser una amenaza, representa una oportunidad para comprender cómo las ciudades y la naturaleza pueden convivir y complementarse.