A lo largo de la historia de la humanidad, así como existen libros sagrados como la Biblia, la Torá o el Talmud, también hay, en la más profunda oscuridad, muchos otros considerados malditos. Obras escritas por autores más enigmáticos aún y que atraviesan por siempre insondables océanos del tiempo.
Ejemplares únicos que preservan secretos primigenios y rituales de magia negra bajo mensajes encriptados. Con tapas en cuero de misterioso origen o embebidas de pigmentos potencialmente peligrosos, según opinan conservadores de obras incunables, también hay ejemplares antiquísimos cuyas páginas contenían hasta rastros de arsénico. El “Códex Gigas” es un tratado medieval, también llamado “Códice de Satanás”.
Creado por un monje de la Orden de los Benedictinos, en la ex Checoslovaquia, entre 1204 y 1230. El horroroso detalle que acompaña su origen es que el monje que lo redactó no lo hizo influenciado por los preceptos de la Iglesia Católica, sino por el mismísimo Diablo. En tanto, en el Siglo II de la era Cristiana se escribió “El Evangelio de Judas”.
Redactado en lengua egipcia, sus traductores afirmaron que ofrece una versión distinta sobre Judas Iscariote, uno de los 12 apóstoles que acompañaron a Jesucristo. Oculto por muchos años, podría estar en una bóveda en Suiza, propiedad de una misteriosa Fundación. Otro ejemplo es el libro de “Soyga”, o el “Libro que mata”. Es un tratado de magia escrito en el Siglo XVI.
Contiene cerca de 50 mil letras compuestas y códigos provenientes de la Alquimia, escritas en latín, aunque presenta tablas indescifrables acerca de conjuros, tratados de astrología y demonología. Un extraño libro es un famoso manuscrito comprado por un comerciante polaco en 1912: El “Manuscrito Voynich”, escrito bajo un sistema críptico y por lo tanto incognoscible. Habría sido hecho en la zona norte de Italia hacia mediados del Siglo XV.
Pese a ser estudiado por especialistas y descifradores de códigos secretos del mundo, hasta hoy nadie ha podido dar con su real significado, y se lo considera el “Santo Grial” de la criptografía o universal. A su vez, un riguroso catálogo de brujas y hechizos es el ”Malleus Maleficarum”, el más extraordinario tratado medieval sobre Brujería. Su primera edición sería de 1486 y fue redactado por dos monjes domínicos pertenecientes a la Inquisición.
Como manual de instrucción, permitió llevar a la hoguera a miles de mujeres acusadas de brujas. Incluido en el “Index” como “libro prohibido” desde 1490, los registros historiográficos marcan que desde la invención de la imprenta, es el libro más vendido junto a la Biblia. “Masticatione Mortuorum in Tumulis”(Masticación de los muertos en su tumba) fue redactado por un pastor luterano entre 1725 y 1728 y es un tratado sobre “vampirismo”.
Hace referencia a muchos casos acaecidos en tenebrosas regiones de Hungría y ofrece recetas para cuidar que los cuerpos enterrados en cementerios no sean comestibles para los vampiros hambrientos. Para ello aconseja conservar las costumbres de enterrar los cuerpos boca abajo, clavarles estacas en los pechos, colocarles piedras en los orificios y monedas en los párpados.
Otro es un tratado con los secretos de la nigromancia, llamado “De Umbrarum Regni Novem Portis” (Las nueve puertas del Reino de las Sombras), escrito por el veneciano Aristide Torchia en el emblemático año 1666. En esta obra maldita se compilan todos los rituales para invocar a los seres de las tinieblas de manera de realizar un pacto con el Diablo, y fue inspiración del escritor español Arturo Pérez Reverte para su genial novela “El Club Dumas”.
Desde finales de los años ‘50 cuando fue conocida en nuestro país la magnífica obra narrativa del escritor estadounidense Howard Phillips Lovecraft (1890-1937), también conocido como el “solitario de Providence”, un curioso detalle de su genial inventiva estuvo relacionado a Buenos Aires.
El autor de los memorables “Mitos de Cthulhu” y de “Las montañas de la locura” entre otros libros extraordinarios, imaginó un libro demencial llamado “Necronomicon” escrito por un árabe insano llamado Abdul Alhazred (proveniente de un juego de palabras en inglés que significa “el que lo ha leído todo”) quien lo redactó en la ciudad de Damasco luego de atravesar infinitas zonas desérticas.
Este libro contiene rituales de magia ancestral y maldita. Es mencionado por HP Lovecraft en varios pasajes de su tenebrosa obra literaria que excede el calificativo de ciencia ficción. El escritor hace mención a que algunos de los cinco ejemplares del “Necronomicón” se hallan desperdigados por distintas bibliotecas del mundo, una de las cuales sería la de Buenos Aires.
Una leyenda urbana porteña señala que Jorge Luis Borges cuando ocupó la dirección de la Biblioteca Nacional entre 1955 y 1973 colocó una ficha con el título del libro para despertar el desconcierto y también el temor de aquellos curiosos lectores que lo solicitaban.
Fuente: Crónica