Esta historia es tragicómica y verdaderamente ocurrió. Se trata del narco serbio Bozidar Ratkovic, alias “Bozo”, que escapó de su casa en silla de ruedas cuando cumplía la prisión domiciliaria. Cuando cumplía la preventiva sufrió un ACV y por tal razón fue trasladado a su casa, un día de diciembre de 2023 se fue y desde ese día no lo pueden hallar.
Apodado “Bozo”, hoy de 59 años, nacido el 6 de enero de 1966 en la ciudad de Trebinje, Bosnia Herzegovina, estaba de novio con una argentina casi 30 años más joven que él en ese entonces. También estaba bajo prisión domiciliaria en una casa del partido de Avellaneda, acusado de ser el jefe y organizador de una banda que intentó traficar 165 kilos de cocaína a Europa.
El 12 de enero de 2023, mientras estaba preso en la cárcel de Ezeiza, sufrió un accidente cerebro vascular (ACV) que le provocó secuelas como “hemiplejía, parálisis de miembros superiores e inferiores del lado izquierdo, inestabilidad corporal y afasia, lo que generaba que requiriera asistencia y acompañamiento permanente”, asegura un documento de la causa en su contra investigada por la Justicia federal. Terminó internado, alimentado con una sonda.
Sus antecedentes de salud eran complicados de por sí, con diagnósticos de diabetes e hipertensión arterial que, según los médicos de la cárcel, derivaron en el ACV.
Su defensa pidió que continúe bajo arresto en la casa de su novia argentina, que también era la madre de su hijo. Un informe médico del Servicio Penitenciario Federal practicado en mayo de ese año fue la principal herramienta para avalar su salida.
El informe señaló que “el imputado registraba secuelas motoras que requerían un auxilio permanente para tareas cotidianas (como ir al baño), que el Servicio Penitenciario Federal no podía asegurarle”, de acuerdo un documento de la causa en su contra.
La bipedestación se encontraba “abolida en miembro derecho e izquierdo”. “Bozo”, literalmente, no podía caminar.
El Tribunal Federal N°4 de San Martín, a cargo de la causa en su contra, le otorgó la medida a “Bozo” en agosto de 2023. Se ordenó que se le colocara una tobillera electrónica. Cada 30 días, su defensa debía presentar un informe actualizado de su salud a la Justicia.
Desde luego, le prohibieron salir del país. Su novia argentina le salió de garante; la mujer asumió su “tutela conductual”, según el fallo. El lugar donde cumpliría la prisión domiciliaria estaba lejos de un country; la casa quedaba casi en el corazón de la Villa Tranquila, entre construcciones sin revoque.
Así y todo, “Bozo” escapó. Su ausencia fue notada durante un control del SPF. Nunca lo volvieron a encontrar. Sigue prófugo hasta hoy.
Los amigos y las mañas
Silla de ruedas o no, Ratkovic siempre fue un tipo escurridizo. Logró un DNI argentino, número 62 millones y el que es reservado a detenidos nacionalizados, gracias a que cayó preso; su domicilio fiscal es una dependencia del Servicio Penitenciario Federal.
Estuvo encerrado por asociación ilícita en un penal del SPF entre 2016 y 2020, condenado por el Tribunal N°1 en lo Penal Económico. Allí, trabajó por el sueldo de presos para tareas menores, un empleo en blanco.
Chofer de camión, según dijo él mismo, operaba bajo varios alias como “Goran Simic”. Sus jugadas narco están registradas al menos desde 2008, con presuntos cómplices en ciudades como Medellín, Colombia. La Justicia argentina, incluso, pidió años atrás su extradición a Brasil, país donde tenía pasaporte y donde fue detenido en 2012 en Porto Alegre.
Ya preso en Ezeiza, pidió ser excarcelado en septiembre de 2022 mediante un recurso presentado por su defensor oficial, un abogado que el Estado le pagó a un narco de alto vuelo.
El Tribunal N°4 de San Martín denegó la medida con buen tino. En su fallo, los jueces recordaron que, en una requisa, le encontraron a Ratkovic 2300 dólares y documentos a nombre de un brasileño y que, horas antes de que lo detuvieran en abril de 2022, hizo un llamado donde detalló un plan para escapar a Bolivia. Precisamente, entre los papeles que le encontraron, estaba un carnet de vacunación del coronavirus emitido por el Estado boliviano.
En paralelo, le descubrieron un pedido de captura ordenado por Interpol en Sarajevo, de un expediente que databa de 1999. Cuando cayó preso, vivía en una casa alquilada por uno de sus cómplices, Diego Hernán Radinja.
La noticia de su escape rápidamente llegó a policías de alto rango que reaccionaron con fastidio ante la fuga más insólita de los últimos años, comisarios que tampoco creían en la supuesta mala salud de Ratkovic.
La alerta, por otra parte, llegó a las autoridades el mismo día que José Daniel Sofía, alias “El Tano” y vinculado a “Bozo” en una investigación de la PFA por intentar mover 1600 kilos de droga a Dubai y de amenazar a la jueza Sandra Arroyo Salgado, era condenado a 11 años de cárcel.
La Policía Federal le plantó un agente encubierto a “Bozo” y a “El Tano”, en el marco de una causa investigada por el área Hidrovías del Paraná de la Superintendencia de Drogas Peligrosas de la PFA y el Juzgado Federal de Campana. Ese expediente llevó a Ratkovic de vuelta a la cárcel para luego escapar. Ese agente fue testigo privilegiado de una curiosa reunión entre ambos.