Un esqueleto enterrado, un reloj Casio con calculadora y una vieja casa que alguna vez fue refugio musical de Gustavo Cerati. Las piezas parecen sacadas de una novela policial, pero son parte de un caso real que conmociona al barrio porteño de Coghlan y mantiene en vilo a la Justicia.
Todo comenzó durante las obras de demolición de una casona ubicada en Avenida Congreso al 3700, en el terreno donde funcionó una vivienda alquilada por Cerati entre 2002 y 2003. Sin embargo, el descubrimiento no ocurrió en ese solar, sino en la propiedad lindera: un jardín de una casa de dos plantas, donde vive una mujer mayor desde hace décadas. Allí, ocultos entre la tierra y la historia, fueron encontrados restos óseos humanos que, tras las primeras pericias, revelaron señales de una muerte violenta.
El extraño objeto que podría ser clave en la investigación
La pista más reveladora no fue un hueso ni una cicatriz antigua, sino un objeto que aún hoy genera nostalgia: un reloj Casio CA-90, aquel modelo popular de los años 80 que además de funcionar como calculadora incluía un rudimentario videojuego. Fabricado recién a partir de 1982, este accesorio tecnológico permitió a los peritos acotar el rango temporal de la muerte: el crimen no pudo haber ocurrido antes de esa fecha.
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El reloj, aún conservado junto al cuerpo, indica que la víctima era un varón adolescente, probablemente enterrado entre los años 1982 y 1990. La Policía Científica descartó rápidamente que se tratara de un entierro antiguo vinculado a la iglesia Santa María de los Ángeles, que décadas atrás ocupó buena parte de la manzana y cuyas tierras fueron loteadas con el tiempo.