Aquella imagen del hombre fornido, con una manta blanca a sus espaldas manchada de sangre, descargando del camión frigorífico una media res que oscilaba entre 75 y 130 kilos, kilos más o menos según la calidad de la carne que repartiera, va camino al arcón de los recuerdos.
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También queda en el pasado aquella conversación que a algunos clientes nos gustaba tener con el "carniza" de confianza: “¿De cuánto la media?”. Si la respuesta estaba entre los 75 y los 80 kilos (sólo en las zonas pampeanas), estábamos hablando de una ternera, garantía de ternura. A medida que avanzaba el kilaje se perdía en carne blanda, pero, si el animal “está bien terminado”, advertía el carnicero, se ganaba en sabor y se podía masticar tranquilo, aunque la media res llegara a los 130 kilos, un novillo grande, probablemente de feedlot.
Según informó el gobierno Nacional, desde este 1 de noviembre la media res deberá ser comercializada "troceada", en pedazos que no superen los 32 kilos.
"Los despachos de carne de todos los establecimientos faenadores del país destinadas a comercio minorista, deberán hacerse en unidades resultantes del fraccionamiento de las medias reses en trozos, cuyos pesos individuales no superen los 32 kilogramos", dice el comunicado.
La decisión, que nos deja sin este pintoresco personaje del paisaje urbano, es ampliamente plausible, ya que apunta a mejorar las condiciones de trabajo de los operarios de la carne, para que dejen de descargar piezas tan pesadas.
Por otro lado, se enfoca en la salud pública, estableciendo mínimos importantes de control bromatológico, más eficientes en piezas de carne más pequeñas.