Un estudio de la Universidad de Cambridge identificó puntos de inflexión clave en la conectividad neuronal a los 9, 32, 66 y 83 años, revelando que el cerebro humano cambia de forma continua y no lineal a lo largo de toda la vida. El hallazgo aporta nuevas claves sobre el aprendizaje, la salud mental y el envejecimiento.
La evolución del cerebro humano no responde a un proceso lineal ni uniforme. Así lo confirmó un equipo internacional de neurocientíficos liderado por la Universidad de Cambridge, que identificó cinco grandes fases del desarrollo cerebral, separadas por cuatro puntos críticos de reorganización neuronal que ocurren aproximadamente a los 9, 32, 66 y 83 años.
El estudio, publicado en noviembre en Nature Communications, analizó más de 3.800 resonancias magnéticas de personas de entre cero y 90 años. A través de estas imágenes, los investigadores lograron “mapear” la conectividad cerebral observando el movimiento de moléculas de agua en el tejido neuronal.
“Mirando hacia atrás, muchos sentimos que nuestra vida se divide en etapas. Descubrimos que el cerebro también atraviesa fases bien definidas”, explicó Duncan Astle, profesor de Neuroinformática de la Universidad de Cambridge y coautor del trabajo.
Cinco etapas del cableado cerebral
1. Infancia y niñez (0 a 9 años)
Durante los primeros años de vida, el cerebro experimenta una intensa sobreproducción de sinapsis, seguida de una poda selectiva que fortalece las conexiones más eficientes. En esta etapa crecen rápidamente la sustancia gris y blanca, la corteza alcanza su mayor grosor y se consolidan redes locales.
Los investigadores advierten que este período implica una mayor vulnerabilidad a trastornos del aprendizaje y de la salud mental, especialmente en la transición hacia el primer punto de inflexión, alrededor de los nueve años.
2. Adolescencia y adultez temprana (9 a 32 años)
Uno de los hallazgos más llamativos del estudio es que el cerebro mantiene un patrón de reorganización que se extiende hasta los 32 años, lo que sugiere una maduración cerebral más prolongada de lo que se creía.
En esta etapa aumenta la integración global del cerebro y la eficiencia de la comunicación entre regiones clave. La sustancia blanca alcanza su máximo desarrollo y las transmisiones neuronales se vuelven más rápidas y coordinadas.
“No decimos que una persona de treinta años sea adolescente, sino que el patrón de cambio cerebral continúa”, aclaró la autora principal del estudio, Lucy Mousley.
El neuropediatra argentino Claudio G. Waisburg coincidió en que se trata de una maduración extendida, no de una adolescencia prolongada. “El cerebro sigue optimizando funciones ejecutivas, control emocional y toma de decisiones hasta bien entrada la tercera década”, explicó.
3. Adultez (32 a 66 años)
A partir de los 32 años comienza la etapa más larga del desarrollo cerebral. Se caracteriza por una estabilidad estructural y una eficiencia relativamente constante. Los cambios a gran escala disminuyen y se consolida una meseta en las capacidades cognitivas y la personalidad.
“La arquitectura cerebral se estabiliza en comparación con las fases anteriores”, señaló Mousley.
4. Envejecimiento temprano (66 a 83 años)
En este período se produce una reorganización selectiva del cerebro. Aumenta la formación de módulos neuronales muy interconectados, mientras la estructura general se simplifica. Comienza la degeneración de la sustancia blanca y crecen los riesgos de hipertensión y demencias.
Aun así, el cerebro refuerza ciertas conexiones internas, lo que puede explicar la resiliencia cognitiva parcial observada en algunas personas mayores.
5. Envejecimiento tardío (83 a 90 años)
La última etapa muestra una reducción marcada de la conectividad global y una mayor dependencia de regiones locales. La plasticidad cerebral disminuye significativamente y solo unos pocos nodos conservan un rol funcional central.
Los investigadores aclaran que, debido al menor número de muestras en este grupo etario, existen mayores diferencias individuales en la velocidad y el tipo de deterioro.
Un cerebro que nunca deja de cambiar
“El mensaje central es que el cerebro cambia desde el nacimiento hasta la vejez. No se desarrolla, se mantiene y luego decae: siempre está transformándose”, resumió Seth Grant, neurocientífico de la Universidad de Edimburgo, quien no participó del estudio.
Comprender estos puntos de inflexión permite identificar cuándo el cerebro es más vulnerable —o más receptivo— a intervenciones educativas, terapéuticas y preventivas. Según los autores, este “mapa topológico” abre nuevas oportunidades para anticipar trastornos, potenciar el aprendizaje y diseñar estrategias de apoyo durante el envejecimiento.