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Editorial

Impacto de la bomba Máximo en San Juan: alcances y consecuencias

Qué dirán los legisladores sanjuaninos sobre el acuerdo FMI: ¿pleno total? ¿Y si se rompe el oficialismo nacional? Cada uno hace su juego, con el giojismo en la mira.

Por Sebastián Saharrea

Aplacada una segunda temporada de alerta por Covid (¿habrá una tercera?) de esas que demandan toda la atención pública, lentamente vuelven a calentarse los motores políticos.

Se anuncia en la cartelera antes del estreno una temporada política 2022 rica en episodios, con todos los condimentos propios de una buena historia en San Juan: personajes fuertes, relaciones de amor y odio, peleas y traiciones. Los condimentos en la previa son potentes: indefinición tanto a nivel nacional como a nivel provincial, también indefinición en el sistema electoral, sub historias atractivas (intendencias). Cualquier guionista se haría una panzada, claro que acá se juega la realidad.

Lo primero a decodificar desde el mismo estreno es la estela que dejó en San Juan el primer golpe de campana de año: la bomba que hizo explotar Máximo Kirchner al convertirse en el principal objetor en público del nudo más gordo a desatar por el propio oficialismo, el acuerdo con el FMI.

Ni la oposición ha ido tan al hueso contra los pasos del ministro Guzmán en las negociaciones con el organismo comandado por Kristalina Georgieva. Claro que acá juegan otros condimentos que hacen a un buen guión: hay entre la dirigencia opositora muchos con las manos manchadas por aquel acuerdo ruinoso signado por Mauricio Macri en 2018 entre sonrisas, que dejará una lógica secuencia de padecimiento y sometimiento al país.

Miden sus pasos entonces, no será que aparezcan evitando un acuerdo sin el cual el horizonte podría convertirse en más ruinoso aún. Y dejan la cuerda para que meta la trompa la facción más radicalizada del propio oficialismo, contra no sólo el Ejecutivo de Alberto Fernández sino todos los sectores no K del amplio abanico hoy oficialista que se empecina por volver al rincón de la oposición: el massimo, gobernadores. Y allí es donde interesa ingresar a la óptica sanjuanina, comandada por un peronismo no K, intereses de gobernadores que deben gestionar. Todos, al grito de unidad hasta que duela pero tomando acciones para frustrarla.

Claro que Máximo ejerce un principismo extremo que en los papeles no disgustaría a nadie: quién no estaría a placer con alzar el dedo contra los organismos bilaterales de crédito, señalarles sus múltiples contradicciones, resistirlos. De allí a gobernar con los menores sobresaltos posibles, un desierto de distancia.

Los hace Máximo seguramente desde la visceralidad más cruda: la percepción fundada en datos de que los fondos del FMI que ahora debe devolver el país en base a menor déficit, fueron entregados con criterio político para que no volviera Cristina. Es decir, ellos. Y volvieron. Puede no faltarle razón. Pero ya volvieron. Ya están de vuelta.

Y ahora, tienen la chance de actuar en consecuencia, o con el recuerdo permanente de esa operación fallida del FMI o con la responsabilidad de gobernar y ser competitivos en el futuro a nivel político. No para un rol testimonial como el kirchnerismo en las últimas elecciones (un 30% poco elástico que nunca alcanza sólo), sino para mantenerse en el poder.

Máximo se recostó en los suyos, que lo aplauden a rabiar. La gestión y el futuro político, a segundo plano. El sacudón fue el más potente del oficialismo en dos años y medio, mucho más pesado aún que aquella carta de Cristina sobre los funcionarios que no funcionan tras la derrota electoral.

Y deja un par de casilleros sin resolver, repletos de ansiedad: qué pasará con el tratamiento en el Congreso del acuerdo con el FMI, es decir cuántos acompañarán a Máximo y si eso pone en peligro el acuerdo; y a mediado plazo que pasará con la pretendida e invocada unidad política para las próximas elecciones. Que en San Juan sólo están a 16 meses de distancia. Nada.

Por lo primero, asoma alguna certeza; por lo segundo hay más preguntas en el aire. A la respuesta de cuántos legisladores oficialistas acompañarán las dudas de Máximo y su incapacidad de devorarse un sapo como han debido hacer muchos de sus compañeros en gestión –incluidos sus antepasados-, nadie podrá afirmarlo.

Serán 20, serán 30, ¿alcanzarán a poner en duda la principal acción política del gobierno que integran, el de Alberto, y exclamar que lo hacen por pura vocación de debate interno? Difícil sería llegar a tanto, pero absolutamente posible.

Entre los legisladores oficialistas de San Juan, muy probablemente exista un pleno albertista. Por supuesto lo harán los uñaquistas en el bloque de gobernadores (Walberto Allende, Fabiola Aubone y Graciela Caselles), y hasta es muy probable que lo haga José Luis Gioja. Incluso es posible que sea votado por los legisladores opositores: el senador Basualdo ya adelantó que lo haría, pasos que podrían seguir Marcelo Orrego y Susana Laciar.

Qué pasará con el tratamiento en el Congreso del acuerdo con el FMI, es decir cuántos acompañarán a Máximo y si eso pone en peligro el acuerdo; y a mediado plazo que pasará con la pretendida e invocada unidad política para las próximas elecciones. Que en San Juan sólo están a 16 meses de distancia. Nada.

¿Por qué la única duda recae sobre el ex gobernador? Porque es el único que podría sacar alguna ventaja política si recoge las banderas k, en especial en el capítulo futuro que se hará referencia más adelante. Si Gioja resistiera con los argumentos de Máximo captaría un discurso. Minoritario es cierto, pero con capacidad de daño interno.

Pero en los últimos tiempos, se lo vio notoriamente albertista. Lo comprobaron quienes estuvieron en la última reunión de diputados nacionales con Alberto, donde Gioja tomó el micrófono y llenó de halagos al presidente. Difícil que saque lo pies de ese plato. Incluso festejó el acuerdo por las redes el 28 de enero. Justo antes de la bomba de Máximo.

Diferente hubiera sido si aún estuviera Daniela Castro, legisladora en la gestión pasada del palo giojista que dejó la banca por un cargo en el Ministerio de Defensa. Daniela ensayó el nervio kirchnerista desde siempre, y en una disyuntiva como ésta podría haberse anotado entre los más fervientes seguidores de Máximo.

Con un detalle que alcanza para explicar el difícil ecosistema del peronismo: Castro llegó por su relación con el ex ministro de Defensa, Agustín Rossi, expelido por las candidaturas santafecinas e indubitablemente kirchnerista. Pues bien, otro de los suyos –Germán Martínez- es quien saltó a la presidencia del bloque en reemplazo de Máximo: kirchnerista, pero de mano alzada con el fondo.

Distinto será auscultar el efecto de la bomba Máximo en San Juan si el oficialismo nacional avanza a una ruptura. Para conocer eso, la semana próxima será decisiva. El 1 de marzo se presenta Alberto en la Asamblea Legislativa, con Cristina presente, y al día siguiente enviará el proyecto FMI al Congreso, no se sabe si al Senado o a Diputados (más probable).

Un detalle que alcanza para explicar el difícil ecosistema del peronismo: Castro llegó por su relación con el ex ministro de Defensa, Agustín Rossi, expelido por las candidaturas santafecinas e indubitablemente kirchnerista. Pues bien, otro de los suyos –Germán Martínez- es quien saltó a la presidencia del bloque en reemplazo de Máximo: kirchnerista, pero de mano alzada con el fondo.

En ambas cámaras habrá problemas devenidos de la espantada kirchnerista, sumado a que no sobran los números. Si el acuerdo con el FMI naufraga por no contar con todos los votos propios (Máximo y su gente), parece un punto de no regreso. La oposición analiza respaldar y habilitar el acuerdo, desde su complicidad inexcusable con la situación financiera del país al tomar la deuda ahora renegociada. Pero la tentación de ver al oficialismo explotado por el aire en mil pedazos es grande.

En San Juan, todas las variantes kirchneristas (desde La Cámpora a Ruperto Godoy y Frente Grande) están contenidos en el modelo Uñac. Habrá que ver qué ocurre si se rompe la delicada unidad a nivel nacional, cómo disimularlo en la provincia. Si eso fuera posible.

Asoma más que nada una chance para quienes pretendan romper todo. Le puede quedar cerca a Gioja si quisiera ejercer un veto virtual, romper hacia afuera con pocas chances de ganar pero dejar el camino abierto a la oposición provincial. Habrá que ver sus ganas de hacerlo, los seguidores que lo acompañen en la aventura, y su espalda política y financiera.

Por sus últimos pasos, el diputado nacional no parece lejos de arreglar con el uñaquismo, pese a la pirotecnia de la acción judicial contra la eliminación de las Paso, alguna aparición explosiva por TV y su bloque partido cuyo alcance no está muy claro aún. Al final, más que vocación política, como sería convertirse en escudero provincial de Máximo, parece ser un asunto de conveniencias. Nada que no se contemple en una ecuación de sumas y restas.

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