Editorial

La “sanjuaninidad” del nuevo hombre fuerte de la Nación y los desafíos por delante

El tucumano Juan Manzur tiene amplia relación con la provincia, ahora buscará enderezar el barco nacional. Los motivos por los que Sergio Uñac esquivó elegantemente el convite. Los datos de San Juan, la única realidad.
sábado, 25 de septiembre de 2021 · 09:40

Juan Manzur, flamante primera espada de la gestión nacional, y Sergio Uñac tienen más de un punto en común: ambos gobernadores, ambos ganadores en medio del tembladeral político que se produjo a nivel nacional, ambos no precisamente kirchneristas.

Gobiernan distritos de cierta proximidad conceptual en medio del centralismo porteño. San Juan y Tucumán, ambas provincias laterales y alejadas al tonco bronqueopulmonar del país. Ambas sometidas al monocultivo, la marginalidad del centralismo y cierta mirada despectiva. Como pudo notarse en estos días.

Ambos convocados de urgencia a Olivos en plena tempestad de la semana pasada. Manzur, el único recordado con cariño en la carta sinceramente de la vicepresidenta y postulado para Jefe de Gabinete –lo que finalmente ocurrió un par de días después- aun remarcando esas diferencias políticas con ella incluso desde cuando lo convocó a ministro de Salud en reemplazo de Ocaña. Uñac, primero en aterrizar a ese escenario por llamado del Presidente, también como carta de recambio.

Fue finalmente Manzur quien saltó al cargo, en medio de una operación cruzada de creer o reventar con el vice Jaldo, archirrival interno y ahora sucesor en la provincia. Para comprenderlo mejor, es como si el vice en San Juan fuera un giojista o el propio diputado. Ocurrió en Tucumán, previo llamado del Presidente. Pegado con alfileres se queda corto, prueba de la valentía del mandatario tucumano al salir de su zona de confort.

Una proximidad política que lo llevó –junto a Uñac- a estar de turno con la farmacia abierta en pleno traslado de heridos. Para un hombre con pasado en La Matanza, en San Luis y un fuerte vínculo sanjuanino.

El tucumano es un asiduo visitante de San Juan, donde no sólo tiene a su familia política –los Mattar- sino también fuertes inversiones productivas. E inmobiliarias: es propietario de muchos edificios, departamentos y locales en pleno centro provincial. Incluida una estación de servicios.

Entre los familiares sanjuaninos por parte de la esposa del nuevo Jefe de Gabinete aparece un fiscal correccional. E incluso el médico que dirige la clínica a cargo de la atención del Pami en la provincia, nada menos. La misma clínica que justo un mes antes de las elecciones reclamó un aumento de la cápita del Pami y despidió a 18 enfermeros, con el consecuente detrimento en la atención de los jubilados a los que ahora pretenden beneficiar.

También una reconocida elaboradora de una afamada línea comercial de aceites y aceitunas, y extensiones de finca en Pocito y en Ullum dedicadas a los frutales. En una de ellas se registró un inoportuno incendio el año pasado que aún se recuerda. Fue en el Establecimiento Don Yaco, comprado recientemente por el colindante San Juan de los Olivos, ambos pertenecientes al mandatario tucumano, según las crónicas de entonces. Allí se prendieron fuego unos ciruelos y las llamas desbordaron la capacidad de contención de los bomberos de Ullum, que no tienen un buen recuerdo del episodio.

La cuestión es que fue Manzur quien dio el paso al frente, pese a sus dificultades en su propia línea sucesora. ¿Pudo haber sido Uñac? El sanjuanino se encargó de aclarar que no hubo ofrecimiento concreto de Alberto ni de nadie, pero la cuestión es que hay fotos y hechos políticos que no necesitan de ninguna traducción.

Si Sergio Uñac apareció el día después del flamígero posteo de CFK en el despacho presidencial a solas con el presidente, no era para tratar el asunto de cloacas en San Martín. Sino, claramente, para mostrar al presidente escoltado por lo que vendría a ser su única fortaleza política en ese mano a mano: los gobernadores.

Se habló mucho sobre lo que hubiera ocurrido en San Juan si la cosa se decantaba por Uñac en lugar de Manzur. Más allá de las preferencias del vecino Cleto (quien, para esmerilar a la Nación salió a decir que hubiera preferido al sanjuanino, sobre lo que francamente se permite desconfiar), pudo haber sido una alternativa.

Lo primero, es que no hubiera tenido los inconvenientes de sucesión de Manzur: acá, a la vice la ocupa un hombre del riñón y hasta del corazón de Uñac como Roberto Gattoni. Lo segundo, Uñac dispone en San Juan de mayores argumentos de gestión de cualquier gobernador: además de haber sido junto a Tucumán y otros 4 distritos los únicos del país donde ganó el FdT, es el único donde los sueldos le ganaron a la inflación, al menos en el sector público, latiguillo de moda en el gobierno. En ningún lugar apareció un aumento del 50% como en los estatales sanjuaninos.

Pero la vice habló taxativamente de Manzur en su carta y no hacía falta el trámite de averiguar si estaría conforme. Si hubiese sido Uñac o cualquier otro, la situación hubiera requerido minímamente una charla por teléfono con micrófono en alto.

Y otro tema: ¿se le puede decir que no a una convocatoria del Presidente? Mauricio Ibarra, dirigente muy cercano a Uñac, dijo esta semana en Paren las Rotativas que el sanjuanino “se sintió invitado” al gabinete, sin que mediara carta formal, lógico. Los hechos indican que el traspaso no ocurrió, por lo que se deduce una elegante salida. Se conocen los casos en los que la respuesta fue afirmativa, con resultados diversos. Carlos Ruckauf abandonó la gobernación de Bs As para acompañar como canciller a Duhalde en la emergencia del 2002. Los resultados no fueron demasiado alentadores: desapareció de allí en más.

Uñac o cualquier otro habrán sopesado en la balanza los beneficios y los perjuicios de una movida semejante. Hoy, con las inestabilidades cruzadas, la proximidad de otra cita electoral que puede eyectar nuevamente funcionarios, no parece a priori una buena idea dejar el territorio. Lo entendería hasta el propio Presidente si es que formalizara una invitación.

Ahora, Manzur, Uñac y el resto deberán dedicarse a la árida tarea de descifrar cuáles son los agujeros por donde se les escapó el voto, y salir a atraparlo. No está claro si ahora o para el 2023, cuando habrá muchas más cosas en juego.

Lo que sí aparece claro es que más allá de las causas, los votos extraviados se canalizaron a izquierda y derecha de ese pívot que suele ser el peronismo. En San Juan, la izquierda más roja –porque hay opciones ligh surtidas- nunca suele obtener más de 3 puntos porcentuales. En 2019, Alberto Agüero con el PTP obtuvo 4280 votos (el 1%) y Mary Garrido de Nueva Izquierda 3.769 (0,9%).

En 2017, para comparar con la última elección, Sergio Campos sacó 11.540 votos (el 2,7%). Y hace 15 días, las dos expresiones de izquierda local obtuvieron en conjunto 25.773 votos (el 7%) divididos en 13.720 de Cristian Jurado y 12.002 de Nicolás Méndez. Unos 18.000 votos que migraron en su favor desde algún lado, muy probablemente del peronismo progre que no se sintió atraído.

Lo mismo que ocurrió a nivel nacional. En Buenos Aires, Miriam Bregman 432.923 votos (5,2%), 30 mil votos más que el ultrapromocionado José Luis Espert, que se quedó con el 5,9%. Y en Capital Federal, Del Caño sacó más de 108.000 votos, la mitad de la estrella rutilante del comicio Javier Milei. Marcas inéditas para la izquierda, con la aparición estelar para el espacio del jujeño Alejandro Vilca –de pasado sanjuanino y formación en la UNSJ- quien quedó en 23% arañando su ingreso al Congreso, lo que sería el primero con procedencia ancestral de izquierda.

Del lado derecho también hubo fugas, que hasta afectaron más a Juntos por el Cambio que al propio oficialismo. A los citados casos de Espert y Milei se suman otros fenómenos relevantes como el sanjuanino Consenso Ischigualasto. Su principal candidato -Arancibia- no viene de la centro-derecha, sí muchos de los integrantes: macristas, bloquistas, cruzadistas, ADN, e incluso radicales.

Capturaron casi el 9% de las voluntades, cosa que no estaba en el radar si se tiene en cuenta el antecedente de sus partes por separado hace 2 años, teniendo en cuenta que son un nucleamiento nuevo. En 2019, Martín Turcumán sacó 16.400 votos (el 3,9%) y Nancy Avelín se llevó otros 8.936 (el 2,9%). Buenas marcas, cortas frente a los 33.585 de Arancibia. El diferencial puede ser atribuido a varios factores: el más firme, que se trata de un candidato menos doméstico y previsible que los anteriores.

Ante esos obstáculos deberá volantear ahora la nueva conducción política del oficialismo, ahora con Manzur a la cabeza. Noviembre está cerca, para el 2023 tiene más tiempo.

 

Comentarios