EDITORIAL

Menem, los 90, San Juan: el nacimiento de un molde indestructible

Con el fallecido ex presidente y Jorge Escobar de gobernador comenzó una tendencia siempre vigente: lo que ocurre en la Nación, repercutirá indefectiblemente en la provincia.
sábado, 20 de febrero de 2021 · 11:25

Relaciones carnales, lo mismo que Guido Di Tella se ufanó de dispensar hacia las potencias mundiales fue lo que aplicó la provincia en los 90 hacia la Nación. Y mal no le fue a nivel político, como se verá.

Jorge Escobar fue en 1991 la primera camada de producción propia en las provincias para un Menem que había llegado a la presidencia a caballo de una revolución menos efectiva en la producción como en lo cultural. Por unos meses, fue anterior a Palito Ortega o Lole Reutemann, dos pares en materia de “éxitosos” ajenos a la política que llegaban a “despolitizar” el ambiente. Y de movida, ese tándem Menem-Escobar aplicaría una receta novedosa hasta entonces y que perduraría aún hasta hoy: el valor de la relación política entre Nación y provincia, por encima de todas las cosas.

El sanjuanino fue parte fundacional de esa generación que ofrecía los primeros frutos de lo que sería una marca indeleble de un naciente neologismo con futuro, el menemismo: no sólo una procedencia diferente al timón del país y las provincias –empresarios o gente de éxito en reemplazo de “políticos”- sino toda una gama de estilo. Una subcultura.

En San Juan pagaría por ventanilla. Ayudado por la cercanía a La Rioja, Menem sintió un especial atractivo por San Juan mucho antes de llegar a ser presidente. En su campaña interna frente a Antonio Cafiero en 1988, en la que dio el batacazo contra todo el aparato, en San Juan padeció de una evidente orfandad de dirigentes peronistas que lo defendieran. Todos por acá estaban con el número puesto, el gobernador bonaerense, derrotado por riojano.

Llegó a presidente en el 89, coqueteó con el Bloquismo mientras espadeaba contra la híper, y no fue hasta dos años después que alumbró una camada propia, en la que el sanjuanino Escobar fue portador de bandera.

A partir de allí, ese tándem Menem-Escobar pondría los ladrillos de un murallón político hacia todo lo que no tuviera ese mismo color a lo largo de casi toda la década del 90, consagrando tanto al término menemismo como escobarismo. Hacia afuera y hacia adentro.

Entrevista exclusiva que brindó Menem a Diario de Cuyo el 6 de noviembre de 1994. Gobernaba Juan Carlos Rojas en San Juan y se  notaba tensión con él, como denota el título. Un mes y medio después, restituirían a Escobar.

Ni los partidos provinciales (que en ese momento eran muy fuertes, tanto Bloquismo como Cruzada Renovadora) podían empardarlos en las urnas, hasta que optaron por cortar por la vereda de la sombra el día que votaron senadores en la Legislatura provincial aprovechando que Escobar había viajado a Buenos Aires.

Ni la rebeldía de los peronistas díscolos, que se valieron de una denuncia del sindicalista de ATE Héctor Sánchez y el recordado periodista Chango Illanes para destituirlo y ubicar a Juan Carlos Rojas, quien nunca se llevó bien con Menem y pagó el precio: a los meses, una Corte Suprema dominada por el poder político de entonces restituyó a Escobar por haberle cercenado el derecho a defensa en el juicio político.

Para ese entonces, Escobar ya era diputado. Destituido y todo, los había barrido desde ese destierro y la fundación del Frente de la Esperanza, contra el PJ rojista, el uso de la traición como estilete de campaña y la generosa simpatía del presidente. Que le decía a Rojas a todo que sí, pero bajaba afecto y recursos a sus dirigentes de siempre.

Así de rotundo fue el ejercicio del poder en los 90 en San Juan. Inaugurando, claro, un renglón novedoso que hoy es toda una religión: la traducción de la simpatía política Nación-provincia en una indestructible relación win-win.

Hasta el regreso de la democracia, los presidentes elegidos por el voto alternaban con los impuestos por las botas, difícil encontrar una relación lineal de presidente y gobernador de un mismo palo salvo el último Perón con Eloy Camus. Alfonsín no tuvo oportunidad de un gobernador sanjuanino de su palo, aunque también tenía lubricado el canal con los bloquistas.

Pero no fue hasta la aparición de este eje Menem-Escobar en que se consagró la traducción de esa afinidad política en cuestión de vida o muerte para la economía provincial. Por consecuencia, cualquier cortocircuito en la relación quedará traducida desde ese momento en un futuro ruinoso. Como lo constató San Juan aquella vez que Avelín insultó en público a Cavallo (ministro de De la Rúa, afín políticamente a Avelín, pero no importaba, mandaba el ministro).

Contó el propio Escobar en Tiempo de San Juan en su recuerdo del ex presidente fallecido la bajada de recursos nacional que conseguía por medio de esa relación política afectiva. Tal vez se haya quedado corto. Escobar recuerda especialmente el flujo de ATN, un aporte del gobierno federal sin más criterio que la voluntad y distribuido por simpatía política. Ahora y siempre, los había y mucho, los sigue habiendo. Y San Juan tallaba siempre segundo en la fila –después de La Rioja- para recibir esas ayudas.

Entre los gestos políticos de la época rankean alto la extensión de la promoción industrial y el agregado para San Juan de una promoción agrícola y turística que motivó la reconversión de una buena parte de los viñedos en la provincia de uva común a varietales, la radicación de bodegas y de proyectos turísticos como el que se montó en la entonces Bahía de las Tablas, hoy Bahía a secas y que trajo inicialmente a inversores como los Eskenazi.

Una de las más de 10 visitas que realizó Carlos Menem a San Juan durante sus 10 años como presidente.

Que luego obtuvieron la privatización de un banco provincial fundido y estropeado por los créditos sin fondo a políticos y amigos (hoy mismo hay un residual por una deuda incobrable de unos 200 millones de pesos/dólares).

O el puntapié inicial para los diques Caracoles y Punta Negra, en su inicio una obra conjunta que luego naufragó con la caída de la Convertibilidad y la fuga en carrera de constructores y concesionarios, pero que tuvo en esa época el aporte federal de 200 millones de pesos/dólares a un fondo fiduciario.

No se acostumbraba hasta entonces a una relación tan fuerte con la Nación, hoy resulta esencial. La inflexión ocurrió en ese potente ejercicio de poder de los 90 que concluyó abruptamente cuando el plan que había servido para contener la inflación se convirtió en un corset inaguantable.

Ni eso doblegó la buena estrella que Menem siempre tuvo en San Juan. En su última función política, las elecciones del 2003 que terminó ganando en primera vuelta con el 24% y luego saltó al Guiness por no presentarse a la segunda habiendo salido primero, en San Juan obtuvo más del 30%. Lo seguían sosteniendo una parte importante del PJ, otra del bloquismo (Enrique Conti, separado de Polito Bravo, que apoyaba a Kirchner) y mucha gente de a pie que lo seguía defendiendo en firme.

A propósito de esa influencia de lo que ocurre en la política nacional para orientar los pasos locales, ¿qué hubiera pasado si ese día ganaba Menem y no Kirchner, como ocurrió? Muy probablemente la historia resultaría distinta y la respuesta sea que tampoco hubiese ganado José Luis Gioja, sino alguno de los candidatos que respaldaban a Menem (como Basualdo o Wbaldino).

Fue desde ese momento condición irrenunciable interpretar la tendencia nacional para operar la plaza sanjuanina. Una influencia omnipresente, apenas interrumpida en el primer triunfo de Sergio Uñac en el mismo momento que ganó Macri. La excepción que confirma la regla.

 

 

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