Entre enero y mayo de 2025 ingresaron al país más de 614 mil litros de vino, en su mayoría chilenos. Aunque la cifra de importaciones es menor a la del año pasado, referentes de la vitivinicultura de San Juan expresan su preocupación por el impacto en los precios, la rentabilidad del sector y la falta de condiciones equitativas para competir.
En efecto, el primer semestre del año marca un nuevo capítulo en la compleja situación del sector vitivinícola. Según datos del Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV), entre enero y mayo de 2025 se importaron al país 614.330 litros de vino, una cifra que representa una fuerte caída respecto a los 3.896.556 litros del mismo período del año anterior.
Aun así, el dato no pasó desapercibido entre los referentes de la vitivinicultura sanjuanina, que advierten sobre el daño que puede causar esta política de apertura comercial en medio de una de las peores crisis del sector.
Vino importado
La mayoría del vino importado corresponde a varietales embotellados provenientes de Chile, que aportó 38.553 litros sobre un total de 39.898 de litros ingresados. Estados Unidos completa la lista con volúmenes marginales.
Un año difícil
Esta tendencia se da en un contexto muy adverso para la producción vitivinícola nacional, y particularmente la sanjuanina: enfermedades como la peronóspora, el granizo y olas de calor intensas han afectado los viñedos, y pese a una menor cosecha; tanto el precio de la uva como del vino se encuentran por el piso. Además, hace pocos días el INV emitió una resolución con mayores flexibilizaciones para la importación.
Consultados por Tiempo de San Juan, los referentes de las principales cámaras vitivinícolas coincidieron en señalar que la importación, aunque hoy en menor escala, agrava el panorama y pone un techo a los precios futuros.
En definitiva, mientras el Gobierno nacional flexibiliza las condiciones para importar, el sector productivo pide reglas claras y sostenibles. Reclaman una política que priorice a las economías regionales y no ahogue a la producción en nombre de una apertura que, aseguran, no contempla las desigualdades estructurales.
Las opiniones
Pablo Martín, presidente de la Mesa Vitícola de San Juan, expresó que “no se puede ser negacionistas con la importación, porque todos queremos comprar más barato”. Sin embargo, criticó la asimetría impositiva: “Se bajaron rápido los impuestos para importar, pero el costo argentino sigue siendo muy alto. Hubiera sido mejor una medida equilibrada para no perjudicar a los productores locales”. “Lo que necesitamos es una economía estable y previsible, que permita planificar y mejorar la productividad”, resumió.
Juan José Ramos, de la Asociación de Viñateros Independientes, fue más tajante: “La importación no es un problema menor. Se eliminó la licencia no automática, se permite el ingreso solo con declaración jurada y, en Chile, se admite hasta un 10% de agua en el vino. Esto pone un techo a los precios de la cosecha futura, y sumado a la forma de pago actual, la situación es muy preocupante”.
José “Catuco” Molina, presidente dela Cámara de Productores Vitícolas, enfatizó que el daño no está solo en los litros que ingresan, sino en el efecto estratégico: “Las grandes empresas usan la importación como herramienta de presión y nos quitan poder de negociación a los viñateros”.
Desde la Cámara de Bodegueros, Mauricio Colomé también expresó reparos. “Es una pena que se importe habiendo tanto vino en el mercado. Pero son las reglas del juego”, sostuvo, en un tono algo más resignado.
Alfredo Olivera, presidente de la Federación de Viñateros; se refirió al volumen importado este año: "es una partida pequeña, pero va abriendo el problema", aseguró. Agregó que en el sector cayó mal la última flexibilización del INV a la importación de vinos, en momentos donde el sector atraviesa una crisis y se agudiza la caida en los precios de la uva y el vino.