Con el derrumbe de la demanda en hoteles, restaurantes y cafés de San Juan, y la llegada de boletas de luz astronómicas además de otros costos, ya se observan en la provincia notificaciones de reducción horaria y, en el peor de los casos, de despidos.
Es que ya pasó la temporada de verano, Semana Santa, algunos eventos que convocaron mucha gente y feriados largos y ahora hay un bajón en la actividad que ha generado gran preocupación: los empresarios consultados dijeron que la situación es peor que la de la pandemia, porque entonces estaban cerrados y tenían menos costos, además de que los servicios eran más baratos.
“Estamos intentando salir adelante, captando turismo corporativo, más que nada. Pero la realidad es que el sector hotelero está sumamente complicado”, dijo Tamara Boggian, desde el Hotel Alcázar. La actual presidenta de la Asociación Hotelero Gastronómica de San Juan brindó algunos números reveladores: los costos de la energía aumentaron más del 400% en lo que va del año, los sueldos el 180% y los seguros el 180%.
“En un año el sector ha podido trasladar solo el 70% a la tarifa, y entre el aumento tan grande de costos y la disminución de la demanda, se está haciendo complicado sostener estructuras”, dijo. Hay un dato que habla por sí solo: desde diciembre la hotelería sanjuanina está trabajando un 20/25% de promedio mensual de demanda, cuando el punto de equilibrio de los hoteles está en el 45%, explicó Boggian.
Rubén Dallazuana, desde Viñas del Sol, dijo que ese hotel hizo una inversión hace unos años que ahora agradece: colocó paneles solares y con eso logró abaratar el costo energético. En su caso, la boleta de luz pasó $400 mil en enero, $800 en marzo y este mes, $2 millones. Pero la mayoría de los hoteles no corren con esa ventaja. “Hoy los hoteles medios reciben una boleta de entre $ 7 y $10 millones mensuales”, dijo y agregó que con el nivel de ocupación actual claramente no da para pagar los costos.
“Hoy se está empezando a analizar el despido de personal de menor antigüedad. No se puede bancar porque si no, vamos a terminar perdiendo todo y cerrando”. Indicó el empresario. Los hoteles son los que están en peor situación que los Apart, dado que estos últimos, llegado el caso, pueden alquilar por mes a alguna persona.
“Lo estamos anunciado, si esto no se revierte, y nos quedamos sin hoteles, va a ser un golpe grande para la economía provincial, con consecuencias en otras actividades”, dijo Dallazuana. Opinó que sin turismo de eventos, la única esperanza está puesta en un despertar de la minería. “Y si cierran los hoteles, los visitantes se alojarán en Mendoza y vendrán por unas horas a San Juan. A eso se suma que casi no hay vuelos: Esta provincia cuenta con 1 o 2 vuelos diarios, contra 14 de la provincia vecina”, planteó.
Cafés y restaurantes, en crisis
Analía Tello, de Café y Restó Clapton, dijo que en el último mes vendió 30% menos, y en cantidad de producto, 50% menos respecto a abril de 2023. “En enero el local vendía 20 kilos de café por semana y ahora que es temporada alta, estamos vendiendo 15 kilos semanales”, indicó. Además, antes el 40% de sus clientes eran jubilados y ahora solo representan el 8% de su facturación.
Tello dijo que los costos los están asfixiando. La boleta de luz pasó de $135.000 en marzo a $472.000 este mes “y el café chiquito no se puede subir a $3.500”, describió. En su local tiene 18 empleados registrados, y le está costando mantenerlos. Sueldos, aguinaldos, vacaciones y fuertes costos gremiales, sin rentabilidad, es un combo fatal. Además, el alquiler le sube cada tres meses. “No pienso en cierre aun, pero si en reducir la planta de trabajadores porque no hay venta”, aseguró.
Los dueños de restaurantes están desesperados porque la gente casi ya no sale a comer afuera. Mariano Carmona, desde su local La Madeleine planteó un escenario sombrío por la demanda cada vez más baja. “Es complejo, y se sumó ahora el aumento de la luz y ahora viene el del gas”, dijo el vicepresidente de la Asociación. Detalló que mientas un local de café está recibiendo facturas eléctricas de $500 mil, un restaurante más grande supera el millón. “Es insólito que hay casos donde la luz supera al alquiler”, aseguró.
“¿Reducción de personal?, creo que son medidas que ya se van dando tanto en gastronomía como en hotelería. Y se ha frenado también la contratación, no hay generación de nuevos trabajos. Y sí, reducción horaria. Son cuestiones que el sector toma para mantenerse, para no cerrar”, explicó.
Carmona analizó también que un restaurante como empresa de servicios, no puede cerrar 15 días a ver qué pasa con los precios, porque tiene alimentos perecederos y una masa salarial muy elevada. “Está claro que, si no logramos una reactivación de la demanda y una mejora de los márgenes, el futuro es sombrío", opinó.
Rubén Miadosqui, otro empresario gastronómico local, dijo que por la caída de la demanda "hay mucho cierre de negocios, de llave de locales". Agregó que "la gente ya no está saliendo a cenar y estamos planteando promociones para compartir para evitar que se nos termine de caer el negocio”, comentó.
Al igual que el resto, se quejó por el costo eléctrico. Su local en Ignacio de la Roza pasó de pagar $170 mil a $600 mil de luz. Y en el otro negocio ubicado en la terminal, la boleta pasó de $250 mil a casi $900 mil este mes. “Hay muchos locales que no van a poder pagar eso. Tampoco se puede trasladar al precio del producto, si la gente ya no sale”, lamentó.
Estrategias para sobrevivir
Los empresas hoteleras y gastronómicas están agudizando el ingenio para achicar la estructura de costos. Las primeras marcas como Coca cola o Quilmes dejaron de comprarse y han sido reemplazadas por otras más económicas, mientras que los antiguos distribuidores ahora se cambiaron por compras en locales mayoristas, y cuando hay ofertas. En los hoteles, se resignó calidad y el jabón y el champú ahora es el más barato que hay en el mercado.
Tambien hay mayor cuidado en el gasto de luz, y los equipos de aire no se encienden con la frecuencia de antes. “Hacemos lo posible para achicar los costos, y no tocar los precios, que inevitablemente hay que tocarlos”, dijo Carmona.
El hotelero Dallazuana contó que se requiere un empleado por habitación, y hoy se ha reducido a uno cada dos habitaciones.