reinventarse y ayudar

Fabricar barbijos, un salvavidas para las empresas y una necesidad para el público

Con la inminente obligatoriedad de uso, la fabricación local de cubrebocas será clave. Algunas empresas empezaron hace semanas, otros están reacondicionándose, pero todos coinciden en que, en tiempos de cuarentena, les sirve para sobrevivir económicamente.
miércoles, 15 de abril de 2020 · 11:46

En plena cuarentena un puñado de empresas y micro emprendedores sanjuaninos encontraron la manera de seguir trabajando y ayudar tanto al sector sanitario como a la población en general. Se trata de aquellos que, a pesar de no estar en el rubro, empezaron a fabricar barbijos y cubrebocas. Algunos venían hace un tiempo, otros se suman tras la inminente obligatoriedad de uso que dictaría el gobierno provincial. 

Todos tienen en común que trabajaban en otro rubro, que la cuarentena obligatoria les significó una paralización muy peligrosa para sus negocios y que en medio de este lío encontraron una salida. Desde las industrias más grandes a una emprendedora, pasando por una pyme, no importa el tamaño, sino la capacidad de adaptarse. Tres historias sanjuaninas de 

Carpas Argentinas, un gigante que podía trabajar, pero decidió sumar

En la fábrica, una de las más grandes de la provincia, fabrican y usan los elementos de seguridad. 

Micaela Taboada, una de las socias y gerentas de Carpas Argentinas, aseguró que la empresa puso a la mitad de su personal a hacer insumos para salud, aunque podría haber seguido con su producción normal. Esta decisión significó fabricar entre 10.000 y 15.000 barbijos semanales, además de bolsas mortuorias, mamelucos, cubrecolchones y otros productos.

El cambio de rubro de la empresa empezó en un momento de apuro, contó Taboada. "La primer semana de cuarentena cerramos y fue ahí cuando empezamos a buscar y desarrollar un línea de insumos médicos que estuviéramos capacitados para hacer. Cuando eso estaba en marcha supimos que podíamos seguir trabajando en la línea de productos para la minería, pero decidimos seguir avanzando con los productos para Salud", relató Taboada. 

Ahora Carpas Argentinas tiene a la mitad de su personal, unos 10 operarios, trabajando para el personal sanitario. "Buscamos asesoramiento para saber cuáles eran los requisitos, capacitamos a nuestro personal, acostumbrado a trabajar con PVC, para que puedan realizar estos productos, adaptamos parte de la maquinaria y compramos más. Con nuestra línea normal habilitada para trabajar, seguimos con esto no por el negocio, sino porque hace falta, estamos vendiendo muy cerca del valor de costo, porque no es el momento de pensar en ganar plata", relató la empresaria sanjuanina. 

Así como esta empresa, hay cerca de una docena de industrias sanjuaninas que cambiaron sus líneas de producción para poder realizar insumos para salud. Incluso, hay proyectos de la Unión Industrial Argentina y de la Unión Industrial de San Juan que ayudan a hacer estos cambios, la mayoría del rubro textil. 

Juno, un ejército de mujeres produciendo

Uno de los barbijos que fabrica Juno,

A una escala menor, pero también empezando temprano, la pyme textil Juno también se sumó a la fabricación de barbijos. Este emprendimiento se vio profundamente afectado por la cuarentena, ya que su principal producción es de bolsas de tela personalizadas para eventos y cuando se anunció la suspensión de toda reunión social quedaron con deudas y la producción paralizada. 

Rosario Ahumada, la creadora de esta empresa, contó que debido a esto unas 20 mujeres que trabajan desde sus hogares, la mayoría amas de casa, vieron como sus ingresos se paralizaron y Juno en general estaba al borde de la quiebra. "Estuvimos 15 días sin vender nada, teníamos para cobrar y pagar, pero todo se frenó, no sabíamos qué iba a pasar", contó la joven emprendedora y agregó que "se nos ocurrió hacer barbijos antes de que anunciaran que iban a ser obligatorios, porque había una necesidad y porque fue el camino para reactivar. Ahora nos está yendo bien, empresas con las que habíamos trabajado vinieron a pedirnos y estamos produciendo, entre todas, unos 10.000 por semana. Tenemos hasta encargos por terminar". 

Lo que en un principio fue una forma de sobrevivir, ahora se ha convertido en la principal actividad de esta empresa, conformada por mujeres que tienen una máquina en sus casas y querían tener un ingreso extra, ya sea porque no llegaban a fin de mes o porque querían tener sus propios fondos sin necesidad de salir a buscar un trabajo. 

"Organizamos una logística especial, para que ninguna de las chicas tenga que salir de su casa, tramité un pedido y me encargo de buscar los barbijos ya hechos y después entregarlos", contó Rosario. Además han buscado que la calidad sea la mejor posible, utilizan friselina y, si bien deben usarse y descartarse, han comprobado que hasta pueden lavarlos porque las costuras aguantan bastante. 

"No vamos a cambiar de rubro, seguimos siendo un servicio para eventos, pero mientras tanto esto nos permite mantener la empresa y hace que cada una de las mujeres siga teniendo su ingreso". 

De agendas a barbijos de diseño, un salto unipersonal  

Con terminados en algodón, Belén apuesta por cubrebocas con estilo. 

Belén Zagarra se las rebusca en cada escenario desde hace años. Esta emprendedora, profesora de japonés, diseñadora, publicista y otros rubros más, encontró la oportunidad de reflotar su micro negocio de fabricación de agendas cosidas a mano y de diseños únicos, cambiándolo por la realización de cubrebocas, también con mucha onda.  

Fue de las últimas en sumarse y el puntapié inicial fue la necesidad de realizar un cubrebocas para ella y otro para su pareja, que viven juntos y tienen enfermedades de base que hacen que exponerse al virus del coronavirus sea más complicado. Por eso entre el domingo y el lunes se puso a buscar opciones de este elemento de seguridad que sean cómodas, funcionales y le sirviera a ambos. 

"Primero probé con un tutorial del Ministerio de Salud de la Nación, pero el resultado no me pareció cómodo, se movía y caía. Entonces me acordé de que en Japón usan una versión que cubre buena parte de la cara y son más estéticos. Para ellos no tiene que ver con el coronavirus, sino que lo usan desde hace años siempre, investigué y me gustó un modelo, saqué los moldes, me puse a coser y a armar y en una hora lo tuve", relató la emprendedora. 

A través de tutoriales, sus conocimientos en costura y algunos diseños de Indonesia y China, Belén logró un cubrebocas que finalmente la dejó contenta. "Tiene doble tela de friselina, está cubierto por otra de algodón para darle mejor terminación e incluye un bolsillo en el que se puede poner una servilleta de papel para sumar otra carpa de protección que además es descartable", relató. 

Apenas publicó su modelo, empezó a recibir pedidos y por eso decidió utilizar los materiales que tenía para sus cuadernos y usarlo en la fabricación de más tapabocas. "Por el momento tengo para hacer unos 30. Una de las ideas que tuve fue vender de a pares, para que el que los use pueda lavar uno mientras usa el otro. No definimos un precio, pero la idea no es ganar dinero, sino poder ayudar a más personas a estar protegidas, además de que puede aprovechar todo lo que tengo invertido en el emprendimiento", contó. 

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