Sentados frente a frente en la misma mesa, el empresario Héctor Méndez, y Axel Kicillof, ministro de Economía de la Nación, enfrentados también en sus lineamientos políticos y económicos desde hace años, pero dispuestos a dejar estas diferencias de lado para que no cierre una industria que dejaría a 470 sanjuaninos en la calle. Ese día, la Nación terminó beneficiando a Méndez en la compra de Delphi, la autopartista sanjuanina. Esto a pesar de que el otro empresario interesado en quedarse con la fábrica, Enrique Ruffo, era, según dicen, muy cercano al ex funcionario K, Guillermo Moreno.
Méndez, presidente de la Unión Industrial Argentina (UIA), en los dos últimos años fue un crítico acérrimo del Gobierno Nacional, de sus políticas y sus funcionarios. Pero esto no jugó en su contra al momento de quedarse con Delphi, la fábrica de mazos de cables que estuvo a punto de cerrar.
En una negociación a puertas cerradas, de la que no trascendieron detalles, "y es posible que nunca los conozcamos” según fuentes gubernamentales, Méndez acordó con Delphi Packard Argentina (DPA) la transferencia del paquete accionario a su empresa, Grupo Méndez, tal como se lo nombra en la última conciliación obligatoria realizada en la provincia.
El hombre fuerte de la UIA contó con el apoyo total de Cristiano Rattazzi, presidente de Fiat Argentina y miembro del directorio de la UIA, para ganar esta pulseada. Y demostró que en la política y en la economía "nadie es tan enemigo como parece”.
De hecho, este empresario que por tercera vez lidera la UIA, dio pruebas de ser un hábil jugador y logró jaquear en esta partida a Enrique Ruffo, quien estuvo muy cerca de la compra y hasta tuvo una reunión con los empleados de Delphi en San Juan.
Pero el negocio no lo cerró un ‘amigo’, sino un empresario lapidario de la política K. De boca de Méndez salieron frases como: "Axel (Kicillof) no escucha, solo habla él y cuando termina pretende que digamos amén"; "las economías regionales no pueden exportar ni un caramelo con este tipo de cambio"; "yo siempre he sido un sostenedor de que (a Kicillof) le quedaba grande el cargo". También se lo escuchó decir, siempre por los medios de la oposición: "no van a venir inversiones porque las expectativas no son buenas. El dólar a 8 pesos no sirve, los costos están muy altos, no se pueden girar utilidades al exterior, hay muchas trabas, ¿quién va a querer invertir en estas condiciones?".
El último enfrentamiento con el Gobierno tuvo una dura réplica de la presidenta Cristina Fernández por cadena nacional, a las críticas de Méndez, Rattazzi y los popes de Techint al acuerdo con China; de hecho, Luis Betnaza, de Techint, es vicepresidente primero en la UIA. La Mandataria disparó: "Hay empresarios que dijeron que están preocupados porque ingresen trabajadores chinos baratos ¿Desde cuándo están preocupados, si piden devaluación para bajar los costos salariales?". Cristina fue más allá y deslizó que el Eximbank de China debía revisar el otorgamiento del crédito de US$ 400 millones para una central energética (¿Tambolar?) que construirá Techint, según ella dijo.
Pero al momento de salvar la fábrica sanjuanina la prioridad fue resguardar los casi 500 puestos de trabajo, mano de obra calificada, dejando de lado los enfrentamientos verbales con los funcionarios nacionales. Una alta fuente de Gobierno dijo que en la negociación por el paquete accionario de Delphi "Méndez fue más inteligente. Tiene una visión de política comercial de la empresa, seguramente se movió mejor y tiene más contactos que Ruffo a la hora de conseguir apoyo. El enfrentamiento se dejó de lado y se privilegió el hecho de preservar las fuentes de trabajo y que la fábrica siga trabajando”.
El apriete nacional
Antes de que la venta se concretara, y cuando sonaba fuerte la versión de que la empresa quería cerrar las puertas en San Juan para concentrar la fabricación de mazos para automóviles en Brasil, el ministro de Producción y Desarrollo Económico, Marcelo Alós, había dicho que "la Nación hará todo lo que tenga que hacer para obligarlos a vender”.
En esa línea, otra fuente de Gobierno, que pidió reserva, contó que Delphi había sugerido cerrar y continuar así con la negociación de venta, pero el ‘No’ fue rotundo desde el gobierno Nacional y Provincial. "Si se aceptaban esos términos era muy probable que nunca más se abriera la fábrica. Lo que la Nación hizo es apretar por todos lados, porque la decisión de la empresa era que en Latinoamérica sólo se fabricaran mazos de cables en Brasil, y no les salió la jugada porque el Gobierno pudo ver eso, adelantarse y empezar a moverse para que vendieran”, dijo la fuente.
El apriete terminó dejando en manos de Méndez a una de las principales industrias de la provincia.
¿Quién es Héctor Méndez?
Es porteño y tiene 75 años. Está casado con Carmen, es padre de 4 hijos y preside la UIA por tercera vez. Vivió en Italia a fines de los ‘60 y alguna vez dijo que su peor momento fue cuando José Alfredo Martínez de Hoz estaba al frente del Ministerio de Economía, "me fundió”.
Fue tildado de liberal y menemista, aunque él lo negó y en el 2005 dijo que estaba convencido de que el gobierno de Néstor Kirchner "tiene una gran vocación industrial”.
Estudió abogacía, pero nunca ejerció. "Siempre fui y pensé como industrial”, aseguró. Es hincha de River, pero su verdadera pasión son los autos de carrera, y desde los ’80 es socio del Club de Automóviles Sport (CAS).
Es el presidente de la fábrica de bins y contenedores plásticos CONARSA, con planta en San Luis. "Somos la empresa líder en inyección de productos plásticos de gran volumen en Argentina. Tenemos una amplia red comercial que cubre tanto nuestro país como países limítrofes”, dicen en la página web.