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Reforma de la Carta Orgánica del Banco Central: ¿de qué se trata?

Uno de los puntos salientes del discurso de ayer de la presidenta de la Nación fue el anuncio de envío al parlamento de un proyecto para reformar la Carta Orgánica del Banco Central. A través de los análisis de dos especialistas tratamos de entender más sobre el tema.
viernes, 02 de marzo de 2012 · 11:20

La enseña que Cavallo nos legó

Junto a la reforma de la Carta Orgánica del Banco Central, el proyecto presentado al Congreso elimina el artículo que establece la intangibilidad de las reservas para respaldar la base monetaria. Recupera poder para el Estado.


Por Raúl Dellatorre

La ley de convertibilidad fue uno de los pilares del programa de privatizaciones y desmantelamiento del aparato del Estado y la estructura productiva nacional de los ’90. El proyecto de ley que el Ejecutivo ingresó ayer al Congreso impulsa la eliminación de “los resabios” de aquel instrumento, cuyos alcances iban mucho más allá del mero anclaje de la paridad cambiaria “uno a uno” con el dólar. Junto a una nueva Carta Orgánica para el Banco Central, fueron los mecanismos con los que Domingo Cavallo, ministro de Economía de Carlos Menem a partir de ese año 1991, le impuso al país la renuncia a la soberanía monetaria y cambiaria, junto a la renuncia a una política financiera basada en decisiones nacionales.

Restringidas las posibilidades de emisión de dinero y de modificación de la paridad cambiaria, Argentina quedó expuesta en los ’90 a una única vía de financiación: el sector externo. Así, el endeudamiento en dólares pasaría a ser el mecanismo de resolución de las necesidades inmediatas, pero la soga atada al cuello para las décadas siguientes.

La crisis del 2001 fue consecuencia directa de este corset múltiple. La economía argentina estalló por el lado del endeudamiento, cayendo en cesación de pagos –ya antes de que fuera declarado formalmente el default, en diciembre–. La quiebra económica y social, por caída de la producción, cierre de fábricas, desempleo y marginalidad, fue la otra cara de una realidad que hasta el último minuto se intentó ocultar. Pero fue la quiebra de la confianza en el sistema financiero, cuando los bancos informaron que no devolverían los depósitos, lo que corrió el velo que ocultaba las consecuencias de la convertibilidad.

Varios artículos de la ley 23.928, sancionada el 27 de marzo de 1991 y promulgada el mismo día, ya habían sido derogados a comienzos de 2002, cuando el gobierno provisional de Eduardo Duhalde devaluó. Pero otros siguen vigentes hasta hoy. El proyecto que ayer ingresó al Congreso establece la derogación de los artículos 4 y 5, los que establecían que las reservas del Banco Central en oro y divisas estaban afectadas a respaldar el 100 por ciento de la base monetaria (dinero circulante más depósitos a la vista) y definían expresamente qué se entiende por “reservas de libre disponibilidad”.

Este tipo de restricciones, en la relación entre base monetaria y reservas, sostiene el nuevo proyecto en sus fundamentos, “demostró su ineficacia ante la crisis de 2001 y dejó de utilizarse en el mundo luego del abandono hace años del patrón oro”. La concepción que defiende la propuesta es que los recursos como las reservas internacionales, deberían estar más vinculadas con objetivos macroeconómicos mediante la expansión del crédito y del dinero, antes que a la exclusiva preservación de la estabilidad monetaria. En ese camino transita también la modificación propuesta de la Carta Orgánica del Banco Central (ver nota en esta misma página).

En los considerandos que acompañan el proyecto de modificación de la ley 23.928 y de la Carta Orgánica se señala que quedará “en cabeza del Directorio del Banco Central la determinación del nivel de reservas necesario para llevar adelante la política cambiaria, sujeto a la evolución de las cuentas externas, quedando el resto de ellas como reservas de libre disponibilidad”.

En cuanto a la modificación del artículo 6 de la ley de convertibilidad, el nuevo texto incorpora un párrafo que señala que “siempre que resulte de efecto monetario neutro, las reservas de libre disponibilidad podrán aplicarse al pago de obligaciones contraídas con organismos financieros internacionales o de deuda externa oficial bilateral”.

La reforma de dos normas financieras fundamentales en el anterior proceso no significa sólo el cierre de una etapa, sino principalmente dotar al Estado de una herramienta central para promover el desarrollo. Quitarle poder al Estado es dárselo a otros: fue, justamente, el objetivo de las reformas de 1991.

 


 

Con la banca y el desarrollo en la misma ruta

El propósito explícito del proyecto de ley del Ejecutivo es involucrar al Banco Central en el objetivo del desarrollo económico con equidad social, mediante una fuerte regulación sobre el sistema para orientar el crédito a la inversión.


Por Tomás Lukin

El Banco Central ampliará su mandato para perseguir múltiples objetivos. La estabilidad de precios, meta única y exclusiva instalada en 1992, pasará a estar acompañada por “el desarrollo económico con equidad social y la estabilidad financiera”. La presidenta Cristina Fernández de Kirchner envió al Congreso un proyecto de ley que modifica la Carta Orgánica de la autoridad monetaria, y elimina resabios y limitaciones impuestos sobre el organismo durante la convertibilidad. La iniciativa faculta a la entidad que preside Mercedes Marcó del Pont a orientar el crédito para promover los préstamos a largo plazo para la inversión productiva en distintos sectores de la economía. Las nuevas atribuciones le permitirán al BCRA regular plazos, tasas de interés, comisiones y cargos. El proyecto elimina la obligación de mantener una relación entre la base monetaria –el dinero circulante y los depósitos– y la cantidad de reservas internacionales consagrada por la Ley de Convertibilidad.

El Banco Central deberá determinar nuevos parámetros para definir un nivel de “reservas óptimas” que garantice el normal funcionamiento del mercado cambiario. Según figura en la iniciativa que ingresó ayer a la Cámara de Diputados, cuando el stock de divisas supere ese nivel las reservas podrán ser aplicadas al pago de vencimientos de la deuda externa. Los cambios contemplan la ampliación de las actividades reguladas por el BCRA para incorporar algunos sectores que hoy funcionan con nulas o escasas reglas de juego, como las empresas remesadoras de fondos, las transportadoras de caudales y los sistemas de pagos de servicios (ver aparte).

“Siento que estamos transformando el país de hecho, pero que no estamos plasmando en un marco normativo las transformaciones que efectuamos. Creo que hay que ponerle definitivamente un fin a la convertibilidad. Para eso necesitamos un BCRA que no esté reducido únicamente a preservar la estabilidad monetaria sino que esté en función de la economía real, el crédito y el empleo”, expuso ayer CFK.

Los cambios en los objetivos del Banco Central recuperan mandatos existentes en el organismo desde su creación y bajo gobierno de distinto signo político como el pleno empleo, el crecimiento económico y el desarrollo. Las reformas de los años ’90 que implicaron la pérdida de la soberanía monetaria y cambiaria rompieron con esa tradición e impusieron la preservación del valor de la moneda como misión única y exclusiva. “La actual Carta Orgánica del Banco Central está disociada de este modelo productivo. La nueva normativa deja en letra escrita lo que se viene haciendo en los últimos años. La autoridad monetaria pasará a tener como objetivo la estabilidad monetaria, la estabilidad financiera y el desarrollo económico con equidad social. Este último punto contempla la creación de empleo, el crecimiento económico, la distribución del ingreso, el tipo de cambio acorde con el modelo y también la cuestión medioambiental”, explicó Mercedes Marcó del Pont a Página/12.

Las nuevas metas son similares a las perseguidas por los bancos centrales de países como Estados Unidos, Brasil y Vietnam. Además, a partir del estallido de la crisis financiera internacional, un extenso grupo de países –Uruguay, México, Rusia, Alemania, India, Inglaterra y el Banco Central Europeo, entre otros– impulsaron reformas en la Carta Orgánica de sus bancos centrales entre 2008 y 2010. La misma Marcó del Pont presentó cuando era diputada un proyecto de ley de reforma que no prosperó; en ese momento no sólo se oponía el sistema financiero sino también el desplazado ex presidente del BCRA, Martín Redrado.

Más crédito
Las modificaciones permiten que la autoridad monetaria recupere un rol activo en la promoción del crédito productivo de largo plazo. Para eso, el BCRA podrá regular las condiciones de los préstamos: extender plazos, fijar techos para las tasas de interés, limitar los montos de las comisiones y direccionar las líneas hacia distintos sectores de la actividad, entre otras nuevas funciones.

“Los cambios en la legislación nos dan las facultades para recuperar el crédito. Pero no hay fórmulas mágicas sino que se trata de un proceso necesario para el desarrollo que va a avanzar lentamente”, explicó Marcó del Pont. Hasta hoy, las herramientas del organismo para promover el crédito y regular al sector financiero eran muy limitadas. Si bien se evidenciaron mejoras en los últimos años, el crédito representa solamente el 14 por ciento del PIB, un nivel bajo en términos históricos y regionales.

Durante la convertibilidad, las reservas debían respaldar la totalidad de la base monetaria. La preservación de una relación directa entre esas variables tenía sentido únicamente en la lógica del 1 a 1, pero no lo tiene en un régimen de tipo de cambio flexible y administrado. Por eso, el proyecto elimina esa relación y establece que el BCRA deberá determinar los nuevos parámetros que definirán la política de acumulación de reservas y la expansión del dinero y el crédito. Con las reglas de la convertibilidad, actualmente las reservas de libre disponibilidad no alcanzan para destinar una porción al pago de los 6800 millones de dólares de vencimientos durante 2012.

No existe, ni práctica y ni teóricamente, un mecanismo único para determinar el “nivel óptimo” de reservas: existen parámetros que lo vinculan con las importaciones, los vencimientos de deuda externa de corto plazo, una porción de la oferta monetaria o la combinación de varios factores. Las autoridades del BCRA definirán un mecanismo que tendrá como base las cuentas externas, tanto en el frente comercial como en el financiero. Cuando el stock de reservas supere ese nivel, esas divisas podrán ser utilizadas para el pago de vencimientos de la deuda externa a través del Fondo del Desendeudamiento.

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