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Especial motos

Siete segundos de pura adrenalina: el fenómeno "picadas" en San Juan

Unos 120 pilotos en acción, un público efervescente, la mendocina a la que nadie quería enfrentar y las motos artesanales que se robaron todas las miradas. El detrás de las primeras picadas legales de motos en San Juan.

8 de mayo de 2022 - 13:27

Tres, dos, uno y el semáforo rojo pasaba a verde. Mientras el público agitaba desde las gradas, los pilotos se sumergían en un mundo de puro disfrute que apenas duraba siete segundos, o un poquito más. Ya no había tiempo para especulaciones ni mucho menos para echarle mano a las máquinas, solo quedaba acelerar de forma brusca y transitar esa temida recta de 201 metros en el menor tiempo posible. Alrededor de los protagonistas, comisarios, cronometradores y auxiliares que daban indicaciones y fiscalizaban cada una de las carreras. Así fue la primera edición de las picadas de motos en El Villicum, un fenómeno que nació y creció en la clandestinidad y ahora se vive de manera legal en San Juan. En esta nota, toda la intimidad.

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La actividad arrancó temprano. La Ruta 40 se transformó en una pasarela de fanáticos ávidos de adrenalina. El escenario de esta competencia fue el kartódromo El Villicum, muy pegadito a la enorme pista donde una vez al año corren los grandes pilotos del Superbike Mundial. Como cualquier otra competencia fierrera, las picadas de motos tuvo su zona de revisación técnica, parque cerrado y zona de boxes. Claro, sin tantos "chiches": motos que se armaban y refaccionaban bajo el tímido sol sanjuanino, amigos y familiares que se convertían en mecánicos a último momento y algún que otro competidor con mameluco y pilcha característica de todo deporte motor; el resto, de jean, zapatillas comunes y camperita deportiva.

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Para poder participar de las picadas había que tener licencia de conducir, ser mayor de 18 años y contar, obligatoriamente, con un casco personal (estaba prohibido compartirlos). No importaban las cilindradas ni mucho menos la estética y marcas de los vehículos. Por ejemplo, Gabriel Fornelo, un joven mendocino que llegó exclusivamente a San Juan por las picadas, compitió con una Honda inédita, con carcasa de moto de enduro y chasis de moto de velocidad. Juan Elías Rodríguez, el sanjuanino que compite profesionalmente en el Superbike Argentino, también se dio el gusto de participar con su exclusiva moto de entrenamiento de 250cc.

"Mi mamá me inició en la mecánica, pero después estudié en la escuela Boero e hice numerosos cursos. Ahora estoy afilado. Soy mecánico, electricista y piloto. La familia siempre apoya y los vecinos están acostumbrados a los ruidos que hacemos en el taller, en la cuadra", comentaba Javier Jofré, conocido como "El Patrón", quien corrió en una moto cien por cien casera, con chasis hecho en su propio taller, manubrios de bicicleta y vaso de plástico como contenedor de nafta.

Javier Jofre

Para la mayoría es una afición y también un "hobby" caro. Si bien algunos personalizan sus máquinas con lo que tienen a mano (algunos utilizan las botellas de agua como pequeños "tanques" de nafta), otros invierten mensualmente hasta 50 mil pesos en piezas, combustibles y aceites especiales. La preparación de las motos siempre tiene un único fin: buscar un rendimiento máximo y óptimo del motor, para así intentar ser el más rápido en la pista. En la recta algunos pilotos alcanzan grandes velocidades en tiempos récords: en El Villicum, un mendocino se quedó con el mejor tiempo en pruebas libres al marcar 7.07 segundos. Un tiempo similar es el que hizo Micaela Arboleda, la única mujer que se animó a acelerar en El Villicum.

La joven, de 28 años, es oriunda de Mendoza y llegó a San Juan de la mano de un equipo que se dedica exclusivamente a correr picadas. Fue justamente una de las participantes que menor tiempo hizo, con una moto que antes usaba para trasladarse a su trabajo y ahora es su compañera de aventuras. "Participar de este deporte nos empodera. Nos pone a prueba y nos hace sentir que no hay nada de que no podemos hacer. Los hombres se intimidan al ver a una mujer, para mí la adrenalina siempre está. En mi familia dicen que soy una loca", decía Micaela, quien hace cuatro años corre picadas gracias a su pareja y también mecánico.

La unica mujer y el mejor tiempo en las picadas de Albardon

Las picadas son un fenómeno inoxidable que atrapa a grandes y a chicos, que no tiene distinción de género ni mucho menos de marcas (hay desde construcciones caseras hasta una imponente Honda). Sin embargo, a diferencia de otras ocasiones, esta vez en San Juan las motos tuvieron un espacio legalizado y reglamentado, con ambulancia y personal policial en el recinto, con un seguro médico que cubría a cada uno de los participantes. La Unión Volantes de Albardón fue la entidad encargada de realizar todo el espectáculo deportivo, pero contaron también con el apoyo de la Secretaría de Deportes y Municipalidad de Albardón. Una primera edición que promete no ser la última. "Yo empecé en las motos con las exposiciones y ahora quise probar las picadas. Es un orgullo que ahora se estén habilitando las picadas de acá, antes de estar corriendo en la calle, que es muy peligroso. Espero que se sigan haciendo estos eventos", comentó un aficionado.

La intimidad de las primeras picadas de motos en San Juan

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