Aunque para muchos su nombre resulte exótico, Mauritania dejó atrás los años en los que ocupaba los últimos escalones del ranking FIFA. Hoy, instalada en el puesto 110, muestra señales claras de progreso, sostenido sobre una estructura que mezcla desarrollo local con experiencia en el exterior.
El gran salto lo dio en África. Después de décadas sin protagonismo, logró meterse por primera vez en la Copa Africana de Naciones en 2019, repitió en 2021 y en su última participación alcanzó los octavos de final, marcando un hito para su fútbol.
El plantel refleja ese proceso: no hay grandes figuras globales, pero sí un grupo competitivo, con jugadores distribuidos entre ligas europeas de menor visibilidad y el torneo doméstico. Nombres como Aly Abeid, Guessouma Fofana y Aboubakar Kamara aportan recorrido internacional y son las principales cartas del equipo.
En ataque, justamente Kamara aparece como una de las referencias actuales, acompañado por Hacen El Ide, mientras que en el historial el máximo goleador sigue siendo Bessam, con 13 tantos.
Detrás del equipo hay un país tan particular como su recorrido futbolístico. Mauritania, ubicada entre el Atlántico y el Sahara, es uno de los territorios más desérticos del planeta: cerca del 90% de su superficie está cubierta por arena.
Esa condición moldeó su historia. Durante siglos, el nomadismo fue la forma de vida predominante y el territorio funcionó como un puente comercial entre el África subsahariana y el mundo árabe. Esa mezcla cultural sigue vigente y define buena parte de su identidad.
Con unos 4,5 millones de habitantes, el país presenta una composición étnica diversa y una fuerte tradición musulmana. Tras independizarse de Francia en 1960, enfrentó el desafío de organizar un Estado moderno en un contexto social muy distinto al europeo.
Su capital, Nuakchot, es ejemplo de esa transformación: pasó de ser un punto casi desértico a convertirse en el centro político y administrativo del país. Sin embargo, el camino no fue lineal, con golpes de Estado y tensiones internas a lo largo de su historia reciente.
Uno de los aspectos más delicados fue la abolición de la esclavitud, formalizada recién en 1981 y penalizada décadas más tarde. En paralelo, las sequías y las condiciones climáticas extremas aceleraron la migración hacia las ciudades.
En ese marco, el amistoso ante Argentina representa mucho más que 90 minutos. Para la Scaloneta será una prueba más en su puesta a punto; para Mauritania, una vidriera inmejorable para medir su crecimiento frente a la élite.