La Vuelta a San Juan no solo es un espectáculo de pedal y velocidad, sino también de coordinación, reflejos y pura agilidad para quienes están detrás de escena. Fabián Tapia, del equipo colombiano “HyF Liro Recovery”, describe su primera experiencia en suelo sanjuanino como un verdadero desafío: “Hay que estar concentrados al 100%, cada bidón, cada botella cuenta. Un segundo de distracción y se puede perder la sincronización con los corredores”, contó mientras la Etapa 5 se desarrollaba.
El equipo llegó desde Colombia con una mezcla de juventud y experiencia: entre los Sub-23 destacan Juan Camilo Charris, Juan Esteban Fonseca, Cuervo Ortiz y Ricardo Aguilar, mientras que la experiencia de la Elite recae en Freddy Matute Baca y el costarricense Joseph Ramírez Benegas. Desde la Ruta del Sol, Tapia y su grupo se desplegaron con hieleras llenas de botellas y caramañolas cargadas, listos para cada encuentro con los ciclistas.
“Es emocionante. Los chicos salen con caramañolas de entrada y cuando es una etapa violenta como la de hoy, tenemos que hacer pie y esperarlos para abastecerlos. Ellos pasan a no tan grande velocidad, pero tenemos seis corredores y hay que darle agua a todos. Por eso nos diagramamos una distancia y avisamos al equipo dónde estamos parados, para que ellos se vayan orientando y puedan agarrar agua”, señaló Tapia.
"A veces se complican y tenés que andar sorteando la mano. A veces se colabora con otros ciclistas, pero hay que medir el agua. Se consume 4 pack de agua y 3 de gatorade por día", agregó el cordobés.
Embed - Manos, agua y pura agilidad: la adrenalina de abastecer en plena carrera
Mientras los corredores pedaleaban a toda velocidad por las calles sanjuaninas, Tapia y su equipo eran testigos silenciosos de la batalla contra el reloj y la resistencia: la otra cara de la Vuelta, donde el agua y la agilidad son tan protagonistas como los pedales y la estrategia.