Luiz Inácio Marcineiro tiene 16 años, es brasileño y desde los 13 vive arriba de una tabla de kitesurf. Pero su historia va mucho más allá del deporte: es también la de un lazo afectivo que cruzó fronteras y lo trajo hasta San Juan. A los 7 años, en Brasil, conoció a Evelina Guillén, una sanjuanina con quien forjó un vínculo tan fuerte que hoy él mismo la define como su “mamá de adopción”.
Ese lazo fue el que lo llevó, en enero de este año, a instalarse en Iglesia, donde vive en la casa de Evelina y entrena de cara a nuevas competencias. El escenario elegido no es casual: el Dique Cuesta del Viento, uno de los puntos más reconocidos del país para la práctica del kitesurf.
Allí, Luiz no solo perfecciona su técnica, sino que también construye su identidad deportiva. “Es un lugar mágico”, asegura sobre el dique, famoso por sus condiciones ideales de viento, que atraen a riders de todo el mundo.
Pero no todo es deporte. En su estadía en San Juan, el joven destaca especialmente el recibimiento de la comunidad. “La gente me ha acogido muy bien”, cuenta, evidenciando que su adaptación fue tan rápida como natural.