La gloria de La Gloria: Domingo Cantos, el siete que nunca se fue
Ex jugador que hizo vibrar a todo un pueblo con su talento y hoy hincha y testigo de una transformación, el protagonista es historia viva de la única institución deportiva y futbolera de Pedernal. Un viaje al pasado, pero con los pies bien puestos en el presente, el colorido personaje recuerda que la pasión trasciende los años y hasta la propia existencia.
En el corazón de Pedernal y bien cerca de las instalaciones del Club La Gloria, hay un nombre que se pronuncia con respeto y cariño: Domingo Cantos. Es que se trata de la vieja gloria de la institución, que fue jugador en las épocas doradas, levantó trofeos y enloqueció a todo un pueblo con su velocidad por la banda derecha. Hoy, lejos en el tiempo de aquellas gestas, sigue tan cerca del club como siempre: como hincha, como testigo y como símbolo vivo de su historia.
“Nacido y criado en Pedernal”, se presenta. Y no hace falta más. “Hincha fanático de La Gloria y ex jugador”, agrega, con esa mezcla de orgullo y picardía que lo caracteriza. Su historia está entrelazada con la del club desde la cuna, por lo que cuenta: “Toda mi familia jugó acá, mi padre y mis tíos y por eso, desde siempre estuve acá”.
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Con la idea de pintar un cuadro de la historia de la única institución deportiva de Pedernal, la memoria de Domingo viaja décadas atrás y comenta cómo era el fútbol de antes. “En épocas viejas se hacían campeonatos con la gente de Los Berros, con los mineros, los marmoleros. También se competía mucho con Mendoza, por la cercanía”, recuerda sobre aquel entonces, cuando el honor valía tanto como el resultado.
Según relata, para 1929 el club ya existía, aunque en otra ubicación: estaba en las inmediaciones de donde hoy se levanta la iglesia del pueblo, en la parte más alta de la localidad. “Un vecino de donde estaba la cancha, de apellido Russo, le donó una pelota y así comenzó todo”, detalla. Y aventura sobre los verdaderos comienzos, según lo que escuchó de su padre, que la institución se inició “entre los años 1900 y 1920”.
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Como tantos clubes argentinos, La Gloria fijó su fecha fundacional en un día patrio: el 9 de julio, una costumbre habitual en el fútbol nacional, en otros tiempos. Y así como River eligió el 25 de mayo para celebrar su aniversario y San Martín de San Juan hizo lo propio con el 25 de febrero, en honor del nacimiento de Don José de San Martín, el club protagonista de Pasiones del Interior sentó su fundación para el Día la Independencia.
“Antes, el único festejo que tenía el pueblo era el aniversario del club. Después la Iglesia comenzó con sus celebraciones”, señala. El club era el centro de la vida social, el punto de encuentro, la fiesta compartida.
Cuando se le pregunta en qué posición jugaba, primero bromea: “Jugaba de ja”. Ante la consulta de si se refiere al “half”, el clásico cinco de antes, sonríe y dispara: “Dejá jugar a los otros”. Pero enseguida se pone serio: “Yo siempre jugué de número siete, era rápido”.
Por la derecha, Cantos fue protagonista de tardes inolvidables. “En aquellos años ganábamos trofeos, que algunos se conservan por ahí”, dice. Y no eran sólo partidos: “Toda la gente del pueblo se reunía para vernos jugar, era lo único que había, no había otra diversión, entonces era una fiesta total en el pueblo”.
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En cada frase asoma la dimensión social del club: no sólo formaba jugadores, sino comunidad.
El tiempo pasó, el club atravesó años de abandono e inactividad, pero la pasión no se apagó. Domingo construyó su casa a unos 300 metros de las actuales instalaciones. “La hice ahí para estar cerca”, bromea. Aunque le queda poco para terminarla, suele sentarse en la puerta con el mate y mirar hacia la cancha. Observa entrenamientos, partidos, movimientos. “Me siento siempre cerca del club”, confiesa.
Y hoy vuelve a ilusionarse. Tras años difíciles, La Gloria comienza a renacer de la mano de una comisión directiva renovada, con jóvenes que decidieron tomar las riendas y devolverle vida a la institución. Entre ellos, un nombre lo emociona especialmente: su propio nieto.
Embed - Domingo Cantos y toda una generación apasionados por el Club La Gloria
“Me siento orgulloso de lo que hacen, tengo un nieto en la comisión y ver lo que hacen, la dedicación que tienen es un orgullo ver cómo renace esa pasión por el fútbol y por los colores”, afirma.
En su voz no hay nostalgia amarga, sino gratitud y esperanza. Porque para Domingo Cantos, el club no es sólo un recuerdo: es presente y futuro. Es por eso que, ligado de porvida a esa pasión que lo conmueve, cierra y confiesa: “El club La Gloria para mí es todo”.