Tradición y fútbol. Cada domingo, en el gran San Juan se respira choripán y se escucha el bombo en las canchas. Pero en Jáchal, al norte de la provincia, la historia tiene otro toque de folklore futbolero: el de la fritura del disco, el repulgue apurado y el del mesón con la pastalinda. En cada rinconcido del departamento, los fines de semana no son solo de hinchas con camisetas sino también de pasteles y sopaipillas.
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En tierra jachallera, el fútbol tiene sabor casero. Cada vez que la pelota empieza a rodar, detrás del alambrado hay un grupo sin camiseta que labura sin pausa: baldes con masa, bolillos, fuentes con picadillo y los mesones, que enumeran cada pastel. Son vecinos, familiares de jugadores y fanáticos del club del barrio, que en vez de prender el fuego para la venta de choris, ponen un disco con aceite a calentar. A pulmón, sin cobrar un mango y con el corazón puesto en la camiseta.
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Sin hacer mucho ruido y trabajando para los hinchas, el 'grupo de mujeres' de Árbol Verde dice presente en la tradición gastronómica cada vez que llega el domingo futbolero. "Estos pasteles son los más ricos, los tienen que probar", comentó el presidente de la institución arbolina. La subcomisión está integrada por 'ellas' y son quienes se dividen las tareas de la cocina.
La pasteles salen a la venta después de sumergirse en el aceite caliente del fuego: una bolsita de cartón que va de 3 mil la media a 6 mil la docena
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El ritual se repite cada fin de semana del año, llueva o truene. Desde temprano, el grupo llega con los ingredientes, arma la mesa al costado de la cancha y pone manos a la masa. El repulgue se convierte en arte colectivo, y el disco en un símbolo criollo del fútbol jachallero.
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El fútbol pasa a ser secundario con estas historias. Es humildad, familia, identidad, y esa mezcla de tradición y pasiones del interior que los define a todos.