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Pasiones del Interior

El embajador de La Isla

Héctor Castro es una vieja gloria de la institución de Calingasta que recuerda sus jugadas como si hubieran sido ayer. Talento que representó al departamento en sus años mozos, sigue ligado a la pelota. Y, es que pese al paso del tiempo y de que el fútbol hoy sea otra cosa, hay algo que nunca cambia y esa es su pasión por el club de sus amores, que lo mantiene firme al costado de la cancha.

Por Luz Ochoa

Con la pelota bajo la suela por momentos y con los brazos en jarra como si fuera a patear un tiro libre por otros, Héctor Castro demuestra que aún conserva el estilo de jugador. Y es que aunque pasen los años, el cuerpo parece tener memoria y, sobre todo, si se encuentra adentro de una cancha. Con el viento azotando en el campo de juego del Club Deportivo La Isla, quien supo vestir la camiseta y deslumbrar a todos con su talento se sienta a un costado para recordar sus buenas épocas.

Lejos de aquel jovencito, rápido y habilidoso que encaraba a cuanto back se ponía enfrente, el protagonista relata que jugó durante más de 30 años al fútbol y que la mayor parte del tiempo estuvo ligado a la institución rojiblanca. "Aunque estuve en otros clubes, nunca dejé de vestir los colores de La Isla", confiesa el hombre que actuó como embajador de Calingasta con el club de sus amores.

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Es que las fintas desplegadas con el escudo "islano" lo hicieron formar parte de las filas de la selección departamental que compitió en los Juegos Evita. Gracias al fútbol, viajó por primera vez a la Ciudad Capital y compitió contra los mejores de la provincia. "Siempre voy a estar muy agradecido porque me conocieron bastante por eso, estoy muy agradecido de haber representado a esta institución", reconoce el mismo que destaca las oportunidades que hoy tienen los jugadores locales y que él no tuvo.

"Acá hay buenos jugadores, muchos valores importantes. En años pasados, no nos conocían tanto como pasa ahora. Si no había un campeonato Evita, a nosotros no nos registraban. Habíamos unos que no conocíamos la ciudad y pudimos hacerlo por participar en esa competencia. Nos asustamos cuando entramos al estadio (Abierto Parque de Mayo) porque eran impresionante las tribunas, nosotros no conocíamos nada de eso.", recuerda y, en tono de broma, sigue: "Íbamos a jugar en un piso de cemento, cuando nosotros ni la bolsa de cemento conocíamos acá, jugábamos en tierra nada más".

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Además de jugador, Héctor también integró la Comisión Directiva en una etapa clave de la entidad. Fue cuando consiguió la personería jurídica, allá por 1986, cuando pertenecía a un grupo de entusiastas muchachos que tenían la ilusión de hacer grande a su equipo. Si bien tenía varios años de vida, en los que reconoce que jugaban sus tíos, fue en tiempos de máximo fervor futbolero, con la conquista del Mundial de la mano de Maradona, cuando se pudieron de acuerdo para ponerlo en regla.

Siendo parte de la historia, el wing tuvo la chance de elegir los colores de La Isla. En sus inicios, la institución había adoptado los clores de River Plate. Sin embargo, otras gestiones se volcaron al negro y el blanco para la camiseta. Es por eso que, cuando estaban por asentar el club de manera formal, se toparon con un libro fundacional que indicaba el rojo y el blanco y, por tal motivo, acordaron que la casaca fuera de bastones con vivos rojos y blancos que los distinguieran.

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Tanta era la humildad que tenían que costó mucho para que tuvieran el primer juego de camisetas. Según detalla, tuvieron que estar apremiados por los tiempos para dar el gran paso y la jugada fue buena. Fue en la antesala de un debut la ocasión en la que la ayuda de un allegado les salvó la necesidad.

"Jugaba la Primera y no teníamos camisetas, sólo había un rejunte para la Cuarta y la Segunda. Entonces, a través de mi hermana mayor sacamos en Alonso Sport el equipo para todos" detalla y agrega: "Recuerdo que llegué con las camisetas horas de comenzar el partido y fue una satisfacción tremenda para todos, porque estrenar un equipo en aquellos tiempos era un lujo, había que juntar mucho y eso nos sirvió muchísimo, nos bancó y, ante la duda de que si íbamos a cumplir con el pago de la cuota, se la jugó. Pero le cumplimos, al final".

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En ese marco, el padre y abuelo que vio a sus hijos y nietos jugar para La Isla remarca que la solidaridad de la gente que viven en la localidad y que es cercana al club es lo que más la destaca. "A la gente le apasiona mucho colaborar. Cada vez que tuvimos que hacer beneficio para conseguir algo en el club, el hincha colabora", sostiene.

Convencido de que los hinchas son especiales, admite que nada puede hacer que lo separe del club. "Es mucho para mí, porque mis abuelos son de acá, mis papás también y, luego, vine yo y también me instalé, Crucé el río y me quedé acá porque me tiró la camiseta, me gustó acá, quedé como islano, de corazón".

Embed - Héctor Castro Ex jugador e hincha del Club La Isla

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