El deporte internacional quedó atravesado por una noticia tan impactante como dolorosa. Saleh Mohaddani, un joven luchador de apenas 19 años que había conseguido la medalla de bronce en la Copa Saitiev 2024, fue ejecutado públicamente en la ciudad de Qom junto a otros dos civiles, tras permanecer detenido desde enero.
El régimen de Irán lo acusó de asesinar a un policía durante una marcha opositora que exigía cambios en el gobierno. Bajo el cargo de moharebeh —una figura legal que castiga a quienes se enfrentan a las fuerzas de seguridad— fue condenado a muerte en un proceso que organizaciones internacionales cuestionaron por su rapidez y falta de garantías.
Desde su entorno familiar denunciaron que el joven fue torturado durante su detención y obligado a confesar un crimen que, aseguran, no cometió. Según distintos organismos de derechos humanos, el proceso judicial avanzó sin que los acusados pudieran contar con una defensa adecuada ni presentar su versión de los hechos.
La detención de Mohaddani se produjo en enero, luego de participar en una protesta contra el gobierno. En cuestión de semanas, la causa llegó a una sentencia definitiva, en un contexto de creciente tensión social dentro del país. La versión oficial indicó que los tres ejecutados habían sido declarados culpables de asesinato y de actuar en favor de potencias extranjeras como Estados Unidos e Israel.
El caso vuelve a poner el foco en la situación de los deportistas en Irán, donde en los últimos años varios atletas han sido señalados y perseguidos en medio de protestas sociales, especialmente tras el estallido generado por la muerte de Mahsa Amini en 2022.
Tras conocerse la ejecución, la atleta y activista iraní Nima Fair fue una de las voces que salió a repudiar lo ocurrido:
“Su ejecución fue un asesinato político flagrante, parte de un patrón de la República Islámica para atacar a atletas, aplastar la disidencia y aterrorizar a la sociedad”, expresó en declaraciones televisivas.
La muerte de Mohaddani generó conmoción en el mundo del deporte y volvió a encender el reclamo internacional por justicia, en un caso que trasciende lo deportivo y expone, una vez más, el costo humano de los conflictos políticos.