La derrota sufrida ante Universidad Católica no solo dejó a Boca afuera de la Copa Libertadores antes de tiempo, sino que también marcó el final del ciclo de Claudio Úbeda al frente del primer equipo. Si bien la continuidad del entrenador ya venía bajo análisis, el golpe internacional terminó inclinando definitivamente la balanza y todo indica que no habrá renovación de contrato.
El vínculo del “Sifón” con el club vence a mitad de año y desde la dirigencia encabezada por Juan Román Riquelme ya comenzaron a moverse en busca de un sucesor. La decisión, puertas adentro, estaría tomada incluso antes de la conferencia de prensa posterior a la eliminación, donde el DT todavía se mostró dubitativo respecto a su futuro.
“No creo sea el momento para hablar de esto, tenemos que reunirnos, hablar y pensar en todo lo que pasó”, expresó Úbeda luego de la caída, sin imaginar que su destino ya parecía estar sellado. La postura de Riquelme habría quedado firme tras una serie de resultados negativos que terminaron por desgastar un proceso que, meses atrás, parecía encaminado.
Úbeda había desembarcado en Boca como parte del cuerpo técnico de Miguel Ángel Russo, previo al Mundial de Clubes de 2025. Tras el fallecimiento del histórico entrenador, dejó su rol de ayudante de campo para asumir el mando principal del plantel, en una apuesta que inicialmente mostró señales positivas. Incluso, el equipo logró imponerse en ambos superclásicos frente a River y mantuvo durante varios meses una imagen competitiva.
Sin embargo, el envión se fue apagando con el correr del tiempo. La eliminación frente a Racing en semifinales del Clausura 2025, la caída ante Huracán en octavos del Apertura en La Bombonera y, finalmente, el traspié continental configuraron una seguidilla de frustraciones que terminaron por hacer inviable su continuidad.
Aunque resta la oficialización, el balance estadístico tampoco alcanzó para sostenerlo: dirigió 32 encuentros, ganó 17, empató siete y perdió ocho, con una efectividad superior al 60%. Los números, sin embargo, quedaron eclipsados por la falta de resultados en los partidos decisivos y por una Copa Libertadores que Boca no lograba abandonar en fase de grupos desde 1994. Un golpe demasiado duro para un club donde el margen de error suele ser mínimo.