Víctor Landazuri

El “guerrero” colombiano que quiere hacer historia en San Martín

Creció en un barrio humilde, con un papá que se desvivía en la cosecha de caña de azúcar para parar la olla de su casa. Lo marginaron y echaron de un club porque no tenía plata para pagar la cuota. Una década después, vive un gran sueño
viernes, 25 de septiembre de 2020 · 22:04

Pradera del Valle De Cauca, un departamento de casi 60 mil habitantes, es el lugar donde nació y creció Víctor Landazuri, el pibe colombiano que quiere hacer historia en San Martín. En una humilde casita, en una zona hostil, pero de buena gente, el joven delantero dio allí sus primeros pasos en el fútbol antes de pasar por México y finalmente desembarcar en San Juan. Confiesa que sus comienzos no fueron nada fáciles. Su padre Washington trabajaba en la cosecha de caña de azúcar y lo que cobraba apenas alcanzaba para bancar los gastos de la casa, por lo que sólo se conformaba con jugar en la canchita del barrio. Aunque todo se le hacía cuesta arriba, nunca perdió la esperanza, mucho menos cuando se trataba de su gran pasión: la redonda.

 “Hay que lucharla de manera constante. Mi mamá siempre me dijo que las cosas van a estar a nuestro favor en algún momento. Dios tiene un plan perfecto para nosotros. Hay que ser perseverante”.

Su pueblo está cerca de Cali. Dice que ahora está mucho más tranquilo que antes, cuando jugaba con sus amigos de la infancia y se cruzaba con “maleantes”. “Nosotros jugábamos a la pelota con ellos en un predio que se llamaba Bello Horizonte. Pero ellos estaban en sus cosas, nunca nos ofrecieron nada, ni nos dañaron. Terminábamos y cada uno se iba a la casa”, expresa Landazuri.

Habla Dios. Asegura que la fe lo ayudó a no andar en malos pasos. El fútbol también fue una especie de salvavidas en su difícil infancia. “Fue compleja, vengo de una familia humilde. La zona donde me crie no era la mejor, pero gracias a Dios tuve fuerza de voluntad para no tener malos vicios. La pelota además siempre me distrajo, nunca se me dio por coger malos pasos”, agrega.

Su familia también fue un pilar. Al hablar de ellos, sobre todo de sus padres, repite una y otra vez la palabra orgullo. Washington se dedicó siempre a trabajar con un trapiche, un molino utilizado para extraer el jugo de la caña de azúcar. Después de varios años en la fábrica de panela pudo jubilarse, y su hijo lo celebra. María del Socorro, su mamá, también colaboraba con la economía de la casa. “Mis padres han sido siempre luchadores. Mi papá nos sacó delante de una manera increíble, trabajando al sol todos los días. Mi madre también se la rebuscó cuando no teníamos una libra de arroz, salía a trabajar para ayudar a mi papá”, cuenta el futbolista.

En su adolescencia también le tocó trabajar para aportar a su casa. Fue en una lechería, donde limpiaba y descargaba camiones.

Su vida, y la de todos los Landazuri fue una lucha constante. Casi una supervivencia, también en el fútbol. Víctor dice que cuando tenía 13 años, invitado por dos amigos, asistió a la Academia de Fútbol de Pradera. Iba sólo de espectador, pero terminó dentro de la cancha cuando un profesor, a falta de un chico, lo invitó a ser parte del juego. Fue una tarde soñada que se repitió al día siguiente, y así, toda la semana. Sin embargo, aquella ilusión se esfumó de pronto cuando lo echaron de la institución porque no podía pagar la cuota.

“Me dijeron que si quería seguir tenía que pagar una mensualidad. Eran 30.000 pesos, 300 pesos argentinos en aquella época. Yo me volví loco. En mi casa no había plata para pagar lo que me pedían. Y ellos insistían en que si no pagaba no podía seguir. Yo era un niño y eso me hacía llorar. Me gustaba mucho ir al club”, recuerda el delantero.

A las semanas lo volvieron a llamar de la Academia, la misma que lo había corrido. Los padres de un amigo que hizo durante aquella corta experiencia se ofrecieron a pagar la mensualidad. Regresó y no defraudó. Luego pasó por América de Cali -donde jugó un tío y primo-, por San Juan de Sahagún, y también por Tijuana de México, donde conoció a su compatriota Humberto Osorio Botello, ex Verdinegro, la persona que lo convenció de fichar para el club de Concepción.

“Él estaba en el plantel mayor, y yo en la Sub-20, pero nos cruzábamos en los entrenamientos. Cuando surgió lo de San Martín lo hablé. Me dijo muy buenas cosas del club. Además, pude ver videos e informarme. A Osorio siempre lo vi jugar en San Martín, me acuerdo de los tres goles a Boca. Creo que eso me motivó a venir a acá”, señala.

En Tijuana de México fue goleador del Torneo de las Américas en dos ocasiones con la categoría Sub-20. El año pasado volvió a sacar chapa de artillero con 12 tantos convertidos en el torneo local sanjuanino, con la camiseta verdinegra. 

Landazuri ya lleva casi un año y medio en San Juan. Jugó en la Reserva contra Independiente y Talleres, y tras una lesión estuvo dos meses parado. Cuando se recuperó empezó a jugar en la Local, torneo el que marcó 12 goles y se convirtió en uno de los artilleros máximos. También participó de algunas prácticas con el plantel profesional cuando Forestello y Grelak eran DTs, pero confiesa que la chance de ahora, con Ferrari como técnico, es la más importante de todas. “Es un paso importante. Hasta ahora venimos entrenándonos muy bien, al 200%. Queremos estar y ponérsela difícil a Paulo”, sostiene el chico que busca quedar en el recuerdo del Verdinegro como Humberto Osorio y Mauricio Casierra, los otros colombianos que dejaron su sello en San Juan.

*Dato

Paulo Ferrari incluyó entre los 32 futbolistas que iniciaron la pretemporada a 7 juveniles. Entre ellos aparece Landazuri, que es delantero.

 

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