Que sea un aterrizaje despegue. Suena a oxímoron, pero Juan Fernando Quintero aspira a eso. Sueña con ello. Lo hizo mientras descansaba en ese avión privado que unió vía aérea Medellín con Buenos Aires y que lo trajo de vuelta con retraso, puesto a un inoportuno delay de permisos de vuelo. Volvió, Juanfer. Con barbijo y respetando el protocolo sanitario. Volvió. A toda máquina.
El último acto de Quintero en Medellín fue mostrarse como modelo de la automotriz Mini, posando frente a un auto de la firma, similar al que solía tener en Portugal cuando era futbolista del Porto. Otra iniciativa comercial del volante zurdo, quien durante su estancia en Colombia generó suspenso mostrándose con un vino etiquetado con su nombre -y con la imagen de su gol a Boca difuminada en rojo- y, posteriormente, presentando (aunque sin demasiados detalles) su nueva marca de indumentaria. Proyectos personales aunque secundarios para un jugador que aspira a ratificar adentro de la cancha el idilio que se ganó y que, incluso sin tener participación activa en continuado, ha logrado sostener en el tiempo.
Fuente: Olé.