Desde hace cinco años, el autódromo Eduardo Copello recibe a una disciplina que décadas atrás vivía en la clandestinidad. Desde Fiat 600 hasta los costosos Audi TT se miden a más de 180 KM/H. En los cerros, una multitud enloquece con el rugido de los motores.
El rugido endemoniado de los autos comienza a enloquecer a los fanáticos. Un Bora de color blanco, valuado en unos 200 mil pesos, se mide frente a un Fiat 128 que en el mercado se puede conseguir por unos 40 mil pesos. Pero ojo, para correr hace falta algo más que ganas: es necesario invertir y seguramente en el interior de aquel Fiat 128 además de tiempo, hay mucho dinero.
En las picadas legales que organizada “Domingo de Nitro” (DDN Drag Series para los entendidos), desde hace cinco años en el autódromo El Zonda, se puede encontrar cualquier tipo de auto, marcas y cilindradas.
Ahora sí, el semáforo se pone de color verde y los muchachos aceleran a fondo, tanto que llegan a marcar un tiempo de 9 segundos en 201 metros de recorrido. Hay otros que alcanzan los 7 segundos ¡Una locura! Se puede levantar desde los 180 a 230 kilómetros por hora.
Por los parlantes se escucha a los animadores organizando la grilla y haciendo el llamado a los pilotos, quienes están identificados con un número en una de las ventanas del vehículo. El que no se hace presente al tercer llamado, queda descalificado. Mauricio Bacil, el cabecilla de toda la organización, es quien está en todos los detalles.
La pista uno y dos siempre está ocupada: pasan desde Fiat 200 hasta Falcon y los costosos Audi TT. También hay espacio para las motos: la BMW S 1000 R conducida por Walter Páez, piloto riojano del SuperBike Argentino, se lleva todas las miradas. “Por ahí te creés más pícaro por acelerar de un semáforo al otro, pero éste (autódromo) es el lugar adecuado y no la calle. Y acá yo me puedo sacar las ganas de acelerar al `compañero´ (moto)”, expresa el piloto de La Rioja.
A los costados están los fanáticos, aquellos que pagan $150 para pasar un domingo a puro fierros. Los que están en boxes aprovechan su puesto de privilegio y, con los celulares prendidos, graban cada una de las partidas. En los cerros están aquellos que se instalan con reposeras, sombrillas y parrilla. No hay números oficiales sobre la cantidad de público que se hace presente, pero a simple vista no tiene nada que envidiarle a las categorías nacionales del automovilismo como el Super TC2000 y Top Race.
Las picadas, aquellas que décadas atrás vivían en la clandestinidad, hoy cuentan con todas las habilitaciones y apoyo del Estado (Gobierno y secretaría de Deportes). Hay extrema seguridad en la pista -sólo pueden circular los pilotos, acompañados por un mecánico, y gente de la organización- y accesos al autódromo. También hay efectivos policiales.
Como en las categorías nacionales, las promotoras llenan de belleza y glamour a las picadas legales.
El evento otorga varios premios, el más importante es la Copa Joaquín Uñac, en honor al padre del gobernador Sergio Uñac.
Matías Cerdera es sanjuanino y compró un Audi TT sólo para correr en las picadas. "Me dicen que estoy loco, pero es un vehículo que me da bastante confianza", comentó.
Javier Altamirano es de Mendoza y es competidor del Superbike Argentino. "He ido a muchos lugares, pero San Juan es único por la cantidad de gente que viene", destacó.