Por Carla Acosta
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Son casi las ocho de la tarde del lunes y Cecilia Román llega al gimnasio `Ring Side`, ubicado en el subsuelo de un edificio de calle Jujuy, en Capital. Allí la esperan sus hijos y una docena de alumnos, quienes enloquecen al verla bajar por las escaleras. Hay aplausos, gritos y el famosos cántico, `Dale campeón`.
Es el regreso al trabajo después de derrotar a Carolina Duer y coronarse campeona del mundo peso gallo de la FIB. Es un día distinto, agitado, con un celular que no para de sonar y visitas que no paran de llegar. Aquella noche del 4 de agosto cambió su vida por completo. Le llueven los sponsor, los mensajes y solicitudes de amistad por Facebook. Ya no es la misma de antes, hoy es la “Torbellino Román”.
“Viene uno, se va el otro –en referencia a los periodistas-. La verdad que es algo nuevo, estoy completamente sorprendida. Quise responder algunos mensajes y el celular se me tildó de lo saturado que estaba. Todavía no puedo terminar de contestar”, dice emocionada, mientras sus hijos, Ana (5) y Lucas (9), no paran de acariciarla.

De `monja` a reina del ring
Dice que de chica fue callada, de bajo perfil. Cuenta que sus compañeros de la Secundaria la cargaban y le decían “la Román va a ser monja”. “Me molestaba que me dijeran así, porque el hecho de que sea buena y tranquila no quería decir que iba a ser monja”, apunta entre risas.
De joven fue una persona de pocas palabras, pero activa y multifacética. Le gustaba el deporte, tanto que en segundo año de la primaria ya se destacaba en la materia Educación Física. Jugó al vóley y practicó atletismo ¿De Boxeo? Nada. Ni siquiera le llamaba la atención cuando pasaba por la vereda del Club Julio Mocora, camino a la casa de sus abuelos. “Al boxeo lo descubrí de grande, cuando me di cuenta que en un ring iba a tener la oportunidad de ser una deportista”, señala.
Fue hasta que conoció a Mario Cabello, ex boxeador y ahora entrenador, cuando se fanatizó por los guantes. En aquel entonces era estudiante del profesorado de Educación Física y ayudaba a Cabello en la preparación de los deportistas. Pero el boxeo le había llamado la atención y el trabajo pasó a ser una pasión. Entrenó un tiempo en el Mocoroa y después pasó al Landini. “Al principio la gente se asombraba al verme practicando boxeo porque pensaba que era violento”.

Cecilia se crió junto a su mamá y sus tres hermanas en la Villa Mallea, Capital. Su mamá no estaba de acuerdo con verla arriba de un ring. “De mis hermanas era la que innovaba o hacía algo raro. Cuando le dije del boxeo, mi vieja me dijo que estaba loca. Nunca le gustó. Pero cuando volví de mi primera pelea con la cara intacta, se quedó más tranquila. Ella pensaba que iba a volver con la nariz torcida o el ojo morado”.
Hablar de su madre, quien falleció de cáncer hace unos años, produce un quiebre en la sanjuanina. Se emociona y recuerda cuando le anticipó que “Carolina Duer no merecía ser campeona del mundo”. “La veía a Caro y no le gustaba. Decía `esa rubia no merece ser campeona`. Por eso cuando bajé del ring me acordé de ella, me hubiese gustado que me viera con el cinturón. Mi madre fue un ejemplo para mí”, expresa.

Buenos Aires, el gran acierto
Después de varios años en el Landini y de coronarse campeona argentina, Cecilia Román se la juega y viaja a la gran ciudad para unirse a la escuela de box de Juan Ledesma, entrenador de la “Titi” Bopp y Marcela Acuña. Se instala en una pensión, en Caseros, y se mueve en tren. Una nueva vida lejos de sus afectos, de sus hijos, pero con un objetivo en claro: ser campeona del mundo.
“Ir a Buenos Aires me cambió por completo. Al principio me costó. Es un entrenamiento profesional y hubo días que me dolía todo. Pero aguanté, no decía nada por miedo a que me digan `devolvete`. Con el tiempo fui aprendiendo y adaptándome al trabajo de ellos”, asegura.
Destaca el trato que tuvieron para con ella dos campeonas como Bopp y Acuña, y el resto de los chicos que integran el Centro Deportivo de la Municipalidad de 3 de Febrero. “Fue una experiencia enriquecedora. Los días previos a la pelea fueron excelentes, tuve una preparación muy buena. Los guantes con la `Tuti` me hicieron sentir confiada, tanto que quería subir ya al ring”.

`Tapé muchas bocas, era contadísima la gente que confiaba en mí`
Lejos de achicarse, Román reconoce que en la previa de la pelea por el título mundial la balanza estaba inclinada a favor de Duer. “Mucha gente creía que iba a perder. Caro dijo que me iba a noquear en el tercer round. Pero me dijeron `no estás en cualquier rincón` y demostramos que trabajamos bien”.
La campeona recuerda la pelea y asegura que en los primeros tres asaltos ya se sintió ganadora. “Le gané bien, fui contundente. En el sexto o séptimo asalto, no recuerdo, cambié de aire. La vi perdida, desconcertada, y eso me hizo perder la concentración. Después me tranquilicé y volví a ser yo”.
Dice que después de la pelea fueron a una pizzería, que la reconocieron y la felicitaron. Señala que después se fue a dormir, aunque le costó casi una hora conciliar el sueño, su cabeza no paraba de reproducir aquellos inolvidables diez rounds frente a Duer.

