Por Carla Acosta
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“Mi infancia fue muy dura. A los 11 años empecé a trabajar y a ayudar en mi casa. De ciclismo, en aquel entonces, no sabía nada. Hasta que me subí a una todoterreno para ir a la finca. Ahí me volví loco por la bici”, cuenta Luciano Montivero.
Empilchado con los colores de su equipo, la Agrupación Virgen de Fátima, Montivero viaja al pasado y recuerda con nostalgia aquellos años en el Cerrillo, Carpintería. Sus padres se separaron cuando apenas tenía 5 años y desde entonces se crió junto a su mamá Rosa y sus tres hermanos (Sandra, Raquel y Sergio).
Dice que creció en fincas, entre parrales. Su vieja trabajaba en la cosecha y pronto, a los 11 años, el Pato aprendió del oficio. “Cuando iba a la escuela tuve que empezar a trabajar. No me acuerdo cuánto ganaba pero todo era para la casa. Teníamos todo vacío y había que comprar muebles”.
De su casa a la finca había 15 kilómetros de distancia. Su familia no tenía movilidad y al pocitano no le quedó otra que comprarse una bicicleta. Era una todoterreno, la utilizaba para trasladarse al trabajo y a la escuela Francisco Ríos de Páez. También para algunas de sus primeras aventuras, por ejemplo, los viajes a la Difunta Correa. “Un amigo, Marcelo Calleja, me seguía en todas. Estábamos locos por la bici, hasta nos íbamos a la Difunta de noche”, dice entre risas.

Pero su entusiasmo por las dos ruedas fue tan grande que aprovechó el grueso sueldo que recibió en una cosecha y, contagiado por tres amigos ciclistas, se compró un rodado rutero. Una bici Saez de fierro fue su primera compañera en el ciclismo de competición. “Conocí a unos muchachos de Carpintería (Montoya, Campillay y Perea) y me incentivaron a que empiece a entrenar y a correr. Mis piernas ya estaban acostumbradas y no me costó mucho subirme a esa bici”.
Su primera carrera fue en los Libres, cuando tenía 16 años, en un campeonato que se realizó en el Cerrillo. Aquel debut fue soñado y sacrificado. Tuvo que comprarse zapatos y malla, y como no le alcanzó para la camiseta, utilizó una remera con un número. “Abandoné en las primeras tres carreras. Eran cinco vueltas y a la segunda ya estaba abajo. No sabía correr, no estaba entrenado. Yo trabajaba toda la semana y salía a andar en bici los sábados, y pensaba que con eso era suficiente. Pero no", dice a las risas.
A los tres meses volvió a las rutas y no lo paró nadie. Su primer equipo fue la Municipalidad de Pocito, donde lo contrató Joaquín 'Coco' Uñac; y más tarde, a los 22, dio su gran salto a Palmar del Lago. En este último se convirtió en profesional, después de 12 años dejó la finca y se instaló en la ciudad para dedicarse exclusivamente al deporte. “Juan José Chica me propuso correr en el equipo. Me dijo que me iba a pagar más de lo que ganaba en mi trabajo, que eran 200 pesos al mes, y que me daba un departamento. Entonces acepté, pero al final me fui a vivir con Oscar Villalobo, quien se ofreció a llevarme a su casa. Así me acoplé y fui ascendiendo en el ciclismo”.

Montivero se convirtió en una de las tantas glorias que tiene el ciclismo sanjuanino, sinónimo de humildad, esfuerzo y perseverancia. Ganó importantes competencias, entre ellas dos Vueltas a San Juan (2005-2007), Giro del Sol, Vuelta a Mendoza y Doble Calingasta. Hoy, con 38 años, es un emblema de la Agrupación Virgen de Fátima y por ahora no piensa en su retiro.
“No sé qué será de mi vida más adelante, quizás volcando mi experiencia a mi hijo, que quiere ser ciclista. Mi señora me pregunta hasta cuándo pienso correr y yo le digo que hasta los 40, aproximadamente. Cuando vea que no ando bien y que no le sirvo al equipo ahí voy a dejar”.

El sueño
“Me gustaría ganar un Campeonato Argentino. Sé que estoy lejos pero no hay nada imposible”.
La anécdota
“Marcelo Díaz, ciclista federado, me regaló la primera camiseta para correr. Me acuerdo que me lo crucé en la ruta y nos pusimos a conversar. Me dijo `acompañame a mi casa y te regalo una camiseta`. Me fui hasta Cochagual. Ahí la madre me dio té y él, la camiseta”.
Otras dos personas que lo marcaron
“Juan José Chica porque me brindó la posibilidad de vivir del ciclismo y Ernesto Fernández, porque fue mi técnico y quien me brindó confianza y seguridad a la hora de correr".

