Por Carla Acosta
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Concentran en sus casas, en sus camas y con los fideos de la `vieja`. Se transportan de cancha a cancha en trafic, amontonados, y tienen como premio la recaudación del partido que llega a ser unos 3 mil pesos, monto que se reparte entre los titulares y suplentes. No viven del fútbol, sino para el fútbol. La historia del Club Atlético Libertad Juvenil es genuina del ascenso y de los clubes de barrio, una pasión hecha a pulmón que hoy ve los frutos con la coronación del ascenso a la Primera del fútbol sanjuanino y la posibilidad de meterse en una categoría grande como el Federal B.
Modesto y humilde pero con corazón y ganas de lucharla. El Rojo de Las Chacritas es un gigante del ascenso sanjuanino que nació en 1949 y que hoy, con 68 años de vida, moviliza a unos 3 mil habitantes.
Muchos de ellos aportan $30 pesos mensuales, dinero que la propia dirigencia recoge casa por casa y que sirve para abaratar el grueso de los gastos. Si bien reciben apoyo de la Municipalidad de 9 de Julio, de algunos comercios de la localidad y del flamante Diputado Walberto Allende, uno de sus fieles seguidores, todo se hace a pulmón.
“Acá los chicos no salen de sus casas, con aires acondicionados, a entrenar. Acá salen del trabajo, algunos de los parrales. Lo único que se les da a los jugadores son unos fideos y colaboración con algunos zapatos (botines). Se trabaja más en lo humano que en el tema del dinero”, expresó Marcelo Illanes, actual presidente y sobrino de uno de los fundadores de la institución, don Vicente.

El plantel que le ganó a Sportivo Rivadavia y consiguió saltar de la B Local a Primera está compuesto por pibes de entre 16 años, como Luciano Riveros, y 24 como el arquero Julio César Marún. Todos crecieron en Las Chacritas, a excepción de De la Jara, Luna, Molina y Vila. Y la mayoría, como el `Macho` Castro, trabajan en fincas o en la construcción.
Nadie cobra un sueldo, todos juegan por amor a la camiseta. Por ejemplo, Fabricio Illanes es jugador del Atlético de la Juventud Alianza y tuvo que pedir permiso en Santa Lucía para jugar la final con Libertad Juvenil, club donde su padre es presidente y toda su familia es hincha. Fabri volvió a la institución donde creció e hizo inferiores y se convirtió en héroe, ya que fue quien convirtió los dos goles en la victoria (2-1) frente al conjunto de La Bebida.
“Me acuerdo que mi viejo me traía al club en el portabulto de la bicicleta. Entrenaba a las tres de la tarde y la cancha era un potrero, no tenía pasto. Siempre lo seguí, iba a la cancha hasta en camión, y siempre soñé con jugar en Primera. Hoy poder cumplir ese anhelo es una felicidad grande y si tenemos la posibilidad de jugar en el Federal B, me quedo”, señaló el enganche.

La realidad de Libertad es la misma que otros miles de clubes del ascenso, forma parte de la otra cara del fútbol que consumimos por televisión. Es una institución que para la final de la B Local recaudó apenas 7 mil pesos netos, muy lejos de lo que 34 millones de pesos que percibió River en Copa Libertadores. Sin ir más lejos, un presente distinto al de San Martín o Sportivo Desamparados, clubes que concentran en hoteles y realizan pretemporadas en Tantil o interior de la provincia de San Juan. En Las Chacritas, en cambio, cuando se trabaja en el parquizado de la cancha, los pibes deben entrenar a la orilla del canal de Ruta 20 o detrás del aeropuerto, en el Lote Fiorito.

A 15 kilómetros de la capital sanjuanina hay una localidad contagiada y unida por una pasión, que ahora se prepara para jugar en Primera y, quizás, en el Federal B. A la espera de las tribunas propias –en la anterior temporada pedían prestadas al Globo- para 400 personas que tramitaron a través del Ministerio de Desarrollo Humano y con la reciente inauguración de iluminarias, el club sueña a lo grande y disfrutan de un guiño cariñoso que les da el fútbol.


