Cuando Daniel Passarella hizo su primera convocatoria para
el seleccionado mayor, en 1994, Juan Pablo Sorin llegó al predio de Ezeiza en
el colectivo 86. El año pasado, los días de entrenamiento del seleccionado sub
17, en el estacionamiento del complejo de la AFA costaba encontrar lugar porque
muchos chicos entraban con sus propios automóviles.
La precocidad es el eje del cambio para la licenciada
Marcela Bracco. Y los representantes entran en debate. "Antes, recién en
la sub 20 algún chico aparecía con representante. O a partir de ser convocados
a la selección juvenil se les presentaba la oportunidad de tener un
representante. Incluso estiraban esa decisión con el apoyo de papá y mamá, que
consideraban que todavía su hijo era chico. Ahora es ínfimo el porcentaje que
no tiene un representante. ¿Con qué necesidad a los 14 o 15 años? En el medio
nos cambió la ley: antes la mayoría de edad era a los 21 años y ahora es a los
18, entonces los papás han quedado algo de costado en muchas familias y deciden
los mismos pibes, ni consultan. O porque no hay un buen diálogo en casa, o
porque creen que ya son grandes. o porque tienen al representante a
cuestas", compara Bracco.
El psicólogo deportivo Marcelo Roffé, autor del libro
Psicología del jugador de fútbol: con la cabeza hecha pelota, entre otros,
analiza: "En los hogares juveniles predominan importantes niveles de
pobreza, con familias muy numerosas, y esto incide en el apuro por emigrar,
sumado a un alto porcentaje de representantes que quieren hacer su negocio,
presionando a los chicos y diciéndoles que el tren pasa una sola vez". Y
se suma el profesor Gerardo Salorio: "Hoy tenés a los representantes que
en lugar de pagarles un curso de inglés les regalan una iPad de última
generación. No estoy en contra de los representantes, pero hay chicos que no
saben leer de corrido y tienen la mejor iPad porque ya se la dieron".
Los encargados de las inferiores cuentan que lograr que hoy
los chicos se queden corrigiendo defectos después de la práctica es muy
difícil. Es complicado armar grupos entre la computadora, la PlayStation o el
MP3. "Cada representante busca pelear por lo suyo y por ahí les inculca a
los chicos cosas que los hacen individualistas. Yo escuché muchas veces: «Mirá,
no te metás en líos. Hacé la tuya y nada más» , cuando es al revés",
detallaba hace un tiempo Sergio Batista.
"La condición amateur se fija entre los 14 y los 18
años, cuando se desarrolla la vocación. Y esa etapa ahora está bastardeada por
el avance del profesionalismo. Cuando yo trabajaba en las inferiores había que
lavar autos para comprarse los botines. Ahora los jóvenes reciben tentaciones,
aportes. Un joven no mejora si le dan todo; debe procurárselo, sentir que se
esfuerza", relataba un día Marcelo Bielsa con añoranza. La avería de una Argentina
en crisis económico-cultural hace estragos en las canchas.
Clubes en alerta y familias bajo estudio sociocultural
Desde hace un tiempo, algunos clubes están en alerta. ¿De
qué se trata? El nivel sociocultural de las familias de los juveniles que
buscan ingresar en las inferiores de una institución comienza a aparecer bajo
la lupa. Especialmente con los más pequeños, con edades entre 9 y 12 años.
Nadie lo admite públicamente, pero se trata de clubes que sienten que apuestan,
invierten (pensión, colegio, alimentos o indumentaria, por ejemplo) en pibes
que años después se desvían y hasta llegan a protagonizar casos delictivos.