34ta Vuelta a San Juan

Las primeras damas del ciclismo

Acompañan en la ruta, bancan el calor, sufren las caídas y festejan los podios. Son las chicas de los ciclistas, quienes siguen las carreras en colectivo de línea y se toman con humor cuando las fans les piden fotos y autógrafos a sus hombres. Por Carla Acosta.
sábado, 09 de enero de 2016 · 11:37
Por Carla Acosta
cacosta@tiempodesanjuan.com

Agostina es la esposa de Laureano Rosas y sigue todas las etapas de la 34ta Vuelta a San Juan en colectivo de línea. Melina es la novia de Elías Pereyra, compañero de Rosas en el Sindicato de Empleados Públicos, y hace una semana vino a vivir a San Juan para acompañar a su pareja en su profesión de ciclista. Por su parte Karen, pareja de Maxi Navarrete de la Selección Argentina, viajó de Cutral Có a la provincia siguiendo a su hombre. Durante la 34ta edición de la popular competencia, Tiempo de San Juan te cuenta y muestra el aguante de las primeras damas del ciclismo. 

Están presentes en la ruta, con mate y radio en mano. Cuando ven pasar el pelotón los alientan y si no los ven, se preocupan y empiezan a preguntar en dónde están. Las chicas de los pedaleros que protagonizan la Vuelta a San Juan confiesan cómo es acompañar a un deportista profesional justamente en una carrera multitudinaria y sumamente importante para ellos. "Lo sigo en el ciclismo como lo sigo en todos lados, así como él me sigue y ayuda cuando yo tengo mis campeonatos o viajes con la Institución Dancing. Gracias a Dios somos muy compañeros. Quizás acá en el ciclismo se vive de otra manera porque somos toda la familia la que va y está apoyando y me siento más acompañada, en cambio en el fútbol somos mi suegro y yo”, expresa Maira Saldaño, esposa de Juan Pablo Nehín, futbolista y ahora ciclista del equipo Squadra Marsan. 

Sofía Fernández es  esposa de Adrián Richeze (Agrupación Virgen de Fátima), a quien conoció gracias a su hermano "Bam Bam”, también pedalero. Ella es otra de las mujeres que acompaña a los muchachos, aunque a veces prefiere quedarse en casa y escuchar la carrera por radio. "Es uña experiencia distinta ya que al ser deportista lleva una vida muy cuidada, además que es un deporte en donde viajan mucho y una está sola bastante. Es lindo y gratificante si él hace lo que le gusta. Por mi parte no voy a todas las carreras por que me pone muy nerviosa. Prefiero esperarlo en casa y escuchar la definición por la radio”.  

Las que no se pierden los circuitos por nada del mundo son Agostina Orellana y Melina Ganora, justamente amigas y parejas de Rosas y Pereyra del SEP, quienes se trasladan en colectivo de línea para vivir todas las etapas de la Vuelta. "Lo vivimos a flor de piel. Como el año pasado, ahora no tenemos en qué movernos y andamos en colectivo, de paso conocemos (risas). Estamos aprendiendo a manejar para que en la próxima Vuelta nos traslademos de manera independiente”, cuentan con humor. 

Karen, la mujer de Navarrete, viajó cientos de kilómetros de distancia para apoyar a su amor en la popular carrera. Aunque los chicos de la Selección están concentrando toda la semana, ella y su hija lo esperan en el final de cada etapa para saludarlo: "El ciclismo me encanta aunque no lo practico. Me gusta apoyarlo en lo que hace, me gusta estar junto a él. Viajo a donde va, con la nena, todos juntos. Doy gracias a Dios que hoy pudimos venir a San Juan”. 

Por su parte Nahír Garrido, novia de Franco Luna (Participal Albardón), es otra que espera a su hombre en la llegada y que vive con gran fervor cada uno de los días de la Vuelta. "Por una parte es lindo pero por otra es complicada porque veo sufrir mucho a mi novio y me pone nerviosa. Lo acompaño a todos lados siempre. Me gusta el ciclismo de antes, pero cuando empecé  a salir con él me gustó mucho más”. 

Además de festejar los triunfos, las chicas también sufren las derrotas y caídas a las que están expuestos los pedaleros. "Eso te generan muchos nervios, de que se pueda caer. Mientras esté bien físicamente para mí los resultados son secundarios”, señala la novia de Navarrete. 

Justamente Maira, en plena Vuelta a San Juan, vivió de cerca la caída de Juan Pablo, quien tuvo que ser hospitalizado y por ende, se bajó del evento. Pero eso no es todo ya que el ciclista es hipoacúsico, lo que genera mayor preocupación y nerviosismo en su novia durante cada circuito. "Con respecto a las carreras siempre el ciclismo tiene esa cuota de adrenalina extra, porque es más peligroso creo yo. Y Juampi está más expuesto, no todos los ciclistas conocen su condición auditiva y quizás le hablan, le gritan y avisan cosas sin tener la precaución de que él no se da por enterado de nada. Entonces todo eso genera un nerviosismo. Cuando lo veo llegar y está bien es como que me saco una mochila de encima. Son cosas que imagino uno con el tiempo uno aprende a controlar y a saber llevar”.  

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