Por Jorge Balmaceda Bucci
El autódromo de Zonda aún se relame de aquel primer fin de semana de abril de 1979. Y no es para menos ya que no son muchos los trazados nacionales que puedan jactarse de haber tenido rodando en sus entrañas a un triple campeón del mundo de Fórmula 1 como Ayrton Senna.
El piloto brasileño, que falleció en un accidente durante el Gran Premio de San Marino de 1994, fue uno de los muchos pilotos que se dieron en cita en el 7º Campeonato Sudamericano de Kárting que tuvo lugar en San Juan. Con 19 años recién cumplidos, el paulista, a pesar de no quedarse con la primera posición en la clasificación final de la categoría internacional, fue uno de los grandes protagonistas de la competición.
En los periódicos que por entonces cubrieron la información figuró como Ayrton Da Silva, ya que recién años más tarde decidió poner en primer lugar el apellido de su madre. El brasileño, que llegó con McLaren a lo más alto del automovilismo mundial en 1988, 1990 y 1991, brilló en las pruebas de clasificación, pero no corrió la misma suerte en la carrera final, donde se vio superado por su compatriota Deccio Belline –aunque hay quienes aseguran que en realidad cedió el triunfo-.
En esa competición hubo dos sanjuaninos que también contaron con su protagonismo: Jorge Rodríguez y Henry Martín. El primero, que participó a bordo de un kart que le había comprado precisamente a Senna, finalizó en la séptima posición de la principal categoría, mientras que Henry subió al podio, ubicado en la segunda plaza, de la modalidad juvenil. Con el paso de los años ambos pilotos no se cansaron de destacar, más allá de sus cualidades deportivas, la excelente calidad humana de Ayrton, con el que llegaron a compartir horas en boxes y también jugosas charlas con mesa y mantel de por medio.
San Juan fue testigo de una porción inolvidable de la deliciosa trayectoria del brasileño, que tristemente vio bajar la bandera a cuadros de la vida aquel fatídico 1 de mayo de 1994. Brasil y el mundo del automovilismo lloró su pérdida. En Zonda ese día llovió.
Los sanjuaninos Jorge Rodríguez y Henry Martin fueron privilegiados testigos de las cualidades deportivas del brasileño y también disfrutaron de su don de gente en boxes y en reuniones con mesa y mantel de por medio.