El argumento oficial sostuvo que un corte en el arco superciliar izquierdo de Gregorio Peralta provocó la suspensión de la pelea, haciendo añicos el sueño del sanjuanino de convertirse en Campeón Mundial Semipesado, en detrimento del local Willie Pastrano. El 10 de abril de 1964 en Nueva Orleans, cuando el gong daba paso al sexto round, el médico designado para la contienda decidió dar por concluido el combate para preservar la integridad física del sanjuanino, casualmente cuando hasta ese momento el ‘Goyo’ se había mostrado claramente superior al defensor de la corona.
En la medianoche de aquel día la decepción se apoderó de los vecinos del Callejón Alanís (Trinidad), donde Peralta pasó su niñez, que al igual que todo San Juan vivieron la pelea prendidos a la transmisión de Radio Colón. La desilusión invadió Azul, la localidad bonaerense donde el púgil argentino tiró sus primeros guantazos. Toda Argentina lamentó el desenlace. Los que hinchaban por Peralta y estuvieron presente en el Auditorium Municipal de Nueva Orleans no negaron que tal corte existiera –provocado por un cabezazo de Pastrano en el cuarto round-, pero sí consideraron injusta la decisión y el proceder del médico.
El propio Peralta, que supo mantener la caballerosidad ante tal panorama y que en septiembre de 1963 había derrotado a Pastrano en una pelea en Miami –en la que no estuvo en juego la corona mundial-, comentó al bajar del ring que “podría haber seguido. Me sentía más fuerte en cada round. La cortada no me molestaba mucho. Fue mala suerte. Mi sueño se ha esfumado”.
Un poco más beligerante se mostró Juan Carlos Lectoure, representante de Peralta en aquel entonces: “El campeón mundial estaba desinflado. Uno ha visto mucho box y sabe cuando un púgil tiene o no aguante. Nunca he visto una decisión más injusta. El médico la abría la herida sobre la ceja y no dejaba que la curen. Peralta imponía el ritmo del combate y Pastrano no quería más guerra. Lo ocurrido en Nuevo Orleans no tiene nombre. Pesó el favoritismo local. El árbitro para verle la herida le metía el dedo en ella. Le quitaron el coagulante e hicieron todo lo posible para que sangrara con el objeto de planificar la inhabilitación”. Más claro, agua.
Los más de 6.000 espectadores que se dieron cita en el recinto estadounidense reconocieron el trabajo del sanjuanino con una ovación e, incluso, un importante grupo dedicó gritos contra la injusticia que ellos presenciaron, según sostienen medios de aquellos tiempos.
Peralta llegó al país una semana después, aún con el pesar de lo ocurrido en su segundo combate contra Willie Pastrano y con la ilusión de contar con la revancha. Se habló mucho de una nueva pelea, pero lamentablemente para los intereses sanjuaninos nunca llegó a concretarse.





