Desde hace poco más de un mes, el paisaje del predio universitario sobre calle Urquiza, justo detrás del Auditorio Juan Victoria, recuperó la actividad perdida. El movimiento de obreros, el ingreso de maquinaria pesada y el sonido de las herramientas confirman que el esqueleto de hormigón que permaneció en silencio y abandono durante años está renaciendo: es la Escuela de Música, un sueño estratégico de la Universidad Nacional de San Juan (UNSJ) que parece estar en camino de ser realidad de una vez por todas.
TIEMPO DE SAN JUAN recorrió por dentro el nuevo edificio en construcción y te muestra el avance de las obras como nadie.
Embed - Así va la obra de la Escuela de Música de la UNSJ
La nueva infraestructura para la Escuela de Música no solo es un proyecto edilicio, sino que se ha consolidado como la obra insigne de la UNSJ en un contexto complejo para financiar proyectos de este tipo y sin apoyo nacional. Ante el freno generalizado de la obra pública por parte de la gestión de Javier Milei, la casa de altos estudios, bajo la conducción de Tadeo Berenguer, tomó la decisión política de terminar este complejo utilizando recursos propios de la institucion, lo que supuso un esfuerzo coordinado y solidario de todas sus facultades para priorizar este postergado proyecto.
El secretario de Obras de la UNSJ, Fernando Gómez, brindó precisiones sobre el estado actual de los trabajos. Según informó el funcionario, "hoy tenemos un avanzado aproximado del 6% en el segundo mes de certificación". Gómez detalló que, tras el largo periodo de inactividad, las tareas iniciales debieron enfocarse en el diagnóstico y la recuperación: "Las tareas que se están realizando fueron de readecuación de instalaciones preexistentes que requerían modificación ya sea por ejecución o deterioro por el paso del tiempo en que la obra estuvo parada", informó.
Se prevé un plazo de 360 días corridos para completar el 40% que restaba de la construcción, con la meta de entregar el edificio totalmente funcional en abril de 2027. Esta etapa final es la que presenta la mayor complejidad técnica, ya que implica la instalación de sistemas de precisión y terminaciones especializadas que hacen a la esencia de un centro de formación musical de alto rendimiento.
La obra consiste en un edificio de gran escala que albergará alrededor de 40 aulas de distintos tamaños y boxes individuales de práctica. La estructura contempla salas diseñadas específicamente para el funcionamiento de ensambles y orquestas juveniles, lo que permitirá concentrar la enseñanza de las 19 orientaciones instrumentales en un solo lugar. Tecnológicamente, el edificio destaca por el uso de materiales de vanguardia, como pisos flotantes de madera maciza y un tratamiento acústico integral en todos sus ambientes, además de modernos sistemas de climatización termo-mecánica y ascensores eléctricos que aseguran la accesibilidad y el confort acústico necesario para el estudio profesional.
Tras el envión definitivo
La historia de este edificio está marcada por una sucesión de decepciones y postergaciones que llevaron a que, en el ámbito universitario, se la conociera como la "obra maldita". Tras quedar paralizada con un 60% de avance en años anteriores, la infraestructura sufrió el desgaste propio de la intemperie y el abandono. Sin embargo, este nuevo impulso, respaldado por la firma de contrato con la empresa Galvarini y Asociados y el financiamiento directo de la Universidad, se percibe como el movimiento definitivo. La decisión de gestionar los fondos de manera autónoma busca blindar el proyecto frente a las incertidumbres externas, garantizando que el "corazón del edificio" no deje de latir hasta su inauguración.
Actualmente, la Escuela de Música funciona en condiciones de fragmentación, utilizando espacios prestados y el antiguo edificio que, a pesar de sus limitaciones, sigue siendo el centro de la actividad. Mientras se avanza en la gran sede de calle Urquiza, la Universidad también ejecuta obras de mantenimiento y mejora en el viejo edificio para asegurar que los estudiantes y docentes cuenten con las condiciones mínimas necesarias durante este periodo de transición. Una vez concluida la nueva infraestructura, la institución podrá finalmente abandonar las sedes temporales para unificar su excelencia académica en una casa propia, diseñada a la medida de sus necesidades técnicas y artísticas.