La cuadrícula perfecta que hoy se recorre en el centro de Pocito fue el regalo de un ingeniero que recibió un lote a cambio de su ingenio. Por una de esas calles sureñas circulaban carruajes que llevaban vino directamente hasta Chicago a finales del siglo XIX. Incluso, una de las arterias más bellas del departamento rinde homenaje a una mujer que, antes de ser una leyenda de las letras latinoamericanas, jugaba en las acequias de San Juan y las llamaba su "paraíso". Estos relatos no son leyendas urbanas, sino datos rescatados en el libro "Pocito, mi lugar en el mundo: villas, barrios y calles".
Esta obra es el fruto de un trabajo colectivo liderado por el periodista Daniel Tejada, acompañado por la poderosa pluma de Viviana Pastor, además de Mariela Otarola y Eduardo Merino. El libro permite reconstruir y preservar la identidad local, funcionando como un puente entre el pasado agrícola y el presente urbano del departamento. En el sector dedicado específicamente a las calles, se descubren datos llamativos que explican por qué Pocito tiene la fisonomía que hoy se conoce, rescatando del anonimato a los personajes que dan nombre a sus carteles indicadores.
Uno de los puntos más interesantes se encuentra en la Avenida Antonino Aberastain. Aunque hoy es el centro del movimiento, el libro recuerda que en 1976 la zona comercial se transformó de una manera insólita: “la mismísima avenida Aberastain se transformó en cancha” para un campeonato de fútbol infantil donde los niños jugaban en el mismo lugar donde hoy circulan los autos. Cerca de allí, la calle Marco Antonio Zalazar que todos conocen como Calle 11 y es neurálgica en la comuna, guarda la historia del hombre que “diseñó la cuadrícula que forman las manzanas y calles de la Villa Aberastain” y que, en gratitud, recibió un terreno en una esquina que nunca llegó a habitar de forma permanente.
Hacia el oeste, la calle Abraham Vidart evoca a un gobernador cuya gestión tuvo un gesto de justicia histórica, ya que bajo su mandato “se marcó, por primera vez, el lugar donde fusilaron a Antonino Aberastain”. Por su parte, la calle Juan Maurín rinde honor a un visionario que, mucho antes de la llegada del ferrocarril, ya movilizaba la economía local porque “enviaba vino al Norte y al Litoral del país en tropas” de carros, llegando incluso a exponer sus productos en Estados Unidos.
image
Vidart y Calle 11, una esquina emblemática de Pocito.
La cultura también tiene su espacio en la calle Alfonsina Storni. La mítica poeta vivió parte de su infancia en la zona y, según el libro, “ella recordaba a San Juan como un paraíso, porque le gustaba mucho la naturaleza”, un sentimiento que dejó plasmado en poemas que mencionan las fragancias de esta tierra. En contraste con la lírica, la calle Manuel Lemos habla de la fuerza del trabajo: Lemos fue un empresario que “quería llegar al consumidor sin intermediarios para asegurar la pureza del producto”, lo que lo llevó a fundar la bodega La Superiora.
Otras calles cuentan historias de generosidad, como la Federico Picón. Este hacendado no solo donó tierras para escuelas e iglesias, sino que pasó a la posteridad por ser el “único intendente ad honorem en la historia de Pocito” entre 1924 y 1926. Similar es el caso de la calle Roberto Vidart, un legislador tan respetado que, a pesar de que le ofrecieron ser candidato a gobernador, declinó el honor por su salud, siendo recordado porque “sus propiedades rurales son el mejor ejemplo de su contracción al trabajo”.
En zonas más específicas, como en el trazado de la antigua Villa Cremades, la calle Independencia destaca por una curiosidad del transporte público de antaño: la línea 43 de la Empresa Mayo unía esta arteria con la capital “en forma directa, sin pasar o llegar a la plaza de La Libertad”. Finalmente, el libro redescubre la figura de la calle José Furque, revelando un dato que muchos vecinos desconocían: el nombre “pertenecía a Josué Furque, un antiguo comisionado municipal cuya labor fue fundamental” para la zona en épocas de formación institucional.
Memoria al resguardo
El libro "Pocito, mi lugar en el mundo" nació de una necesidad urgente: documentar aquellas historias y personajes que no se encuentran en buscadores como Google. Los autores recurrieron directamente al testimonio de los vecinos y a una minuciosa investigación de campo para plasmar los orígenes de Pocito, desde sus primeras casas hasta los antiguos almacenes. La obra, que se presentó recientemente en la Feria del Libro y contó con el apoyo del intendente Fabián Aballay, está disponible de forma gratuita en formato digital en el sitio web de la Municipalidad. Este volumen representa un acto de gratitud y memoria, asegurando que el legado de quienes forjaron el departamento no se pierda.