A Boca los partidos no se le complican por casualidad, tiene la capacidad de potenciar a todos sus rivales. Miércoles tras domingo, domingo tras miércoles. Ni el respeto que todavía infunden su nombre y el entrenador hace que el advesario lo respete más allá de los quince minutos iniciales. A veces ni eso. El Xeneize, otrora peso pesado de la Copa Libertadores, ni en el certamen continental con sus seis trofeos a cuestas genera sensación de superioridad. Lento, cauto y previsible, al elenco de Carlos Bianchi ni el regreso de Román Riquelme, seguramente en el próximo duelo copero, el 7 de marzo, en la Bombonera, ante Nacional, le cambiará la cara. Necesita más que un enganche.
martes 5 de mayo 2026





