Hace exactamente un año, la Bombonera estalló de bronca. De hartazgo. En una tarde a pleno sol, los hinchas de Boca explotaron en el medio del partido ante Godoy Cruz. El agónico gol de Nicolás Blandi 2-1 ante el Tomba no cambió nada: la relación ya estaba rota.
No había vuelta atrás con Julio César Falcioni. Por eso los insultos y los repudios de aquella tarde fueron claros: recayeron sobre el Pelusa y Daniel Angelici. Fue el día que el presidente del conjunto de La Ribera patentó una de sus frases más recordadas durante su gestión. “La Bombonera habló”, dijo el mandamás para confirmar que el ciclo del recio entrenador estaba terminado.
Hoy, más allá del flojo 2013 del equipo, la historia será bien distinta cuando el Xeneize enfrente a Gimnasia de La Plata en el cierre del Torneo Inicial. Es que aquel 8 de diciembre del año pasado también hubo un reclamo que bajó desde las tribunas y que, finalmente, se concretó: el regreso de Carlos Bianchi, el técnico más ganador del azul y oro. El DT que tiene espalda ancha para cerrar un año pobre en resultados sin recibir una lluvia de cuestionamientos. El Virrey sale indemne de un certamen en el que Boca dilapidó, por falencias propias, cada una de las posibilidades que se le presentaron de luchar hasta el final el campeonato. Tampoco le hace mella este año flojo en el que estuvo lejos de ser protagonistas en los torneos que disputó: terminó en el fondo en el Final 2013, quedó eliminado en cuartos en la Copa Libertadores de América, se despidió en octavos de final de la Copa Argentina y sólo mantuvo alguna esperanza en este Inicial por la irregularidad de los de arriba.
Boca, entonces, termina el año sin motivos para brindar. Sin embargo, esta vez, con el estreno oficial de la resistida camiseta rosa, esa que Juan Román Riquelme dijo que no va a usar –y, al menos por lesión, no se pondrá– no habrá broncas ni insultos. Si la Bombonera, como en aquel partido ante Godoy Cruz, habla será para que retumbe un grito de esperanza, un grito de anhelo para lo que esperan del futuro. Para que se escuche bien fuerte el aliento. Para que el Virrey, a partir de enero, vuelva a ser ese entrenador que hasta este magro 2013 aseguraba, por lo menos, un título por año. El duelo con el Lobo es sólo una excusa para terminar el año de la mejor manera posible en lo futbolístico.