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La Casona de Niquivil

Entre la leyenda y la historia

Por años fue conocida como “la casona de Felipe Varela”. Fue construida por una familia chilena y fue el símbolo de la riqueza de la zona a principios del siglo XX. En el ’44 la compró Eloy Camus y fue vendida por sus descendientes hace 15 años. Hoy es una casa en ruinas que sigue sorprendiendo por su hermosura. Por Viviana Pastor.

Por Redacción Tiempo de San Juan

En Niquivil, a la vera de la ruta 40, la casona de los arcos se impone con su belleza en ruinas y nos habla de un pasado esplendoroso y próspero. Dicen que era la casa de Felipe Varela, el líder del último pronunciamiento de los caudillos del interior contra la hegemonía política de Buenos Aires. Se trata del mismo Varela que el pasado junio fue ascendido post-mortem al grado de General de la Nación por la presidenta Cristina Fernández. Hay versiones contradictorias sobre si la casa le pertenecía al caudillo o no; sí es un hecho que fue comprada por Eloy Camus, ex gobernador de San Juan, en 1944. Un edificio con mucha historia.

No se conoce la fecha exacta de la construcción de la casona, según el sociólogo José Casas que investigó su historia, la familia Varela llegó a Niquivil en 1867 desde Chile, tenía la Merced Real sobre todo Niquivil, y habría levantado la casa entre 1870 y 1880. Según el sociólogo, la coincidencia entre el apellido y el año de llegada de la familia Varela, habría derivado en la atribución de la propiedad de Felipe Varela sobre la casona. “La tradición decía que esa era la casona de Felipe Varela, pero no es así, ahora se ha identificado que el lugar donde llegaba Varela a Jáchal está ubicado al Norte, apenas pasando el Río Jáchal”, dijo Casas. Aseguró que las investigaciones que señalaban que se trataba de distintos Varela la realizó Rocier Bravo.

Mientras que según Eloy Camus, nieto del ex Gobernador, la casona sí perteneció al mítico caudillo, a quien llamaban el Quijote de Los Andes. “Según me contó Hernan Varela, uno de los últimos descendientes de los dueños originales que habitaron Niquivil, él era descendiente de Felipe Varela y la casona sí fue suya”, contó Camus.

Pero además, los Varela de Niquivil se emparentaron con los Dojorti de Huaco y por eso en la casona también pasó algunos días el gran poeta jachallero, Eusebio Dojorti, más conocido como Buenaventura Luna.
Camus compró la propiedad en 1944, en total eran 12.000 hectáreas, y lo hizo en sociedad con Manuel Márquez Romero, que era propietario de la Cervecería San Juan. La escritura pasó de Romelia Juana Dojorti de Varela y Eduardo Varela Dojorti a pertenecer a Camus y Márquez. La idea de Camus era hacer funcionar toda la estancia como núcleo productivo. Llevó vacas y caballos y plantó trigo, que se sumaron a las hectáreas de olivos que había en la propiedad. En 1951 compró a Márquez su parte y quedó todo a nombre de Camus.

De las 12.000 hectáreas sólo 600 eran productivas y el resto, campo sin cultivo. La actual traza de la ruta 40 pertenecía a la casona y hasta allí llegaban los jardines de ingreso a la casa, con profusión de  frutales, peras, granadas, duraznos, “en verano era un festival de fruta”, recordó el nieto de Camus, quien pasó parte de su vida en la casona.

“Era una casa tan hermosa. Tengo una imagen idealizada de Niquivil por mis días en esa casa. Me acuerdo que a la derecha se ubicaban los corrales donde estaban los chanchos y las vacas y muy temprano mi mamá me mandaba a buscar la leche que ordeñaba en un jarrón que quedaba lleno de espuma. A los 3 años yo andaba en caballo por esa casa”, contó Camus.
Los pisos eran de rocas extraídas del cerro con el cuidado de poner en algunas de ellas las hiedras y caracoles que estaban petrificados en la piedra. Las caballerizas también estaban muy cerca de la casona, por la importancia que tenían los caballos en la época en la que fue construida la casa, “tenían que estar a mano para la huida”, contaron.

La casona conserva sus grandes habitaciones, dos cocinas que eran fogones porque se cocinaba con fuego; y los grandes arcos de estilo español que permanecen firmes a pesar de los años y los sismos. Toda la madera de puertas y ventanas era de pinotea y había mosaico en algunas habitaciones.

“Yo la conocí hace 50 años como la casona de Felipe Varela, y Don Hernán me decía que él era descendiente directo de Felipe Varela. Hace 20 años él se fue a vivir al Sur. Pero, además, mi abuelo contaba que esa casa había sido de Felipe Varela. Era una casa muy hermosa”, repitió Camus.

Con un gran conflicto familiar mediante, hace 15 años la familia Camus vendió la casona y toda la propiedad de Niqui vil a la firma Gándara, para los diferimientos impositivos Agrícola San Juan SA (plantaciones de olivos) y Ganadera Niqui vil SA (producción de leche de tambo).
La casona hoy es custodiada por don Juan Páez y sigue maravillando la vista de los que transitan por la ruta 40.

Felipe Varela y Jáchal

Entre 1865 y 1870  Argentina, Uruguay y Brasil se enfrentaron contra Paraguay en una sangrienta guerra. La impopularidad de esta aventura bélica y los conflictos generados por la hegemonía porteña generaron rebeliones en varias provincias. El 6 de diciembre de 1866 el caudillo catamarqueño Felipe Varela se levantó en armas contra el gobierno de Bartolomé Mitre. Ese ejército Varela lo organizó en Jáchal y desde allí lanzó la famosa proclama.
“¡Argentinos! El hermoso y brillante pabellón que San Martín, Alvear y Urquiza llevaron altivamente en cien combates, haciéndolo tremolar con toda gloria en las tres más grandes epopeyas que nuestra patria atravesó incólume, ha sido vilmente enlodado por el general Mitre, gobernador de Buenos Aires…” 

 “En Jáchal Varela organizó su ejército de 4 mil hombres de los cuales unos 800 eran de Jáchal y otros que va sumando en La Rioja y Catamarca. En un momento estaba acosado por cuatro ejércitos y lograba salir victorioso, era tremendo. Tengo toda una investigación especial de Varela en Jáchal”, apuntó José Casas.

 (Fuente: Revista Contratiempo y Los caudillos, de Félix Luna)

Relevamiento de casonas

Desde la Dirección de Cultura de la provincia, se comenzó a trabajar en un relevamiento de casonas antiguas de la provincia para, luego de una selección, declararlas Patrimonio Histórico. “Esto es parte de un proyecto más ambicioso de recuperación de las casonas, es un programa a largo plazo”, dijo la titular del área, Zulma Invernizzi.

Luego del relevamiento inicial que se está realizando, se verificarán datos y antecedentes para determinar la importancia histórica. Pero además se agregará el valor social, “el amor o el interés que siente la comunidad por esa obra, que muchas veces es más importante que su valor histórico”, señaló la funcionaria. Para el 2013 proyectan tener el listado completo de las casas seleccionadas.
 

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