En las tierras altas de Iglesia, el viento trae frío y también memoria. En Tudcum, un pequeño rincón sanjuanino, el sonido de los telares ha marcado el pulso de los hogares por más de setenta años. Allí las guardianas de la tradición textil, entre hilos de lana de oveja y urdimbres ancestrales, mantienen vivo un oficio que alguna vez fue el motor económico de la región y que hoy recupera parte su brillo de la mano de la minería moderna.
Cristina Brizuela, una de las artistas del telar en Tudcum junto a Faustina Godoy y María Díaz, aseguró que para entender el presente hay que mirar hacia 1950. En aquellos años, mientras los hombres se internaban en las profundidades de las minas, las mujeres de Iglesia construyeron su propio mercado de lana, el cual también ayudaba con el abrigo en la montaña.
Embed - Las tejedoras de Iglesia y el arte de abrigar la historia minera
"El tejido siempre ha sido un medio de vida para las mujeres", relató Cristina. "Revalorizaba su independencia económica para criar a sus hijos. Los hombres trabajaban en la minería y eran el nexo de venta; las mujeres hacían fajas, ponchos, jergones y peleros. Me contaba mi suegra que, en cada bajada de los mineros, ellas entregaban entre 30 y 40 fajas", añadió.
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El 30 de abril se tiene que hacer la entrega de 15 ponchos a una empresa minera.
En aquel entonces, la faja no era un adorno, sino un elemento de protección indispensable para el trabajador de montaña. Hoy, esas prendas sobreviven en los museos familiares gracias a la calidad imbatible de un producto que puede durar más de un siglo.
"La calidad y el origen son lo que siempre he peleado para que nos lo certifique", enfatizó la tejedora.
El regreso a la mina: 15 ponchos para la posteridad
Así como en los años 50 las tejedoras vestían a los mineros de aquel entonces, hoy la gran industria vuelve a mirar hacia los telares de Tudcum. A través del programa de capacitación "Mujeres en Red", Cristina recibió un encargo que la tiene trabajando a contrarreloj pero con el orgullo intacto: 15 ponchos para la empresa Fortescue.
Estas prendas, que se presentarán el próximo 8 de mayo en la feria minera, son abrigo y son identidad. "Van a usar el poncho de lana de oveja con los colores del poncho sanjuanino en la alta cordillera", contó Cristina con entusiasmo. Incluso llevarán el logo de la empresa, fusionando la tecnología extractiva con la técnica milenaria del tejido a mano.
Para las tejedoras de Tudcum este pedido representa una validación económica y cultural. En un mundo de producción en serie, el poncho de Cristina y compañía ofrece algo que ninguna máquina puede replicar: el calor de la lana legítima y el peso de una historia que se niega a ser olvidada. "Cuando uno quiere trabajar, lo hace con muchísimo gusto y alegría en cada pieza", concluyó Brizuela.