domingo 22 de marzo 2026

Alcanzaste el límite de 40 notas leídas

Para continuar, suscribite a Tiempo de San Juan. Si ya sos un usuario suscripto, iniciá sesión.

SUSCRIBITE
Columna

La soledad acorta la vida: por qué las residencias pueden ser un salvavidas para las personas mayores

La soledad es un factor de riesgo de mortalidad comparable al tabaquismo o la hipertensión. Mantener vínculos sociales y participar en actividades grupales puede aumentar significativamente la expectativa de vida.

Por Carlos Godoy

Por Redacción Tiempo de San Juan

Un abrazo, una charla cara a cara, un grupo con el que compartir un mate. Estos gestos, que parecen simples, pueden marcar la diferencia entre vivir más o morir antes. La evidencia científica es contundente: la soledad no es solo un estado emocional, es un factor de riesgo de mortalidad tan potente como fumar o tener hipertensión.

Un estudio publicado en American Journal of Public Health, que analizó a más de 16.800 adultos en Estados Unidos durante un seguimiento de hasta 18 años, reveló que las personas más socialmente aisladas tenían entre un 62% y un 75% más de riesgo de morir que las más integradas socialmente, incluso controlando por edad, salud y otros factores. En mujeres, el riesgo relativo (HR) fue de 1,75; en hombres, de 1,62. La magnitud es similar a la del tabaquismo (HR 1,72 en hombres, 1,86 en mujeres) y superior a la de la hipertensión en el caso de ellos.

El estudio midió el aislamiento social con indicadores claros: no tener pareja, tener menos de tres interacciones por semana con otras personas, no participar de actividades religiosas al menos cuatro veces al año y no pertenecer a ningún club u organización. Cada uno de estos factores, por separado, mostró su peso en la supervivencia. Por ejemplo, las mujeres con poco contacto social tenían un 25% más de riesgo de morir; los hombres que no participaban de actividades grupales, un 15% más.

¿Por qué la soledad mata? La explicación es múltiple. Las personas con menos vínculos suelen recibir menos apoyo emocional y práctico para enfrentar enfermedades o crisis. También tienden a mantener hábitos menos saludables y a presentar una mayor respuesta inflamatoria crónica, debilitando el sistema inmune. Incluso se ha observado que el aislamiento modifica la expresión genética, favoreciendo procesos inflamatorios y reduciendo la resistencia a infecciones.

En este contexto, las residencias de adultos mayores —cuando son espacios cuidados, con actividades y estímulos— representan mucho más que un lugar donde vivir. Son entornos que pueden reconstruir redes sociales, ofrecer pertenencia y recuperar rutinas de interacción que en soledad se pierden. Un taller de lectura, una partida de truco, un almuerzo compartido… no son simples pasatiempos: son intervenciones de salud con impacto medible en la expectativa y calidad de vida.

La decisión de mudarse a una residencia suele estar cargada de emociones y prejuicios. Sin embargo, los datos invitan a mirarla también desde la prevención: así como controlamos la presión arterial o el colesterol, deberíamos cuidar la “presión social” que mantiene activo el corazón y la mente. Aislarse, en cambio, es abrirle la puerta a un riesgo tan letal como los que solemos temer más.

En Zona Azul, creemos que una vejez plena no solo depende de la atención médica, sino de las conexiones humanas que nos sostienen día a día. Combatir la soledad no es un lujo: es una necesidad vital.

Temas
Seguí leyendo

Dejá tu comentario

Las Más Leídas

Triple tragedia en Ruta 20: tres personas murieron tras protagonizar un choque frontal
El sobrepaso a un camión, la maniobra que desató la triple tragedia en Ruta 20
Triple tragedia: dolor y conmoción a metros del desastre en Ruta 20
El extraño verano sanjuanino que recién terminó, bajo análisis.
Tres detenidos en Chimbas tras un megaoperativo: secuestran cocaína, marihuana y casi medio millón en efectivo

Te Puede Interesar