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Paco Álvarez: el hermano del delincuente más famoso de San Juan que saca a pibes de la calle

Es hermano del "Alvarito", uno de los mitos más grandes de la historia criminal de la provincia, pero su vida se volcó en ayudar a los que menos tienen.
domingo, 25 de octubre de 2020 · 21:16

Ser hermano de una leyenda no siempre es bueno, sobre todo si se trata de uno de los mitos de la delincuencia más grande que se forjó en San Juan. Sus familiares y amigos le decían El “Pepe”, pero en el recuerdo de quienes lo idolatran y lo odian lo conocen como el “Alvarito”. Un chico sin oportunidades convertido en delincuente que fue abatido a la prematura edad de 17 años por la policía en Chimbas. Dueño de una vida fugaz con varios asaltos violentos que desembocaron en la trágica muerte del policía Ángel Soria en 1988 frente a la Industria Chirino.

Una historia donde hubo varias víctimas por robos y el deceso del oficial abatido, pero que también hacía referencia a un contexto carente de asistencia social e inestable a nivel democrático en Argentina. Y es que en aquel año se producía el segundo levantamiento militar desde el regreso a la Democracia en el país y otra vez los argentinos sentían amenazadas las instituciones democráticas durante la presidencia de Raúl Alfonsín. Una sedición que no logró su cometido, pero que mostró lo débil de nuestra democracia por esos años.

Detrás de los mitos siempre hay familias y personas que pasan desapercibidas y en muchas ocasiones no suelen ser escuchadas. Tal es el caso de Paco Álvarez, uno de los hermanos del “Alvarito” que tuvo una vida difícil junto al resto de sus diez hermanos criados en un ambiente marginal y carente de recursos. Que desde muy chicos supieron vivir en carne propia la pobreza, y que a diferencia del “Alvarito”, se convirtió en una persona que ayuda al resto a superar las desavenencias que al mismo le tocó pasar.

De Izquierda a derecha Garrido, Alvarez, González y Rodríguez, conocidos como la banda del "Alvarito".

A Paco nadie le dice Francisco, pero no hay una sola persona que no lo conozca en el barrio San Francisco de Chimbas donde vive junto a su familia. Y es que él al igual que su esposa son dirigentes barriales hace un largo tiempo que se dedican representar aquel sector carente de necesidades, desde grandes y chicos que no nacen con las mismas oportunidades y muchas veces terminan transitado el submundo del delito y las drogas.

Es un tipo corpulento de 51 años que sabe un poco de todo y que solo llegó a cursar el 6to grado en la escuela, porque tuvo que salir a trabajar desde muy pibe. El cuarto de 11 hermanos, con los cuales más de una vez a lustró zapatos, cuidó autos y salió a pedir comida para colaborar con su madre que estaba todo el día fuera de la casa trabajando como empleada doméstica. “En ese entonces mi hermano Claudio trabajaba en un puesto de revistas enfrente de la catedral, mi mamá haciendo lavados y planchados y nosotros con el Pepe y mi otro hermano nos quedábamos cuidado autos hasta que ellos salían y nos veníamos todos juntos”, cuenta Paco sobre los años donde él y todos los miembros de la casa, por más chicos que eran, trabajaban en algo para ganarse la vida.

Paco Álvarez trabajando junto a dirigentes barriales. 

En ese entonces vivían en la vieja Villa Las Cañitas o Villa Hidráulica en Desamparados, transitando una infancia con muchas privaciones. Su padre Walter Waldino Álvarez, no tenía un trabajo fijo y al poco tiempo de mudarse al barrio Kennedy en Santa Lucía, falleció de un derrame cerebral dejando aún más complicada la tarea de Norma Marina Rodríguez, que desde ese entonces se hizo cargo de los 11 chicos.

Las tragedias y dramas en la vida de los Álvarez no solo se centraron en la historia del “Alvarito”, que para ese entonces ya era un adolescente en conflicto con la Ley. Sino que también falleció otro de los hermanos, llamado Sebastián, que sufrió una neumonía y perdió la vida siendo muy chico. Y otra de las hermanas padeció un accidente doméstico mientras hacía hervir agua en un recipiente con alcohol, la misma terminó con el setenta por ciento del cuerpo comprometido y Norma tuvo que centrar su atención en los cuidados de esa pequeña. En tanto que el resto de los chicos quedaron repartidos en distintos institutos para menores.

Parte de los eventos que se organizan en los distintos barrios de San Juan. 

Al tiempo los caminos de los Álvarez se desviaron en varias direcciones. El hermano mayor comenzó a estudiar enfermería y al cabo de varios años logró recibirse. Paco comenzó a buscar trabajo, aprendió albañilería, panadería y conoció a Mónica, con quien tuvo 6 hijos a lo largo de su relación. 

En todo ese tiempo la militancia barrial y la necesidad de ayudar a los otros estuvo presente. “Es algo que uno pasó desde chico y sabe lo que es. Ahora si vos me preguntas ¿por qué haces esto? Y yo creo que es porque te gusta, porque es un trabajo que no es rentable, que algunos lo quieran convertir en rentable eso ya es otra cosa, pero lo que nosotros hacemos es estar uno con el otro y acompañar en lo que se pueda”, dice Paco con algo de modestia siendo que es uno de los artífices fundamentales de la Agrupación Dirigentes Barriales. Que hoy en día nuclean a 31 barrios sanjuaninos que trabajan en conjunto con Desarrollo Humano y algunos municipios que brindan una ayuda a varias familias carenciadas. De esta organización se desprenden un total de 13 merenderos que hoy no están funcionando por la pandemia y varias actividades que como dice Paco “le dan un día distinto a la gente, porque vos no los podes sacar de la calle así como así, pero con estas cosas que hacemos le ganas un día a la droga y a la calle, que ya es un montón”, afirmó con convicción. 

Francisco “Paco” Álvarez en la actualidad tiene 6 hijos y 9 nietos. Al respecto opina que “los veo muy bien, con lo que yo he vivido y he pasado estoy muy satisfecho en como están mis hijos. Las personas lo malo que tienen es que siempre están pendientes en lo que no tienen y no se dan cuenta que con poco se puede ser feliz”, dice resumiendo su filosofía de vida.

La política se dio como una cuestión de supervivencia en la vida de Paco allá por el 2004 cuando vivía junto a su esposa y su hijos en la llamaba “Villa del Chorizo”, que estaba detrás de barrio América. Una zona de emergencia donde siempre que llovía, el agua desembocaba en las viviendas y terminaba ocasionando desastres mojando los pocos elementos que tenían las familias. Fue entonces cuando comenzó a cruzarse con los vecinos para ayudarse entre ellos a levantar las viviendas que eran azotadas por el agua. “Entre nosotros nos ayudábamos con ladrillos para que salvar a las casitas que se caían”, cuenta Mónica la esposa de Paco, que junto a él presenciaron uno de los eventos más importantes para muchos sanjuaninos de bajos recursos con la erradicación de villas miserias que se dio en el gobierno de José Luis Gioja en el 2005.

La militancia siempre transitó en el anonimato y tal vez una de las razones fue por el pasado que acompaño a la familia Álvarez por el caso del "Alvarito”. “A nosotros nos estuvieron persiguiendo incluso hasta cuando se murió mi hermano, a todos de alguna manera nos lo hacían sentir. A mi hermano Claudio siendo enfermero iban y le pateaban la casa los milicos pensando que escondía algo. Cuando no te negaban un trabajo o pensaban que les podías llegar a robar”, cuenta Paco sobre los años de persecución que pasó por ser familiar de un delincuente.

Hoy en día Paco, su familia y allegados siguen trabajando desde el anonimato asistiendo a cientos de familias sanjuaninas a superar las necesidades del día a día. Y su voz es la que representa aquellos que son “hijos de nadie y dueños de nada, que valen menos que la bala que los mata”, en palabras del gran escritor Eduardo Galeano.

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