24 de marzo

Memoria viva: el relato de una sobreviviente de la dictadura

Virginia Rodríguez fue detenida en febrero del 76 y pasó la dictadura presa en la Cárcel de Devoto junto a miles de mujeres de todo el país. En exclusiva para Tiempo de San Juan y en un nuevo aniversario del golpe del 24 de marzo, recordó aquellos años de terror. Por Santiago Staiger.
domingo, 24 de marzo de 2019 · 09:08

A Virginia no le gusta dar muchos datos personales, apenas se limita a contar su historia aclarando que no fue solamente “su” historia sino que es compartida. Con inquebrantable fortaleza, relata los hechos que se produjeron desde su detención ilegal y arbitraria en febrero del 76´ hasta fines del 83´. Ella pasó la dictadura presa en Devoto junto a mujeres de todo el país mientras afuera se secuestraban, torturaban y desaparecían a miles de personas más. Se considera una superviviente de una época oscura en la historia de nuestro país.

Maravillosa juventud

Virginia Rodríguez es arquitecta y en la década del 70´ pasaba sus días militando en la universidad y en los barrios. Fiel a sus convicciones, pensaba que la Universidad tenía que formar profesionales que salieran a resolver los problemas y necesidades de la sociedad, lo que la llevó a formar parte de la Juventud Universitaria Peronista. También trabajaba junto a su esposo en distintos barrios de la provincia de San Juan, pero más específicamente en el Barrio Cabot, ayudando con las necesidades de la población de ese barrio, que, según cuenta, eran varias. “Era una villa de emergencia construida luego del terremoto del 44´. Ahí se trabajaba ayudando a mejorar ese hábitat, en la escuela, en el puesto de salud y con las madres. Allí festejábamos el día del niño, el día de la madre, Navidad, etc”, recordó Virginia.

“Trabajábamos como parte de la generación de los 70´ para construir un país para todos y pensábamos que eso era muy justo. Sosteníamos las tres banderas del peronismo: la independencia económica, la soberanía política y la justicia social. Para nosotros era una convicción muy fuerte y tratábamos todos los días de construir eso desde el lugar donde estábamos”.

El Terror

El clima político, económico y social de aquella época estaba enrarecido producto de múltiples interrupciones de los procesos democráticos en manos del poder militar. Con Perón ya fallecido, la disputa por el poder político se tornó violenta, sangrienta y autoritaria. En Febrero de 1976, a un mes del golpe de Estado del 24 de marzo que dio inicio a la última dictadura militar en Argentina, Virginia tenía 29 años y junto a su esposo fueron detenidos por las fuerzas conjuntas a las 3 de la mañana, como acostumbraban a hacer en todo el país. En aquel momento, el matrimonio tenía un hijo de 9 meses y vivía en la casa paterna de Virginia, en Concepción. En el procedimiento se llevaron a ambos y Virginia, que además estaba embarazada, apenas pudo alzar a su hijo que no cesó de llorar en toda la noche. Este fue el comienzo de la pesadilla.

Primero, los llevaron hasta el Rim  22 y ahí estuvieron entre dos y tres semanas, según recuerda Virginia. Esa noche detuvieron a todos los militantes de la JUP de concepción. Mientras estaba detenida en el Penal de Chimbas, dio a luz a su hija en el Hospital Rawson. Al tiempo, la trasladaron a la Cárcel de Devoto. “Fue un viaje infernal. Nos llevaron en avión y recogieron a compañeros de otras provincias mientras yo llevaba a mi hija recién nacida en brazos. Una cosa que me quedó muy marcada es que hablaban en voz alta de que tenían que matar a todos nuestros hijos porque nos consideraban subversivos”, relató. Más adelante, en un momento determinado, le sacaron a su hija pero con la dicha de que su suegra y hermana fueron a recogerla. A su marido, lo habían llevado a La Plata junto a otros compañeros.

La fuerza de las mujeres, motor para sobrevivir a la cárcel

“Nos dijeron que íbamos a salir o locas o muertas, cosa que no fue así afortunadamente, a pesar de las condiciones que tuvimos. Solo una compañera falleció de asma por falta de atención médica, el resto salimos todas”, recordó. En la Cárcel de Devoto había más de mil mujeres presas de distintas provincias, organizaciones y líneas políticas. Lo que Virginia rescata es que tuvieron la inteligencia de interrelacionarse como hermanas para poder resistir juntas, porque eran conscientes de que, o salían bien todas, o no salía ninguna.

La mayoría de las presas en Devoto eran del interior del país, por lo tanto casi que no recibían visitas. Los motivos eran varios: la situación económica, la dificultad para trasladarse hasta Buenos Aires y que la mayoría de las familias estaba siendo vigilada y perseguida en ese momento. A pesar de la censura, muchas veces podían escribir cartas pero lo que realmente las contenía a todas era la relación de ayuda mutua que mantenían. Las celdas para cuatro personas tenían la letrina adentro, no las dejaban salir ni hacer gimnasia, lo que hizo que pasaran largas jornadas conversando y llegando a conocer toda la historia de cada una. “Podíamos dibujar y escribir versos que le enviábamos a nuestros hijos. Dábamos clases, yo soy arquitecta y otras compañeras también eran profesionales, cada una tenía su experiencia de vida y tratábamos de fortalecernos”.

La mayoría de las presas que vivía en el interior del país no recibía dinero ni ropa de la familia, entonces compartían y repartían sus pertenencias entre todas. Virginia cuenta que muchas veces rompían con el reglamento ya que era una forma de preservar su dignidad, su físico y su mente. No podían comprar muchas cosas, solo algunos alimentos básicos y pocos cigarrillos. Cuando las encontraban infringiendo el reglamento, las mandaban al calabozo durante quince días sin colchón, comiendo muy mal y sin letrina, que estaba afuera.

Ni olvido ni perdón

En septiembre del 82´, Virginia salió con libertad vigilada del Poder Ejecutivo Nacional hasta que a finales del 83´ antes de asumir Alfonsín fue totalmente liberada. En aquél momento en el que abandonó la cárcel pesaba 36kg.

“Salimos de ahí la mayoría bien, pero otras salieron con muchas consecuencias físicas y psíquicas producto de la falta de atención médica. Pero salimos sin odio, porque no lo tomamos como algo personal, pero no olvidamos ni perdonamos. La mayoría de los ex presos hemos trabajado en los juicios acompañados por gente joven para que se haga justicia, porque realmente fueron delitos de lesa humanidad: los secuestros, las torturas, los robos de bebés, los fusilamientos. Acá no es como en aquella época, acá hay que presentar pruebas, a todos los que están detenidos no se les secuestró a los hijos, no se los torturó, van con todas las garantías constitucionales, esto es saludable para la democracia. Nosotros estamos conformes con eso porque así debiera haber sido siempre. Nos alegramos de que ellos puedan tener las garantías constitucionales, porque el castigo es perder la libertad, no es necesario humillarte, denigrarte, hacerte morir de hambre, no darte remedios, como pasó en la época de la dictadura. Y ni hablar de los compañeros desaparecidos en campos de concentración”.

Entrevista completa:

 

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