Historia de vida

Elena Szegedy: La partera sanjuanina que trajo 10.000 bebés al mundo

Tiene 80 años y 53 son como partera. Trabajó en casi todos los hospitales de la provincia. CriÓ una hija sola mientras estudiaba, y adoptó otros dos niños con una historia impactante por detrás. Pasá y conocé el resto de la historia
domingo, 17 de marzo de 2019 · 09:08

Elena Szegedy es descendiente de húngaros, tiene 80 años y 53 son como partera. Según ella misma ha ayudado a nacer alrededor de 10.000 bebés en todos estos años. Trabajó en casi todos los hospitales de la provincia, aprendiendo además, cómo es la idiosincrasia de cada poblador de los departamentos. En su juventud estudió con su hija en brazos, incluso la llevó a varias guardias. Se hizo fuerte ayudando a su mamá cuando estaba muy enferma, sola, en una provincia que les era completamente extraña. Es hija de un ingeniero que fue muy importante para el país, y sobre todo para San Juan en sus peores momentos. Su historia traspasa la sala de parto, entre la magia y el realismo que se confunden en la vida misma.                . 

Si nos remontamos a los orígenes de la familia Szegedy, nos trasladamos a la realidad de varios inmigrantes que escapaban de la Primera Guerra Mundial a nuestro continente. Los padres de Elena, entraron a Bolivia como Pablo Esteban Szegedy y Elena Nagy. En ese entonces modificar nombres y apellidos por los registros civiles improvisados que se montaban en cada puerto era algo muy común. Pero un simple cambio en los papeles no dejaba atrás la historia de una familia netamente húngara. Él era un ingeniero que alcanzó a tener 5 títulos universitarios, hablando varios idiomas entre ruso, rumano, alemán, inglés y español. En tanto que la madre, fue ama de casa en un comienzo pero también manejaba a la perfección varios idiomas, incluso llegó a enseñar alemán en la Facultad de Ingeniera. 

De alguna manera, la llegada de los Szegedy a San Juan estuvo marcada por la tragedia. En aquellos años hacían falta profesionales especializados en diferentes materias, que por supuesto carecían no solo en el país sino en el continente. Y en ese contexto, personas como el padre de Elena no se encontraban a la vuelta de la esquina.  “En año 44 necesitaban un metalurgista en San Juan. Ese año se produjo el terremoto y mi papa se vino antes de los 2 meses de Bolivia. El quedó muy mal por los problemas de salud que le dejó la guerra, pero aun así se vino igual.  Se vinieron él y mi mamá, que hasta el momento no había podido tener hijos, pero acá en San Juan quedó embarazada a los 46 años. Me tuvo a mí que soy su vivo retrato”.

Elena Szegedy esperando que le entreguen la vivienda a uno de sus nietos.

Los aportes del ingeniero Szegedy fueron vitales para ayudar a reconstruir a San Juan. El hombre era ingeniero químico, en minas, en electricidad y metalúrgica. Y a la vez había logrado recibirse como arquitecto y tenía un doctorado en filosofía. Hoy en día un aula de la facultad de Ingeniera lleva su nombre, por haber sido uno de los primeros profesores de la Escuela en Minas que fundó Sarmiento.

“Mi papá se muere cuando yo tenía 7 años, acá en San Juan. Y nos quedamos solas sin comunidad. Porque los árabes, los judíos, los italianos tenían comunidades, pero en la provincia no había húngaros. Sin familia, mi mamá grande y yo chiquita. La familia éramos, mi mamá y yo, y yo y mi mamá” afirma Elena, quien además recuerda que “mi mamá era una mujer muy educada, ella ya tenía el secundario hecho. Como usted sabe las mujeres no estudiaban ni en el 55. Los padres no querían que las mujeres estudiaran. Entonces, la pasamos de todos los colores. Pero es muy distinto ser pobre con educación y cultura, que ser pobres estructural sin todo eso”.

Esos preceptos quedaron marcados en la vida de Elena, ya que “más adelante, cuando tenía 20 años me quedó embarazada. Pero no podía dejarle el bebé a mi mamá, ella ya era muy viejita. Yo estudiaba medicina en Córdoba y me iba muy bien, pero tuve que dejarla y empezar Obstetricia. Lo hice contra mi voluntad, porque eran dos años de estudio contra 5 de medicina.  Yo no quería dejar de estudiar pero tenía que ser madre, y quería tener algo para darle de comer a mi hija. Hoy estoy agradecida de haber tomado esa decisión”.

53 años como partera ¿Qué pasó durante ese tiempo?

-Estuve los dos primeros años en San Juan capital trabajando en maternidad del Hospital Rawson. Después concurse en Caucete donde estuve 15 años. También casi 3 años en Calingasta y después volví a Caucete y el horario extensivo me lo daban en el Rawson porque faltaban parteras. Volví a concursar y me fui 15 años a Media Agua y hoy en día trabajo en Valle Fértil hace varios años también.  El único hospital donde no he trabajado es en Jáchal.  Pero en todo ese camino pude conocer la idiosincrasia y la forma de pensar de cada población. Porque no es lo mismo el caucetero, que el vallisto o que el mediaguino. Todos tienen formas distintas de ver la vida.

-¿Ha tenido algún registro aproximado de a cuantas mujeres ayudo a hacer el parto?

- Alrededor de 10.000, porque los 6 primeros años yo trabajaba en lugares donde se hacían muchos partos. Ayudaba a tener más de más de 1000 partos por año en esos primeros 6 años. Nosotros no hacemos nada en realidad. Yo puedo saber muchísimo de partería, pero lo que esa mujer está sintiendo, solamente lo sabe ella.

El día en que murió Perón, fue la noche en que la vida trascendió la sala de partos

Tapa de diario Clarín de 1974.

Juan Domingo Perón falleció el 1 de julio de 1974, marcando uno de los momentos históricos más significativos del país. Aquella noche, Elena estaba trabajando en Caucete como partera y vivió un acontecimiento que marcaría su vida para siempre. El pedido de una madre desesperada y la llegada de un hijo adoptivo que no estaba en sus planes.  

“Recuerdo que cuando muere Perón, llegó la mamá de mi Pablo diciendo que quería dejar el bebé, que no lo podía criar. Me acuerdo que fue un parto tan rápido, que yo no sé ni cómo lo recibí a ese niño. Él fue el único niño de los 10.000 que me cayó en el regazo. Porque sin pedirlo ni pensarlo era para mí. Entonces empezamos a mirarlo muy asustados con la enfermera para ver si estaba sano. Y era un niño tan bello que fue amor a primera vista, me enamore de mi hijo para siempre”. Esa noche fue que por pedido de la madre del niño Elena tuvo que hacerse cargo del bebé. Ellas ya se conocían de antes, y su progenitora biológica no quería a otra persona como tutora que no fuera la partera Elena Szegedy.

La historia detrás de aquel momento merece también ser recordada. “Le voy a contar que paso” comienza narrando la experimentada partera con los ojos brillantes de emoción.  “La mamá biológica de Pablo era la única mujer de 7 hermanos, y la echaron de su casa por quedarse embarazada de una nenita. Anduvo con su hijita durmiendo debajo de los puentes, siempre con un ojo abierto y otro cerrado. Vivía así, hasta que un día se le enfermó la hija muy grave y tuvo que volver a la casa de los padres. Y bueno, crio a su hijita con los abuelos. Ahora, cuando esa niña tenía 7 años, se volvió a quedar embarazada,  de mi Pablo. Entonces la echan de vuelta y le quitan la niña. Es por eso que ella dio su hijo. Lo hizo para poder volver a donde estaba su hija de 7 años. Ella tenía una historia muy larga con la hija, con el Pablo tenía un historia muy corta”.

La relación siguió hasta hoy en día entre Elena, Pablo y la mamá biológica “yo a esa señora la quiero mucho y la respeto mucho, porque después se quedó viuda. Y tuvo 11 hijos con el mío. Y los crio a todos ella solita. Las dos sabemos absolutamente todo lo que ha ido pasando. El hijo la ha conocido, ha conocido a los hermanos, y hasta el día de hoy yo voy a ver a esa señora”.

Además de Pablo, Elena tiene otro hijo adoptivo que llegó a su vida cuando tenía 10 años de edad. “Siempre con una enfermera queríamos adoptar a un niño de los que la gente por lo general no quieren. Ella me decía que cuando pase el tiempo íbamos a cuidar a un niño grande. Pero al final a ella no se le dio y a mí sí, hoy mi segundo hijo tiene 6 hijos y uno de ellos me hizo bisabuela” comenta entre risas mientras es abrazada por uno de sus nietos.

La historia del Padre de Elena, un pedido que podría haber marcado otro rumbo en la historia

Como se dijo antes el Padre de Elena fue un reconocido ingeniero que manejada varios aspectos de distintas disciplinas.  Y es así que un día es citado por un conocido general del Ejército, encargado de dirigir la fabricación de armas en el país.
Aquí aparece un momento muy importante que podría haber cambiado el rumbo de la historia energética si las cosas se hubieran dado de otra manera. “Mi papá fue el primer jefe de investigaciones mineras de este país y en una ocasión fue citado por el General Juan Manuel Salvio, quien era el Director General de Fabricaciones Militares de Argentina. En esa oportunidad el ingeniero militar le pidió verbalmente a mi papá que busque una manera económica para extraer uranio en nuestro país”.

General Juan Manuel Salvio, 1945. Fuente Wikipedia.

El uranio es uno de los elementos más importantes para generar energía nuclear y aunque hay fundamentos de sobra para pensar que es un constituyente nocivo para el ser humano, lo cierto es que bien podría ser usado para aprovechar otros tipos de energía.

Por lo tanto el pedido del General era de más importante para el país en aquel entonces. Su hija lo recuerda de la siguiente manera: “cuando mi papá estaba terminando los procedimientos, Manuel Salvio se muere de un infarto con 56 años. Y como todo fue verbal todo quedó en la nada, incluso así, mi papá que casi no podía caminar se fue a Buenos Aires e inscribió los dos inventos que había hecho para extraer uranio. Hizo un testamento pero no le dijo a mi mamá y a los seis días se murió. Entonces nosotros nunca pudimos rescatar eso, teníamos 15 años de usufructo y como serian de importante los aportes de mi papá, que al tiempo fueron vendidos a Estados Unidos, una de las principales potencias nucleares del mundo”.

Los registros intelectuales aún son conservados por Elena, como así también, las recuerdos que van más allá de una sala de maternidad y que todavía viven en su memoria y en su corazón. Pero eso, ya es otra historia.

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