En la indigencia total, así vive una familia en Santa Lucia que no está pasando por el mejor momento tras haber sida desalojada y luego de haber improvisado una casucha de "tres por tres", con palos y nylon, sin calefacción y ningún tipo de servicio.
Con una ola polar que azota a la provincia, una mujer, sus hijos y su pareja quedaron en la calle y sin posibilidades económicas sólo pudieron construir un ranchito privado de todo tipo de comodidad. En este contexto, Yanina Ahumada, la mujer que golpeó varias puertas comentó que algo de ayuda recibió, aunque para esta época resulta absolutamente insuficiente. “Me dieron palos y nylon y me dijeron ‘más de eso no podemos hacer’, desde la municipalidad”, explicó la mamá de cuatro niños.
Con respecto a lo que le ocurrió y por qué termino ahí, contó: “Me desalojaron donde alquilaba, me dieron un tiempo de 10 días y el dueño me dijo que me tenía que ir”. Ante la pregunta de cómo llegó al lugar, dijo: “Siempre pasábamos por aquí y, en este lugar, nunca había nada. Hicimos la pequeña casucha y a los días cayeron los dueños del lugar y nos pidieron que nos fuéramos”.
Ante la fría noche sanjuanina (del martes) y bajo una luz tenue de la casa, Yanina muy afligida le manifestó a Tiempo de San Juan: “Yo no pido que me regalen una casa, si quieren la pago, desde la Municipalidad de Santa Lucia no me pueden ayudar más. En el IPV me dijeron que ellos no regalan nada, pero no podemos vivir así”.
Dolida por la situación que están obligados a atravesar sus hijos, en la que ni un fuego pueden prender por temor a generar un incendio y perder lo poco que tienen, la madre que lucha por una mejor calidad de vida agregó: “Necesito que me ayuden por mis hijos, por el momento que están pasando. Mi hijo hace poco tuvo una infección en su boca, se me enferman siempre con angina o gripe, ellos lloran de frío. Una hija mía me dice ‘se me hielan las manos, mami’“.
A pesar del calamitoso momento, Ahumada agradeció la solidaridad de los padres de los compañeritos de sus hijas que asisten a la escuela Arturo García, -turno tarde de la escuela Pellegrini-, quienes organizaron bingos y colectas para que su familia pueda construir donde se radicó, aunque ahora no podrán hacer mucho, ya que este sábado (9 de junio) la mujer tiene la orden de marcharse del lugar.
Desde adentro de la casilla ubicada en el Callejón Herrera, a unos 200 metros de Ruta 20, la triste protagonista comentó entre lagrimas: “Si tengo que trabajar, lo hago; yo me ocupo de mis hijos porque no puedo dejarlos solo. Mi marido (Hugo Herrera) es el que trabaja, tiene changas en la construcción pero nada más, no alcanza para ir alquilar, no sé qué vamos hacer ahora”.
Con una inocencia en las miradas de los cuatro niños que esbozaron sonrisas para la cámara, lo que derrite cualquier tipo de frialdad y despierta cierta indignación por la injusticia que deben afrontar, sin querer, su mamá culminó el diálogo con estas palabras: “queremos que nos ayuden, necesitamos urgente la ayuda, mis hijos no pueden vivir así. Nosotros trabajamos sin problema, de lo que sea pero queremos vivir mejor”.