R. (no se identifica porque es menor y asiste al establecimiento), alumna del colegio San Francisco, es una de los jóvenes que al inicio del ciclo lectivo 2018 participó de un "último primer día". Contó que se organizaron por curso y cada uno de los grupos llegó a diferentes horarios de la mañana, generando caos en el establecimiento, por el estado que presentaban: borrachos, somnolientos. Los alumnos que no fueron a ese "último primer día" siguieron en clase, pero a los otros los despacharon.
La alumna remarcó que aparte de alcohol NO hubo otra cosa, como algún tipo de droga.
R. es una de las estudiantes sanjuaninas que vivió la nueva modalidad, la cual se agrega a costumbres de estudiantes secundario del último año, tales como el viaje, la fiesta de egresados, la presentación de la campera, entre otros.
Ante la preocupante situación, Tiempo de San Juan hizo un relevamiento y encontró varios testimonios, con la sorpresa que cada grupo de alumnos lo vive de una forma diferente, dependiendo la organización, la disponibilidad y el ánimo.
Una ¡gallina!
Mariano (ya egresado) del Colegio Central Universitario, detalló que los alumnos de sexto organizaron la celebración en el 2017 en conjunto y pasaron la noche en un domicilio particular. También las bebidas alcohólicas fueron el plato principal. Después de la fiesta llegaron a su establecimiento y los directivos no hicieron problema para su ingreso.
En esta misma institución ocurrió algo particular durante la presentación de la campera: tras hacer una fiesta previa e ir temprano a la escuela, cuando ingresaron al patio principal con bombos, papelitos, bengalas y chicos disfrazados, llevaron también ¡gallinas! ¿Para qué? Muy bien no se sabe pero les pareció divertido hacerlo y lo hicieron.
Le agarraron el gustito
En la escuela Pellegrini, de Santa Lucia, María (ya egresada) contó que a principios del 2017 pasó algo sorprendente: el grupo de alumnos no solamente organizó el “último primer día” si no que a esta modalidad la hicieron muchas veces en el transcurso del año. Con la particularidad también que nunca fueron sacados de la escuela, a pesar de que estaban en condiciones físicas dudosas.
¿En qué consiste?
El objetivo de la gran mayoría es difícil de creer, pero real: asistir alcoholizados al establecimiento educativo. Los chicos del último año se juntan en un domicilio cercano o alquilan algún lugar para que todos se puedan concentrar. Con música, comida y alcohol, de por medio, pasan la noche. Al día siguiente, cuando llega el momento de asistir al establecimiento educativo, todo el grupo va junto, caminando o en un colectivo contratado.
Directivos de los establecimientos le ponen sanciones interdisciplinarias y, en algunos casos, los suspenden de la escuela, comunicando a los padres lo ocurrido.
Es una modalidad que los chicos practican en San Juan aproximadamente desde 2016, y cada año la organización tiene mayor participación y detalle, convirtiéndose en un “mega evento”.
En los colegios han empezado a tomar cartas en el asunto, antes y después de los festejos. Previamente tanto padres como alumnos son notificados de las consecuencias de presentarse alcoholizados a la institución, que pueden ser seriamente sancionados si llegan hacer eso. En otros casos brindan charlas de convivencia, salud, a modo de prevención.