Sabía sacar provecho a todo lo que tenía a mano así que en la tarde salía a vender laurel en ramitos que él mismo hacía de las dos 2 plantas que había en su casa, "siempre buscándole al comercio”.
"El éxito será mi recompensa por la lucha”, dice Hafid el protagonista de la novela de Og Mandino. La misma convicción fue la que convirtió a Salvador González en El Vendedor más grande del mundo, como Hafid. Trabajo duro, una línea de conducta y habilidad innata para los negocios, lo llevaron a construir de la nada la cadena de supermercados más grande de San Juan, con 12 sucursales, José González e Hijos. El mismo espíritu que hoy, a los 72 años, lo hace seguir invirtiendo, creciendo y atrayendo éxitos, en la concesionaria Toyota que lleva su nombre, sus fincas, sus vinos, su ganado, y ahora su carnicería propia que rápidamente convirtió en mini autoservicio.
A los 14 o 15 años vendía verdura en un triciclo con canasto, en Capital; empezaba en avenida Alem y Falucho hasta Ignacio de la Roza y toda la calle Santiago del Estero. "Me gustaba vender verdura, compraba directamente a los productores. En ese tiempo las colas en el mercado de abasto eran larguísimas para entrar. En la tarde vendía golosinas a los almacenes, caramelitos Monicaco, chupetines Tatín. Eso me gustó más y dejé la verdura. Con el mismo triciclo vendía golosinas y fiambre, pero ¿qué podes vender en un triciclo? Una mortadelita, alguna manteca y queso. No existía ni Sancor ni La Serenísima. Aún tengo cuadernos con números de ventas de esa época porque vengo de una familia que guardamos tantas cosas… mi hija y mi nieta son iguales”, dijo.
Mencionar a su familia le trajo a la memoria a su esposa, Marta, que falleció hace 4 años, "desde entonces vivo solo”, dijo con otro semblante.
Con ese triciclo viajó durante dos años a Albardón, llegaba hasta La Laja pedaleando. En esa época ya era vendedor mayorista Rafael Moreno, que vendía cigarros y algunas golosinas, luego ampliaron al fiambre. En Albardón se desató la competencia cuando algunos negocios le compraban a Salvador. "Pero ¿cómo no le voy a comprar? ¿No ves que el pibe que se viene pedaleando desde la Ciudad?”, le decían los almaceneros a Moreno.
"A veces cuando mi padre terminaba de hacer sus trabajos de albañilería, salía a buscarme en su moto, atábamos el triciclo y me traía de vuelta”, recordó.
En 1964 la construcción se puso floja y Salvador le dijo a su padre que vendiera sus herramientas y se dedicara con él a vender. Un vecino le prestó un camioncito un día y se lo llevó a mostrarle lo que había logrado en los últimos años como repartidor en Albardón. Aunque era andar por calles enripiadas y llenas de polvo, a Don González le gustó y siguió el consejo de su hijo. Vendió todo, con esa plata compraron una camionetita y ahí empezó a cambiar el negocio.
"Salíamos juntos a vender golosinas y fiambre. En esa época era un desastre porque el queso por ejemplo venía envuelto en bandejas de madera, recién sacados del molde, chorreando, había que ponerles fécula y envolverlos en papel. En verano la manteca no se podía vender. Así fuimos creciendo, formamos José González e hijos cuando se sumó mi hermano, le pusimos chofer y una camioneta para que saliera él y que mi padre se quedara en el depósito”, contó.
Por entonces tenía unos 20 años y ya era El Gringo González, sumaba clientes y amigos por donde pisaba, y pisaba lejos. Iba a 25 de Mayo, Los Berros, Carpintería, y después saltó a La Rioja y pasaba por todos los pueblos limítrofes. Era puro sacrificio, 3 o 4 días viajando hasta vender todo, pero con frutos muy dulces, aún conserva amigos de esas épocas y cuando pasa por esas rutas se para y los visita.
Pasaron varios años y la empresa crecía como mayorista, al fiambre y golosinas había sumado algunos productos de almacén. Tenía un salón para depósito en la calle Entre Ríos pasando San Luis donde también vendía como mayorista. En 1982 se produjo un hecho que lo haría virar un poco el rumbo. Era un año malo, las ventas no andaban del todo bien porque había muchos mayoristas como él, sumando a un estancamiento en la provincia por falta de trabajo y crisis vitivinícola.
"El negocio marchaba pero no era lo que quería. Estaba bien estockeado pero no tenía efectivo, había mucho cheque, mucho vale, y muchas devoluciones de cheques. Un día llegó un vagón de tren cargado de azúcar y me lo ofrecieron. Les dije que no, que tenía mucha azúcar y casi no tenía efectivo. Me dijeron, hacé un esfuerzo porque este precio te conviene. No sé qué me iluminó y lo compré. Preparé un spot para la televisión Oferta del Día: una bolsa de azúcar, 19.800 pesos, eran bolsas de 50 kilos, la sorpresa fue que la mayoría que fue a comprar era gente común, no almaceneros. En una tarde vendí 600 bolsas y mercadería que tenía en paquetes de 12 unidades. Salvador vendió todo y se hizo de efectivo, Salvador era Gardel ese día”. La policía tuvo que cortar el tránsito de esa cuadra, era la locura total.
Al día siguiente vendió su propio stock de azúcar porque la gente seguía demandando. Ese día nació el primer autoservicio. Puso algunas góndolas, una heladera y se transformó inmediatamente. El negocio creció tanto que llegó un momento en que el local quedó chico. "Estaba haciendo un galpón en calle Salta para depósito, me acuerdo que en ese tiempo Rony Vargas me grabó una publicidad para la televisión, él salía con micrófono y decía "trabajamos para usted”, lo capitalicé y transformé en autoservicio”.
Poco a poco fue comprando negocios tradicionales que iban vendiendo sus dueños como Caruso en Villa América, Camenforte en Trinidad, se sumaron otros locales en Caucete, en el shopping, hasta llegar a las 12 sucursales. La facturación era muy buena pero la competencia era grande con Dilbas y Mi Changuito, eran épocas donde hacer publicidad a página entera en el diario era cuestión de supervivencia.
Salvador fue presidente de la Cámara de Supermercados de San Juan y miembro de la Federación así que cuando se reunían en Buenos Aires se empapaba de toda la situación nacional. En 1995 empezó la globalización y algunas ventas de cadenas nacionales a firmas internacionales.
José Angulo vendió en Mendoza y le dijo que era época de vender porque la gente de afuera estaba copando el mercado con precios y políticas con las que no podían competir. "Ya quedábamos pocos, tuvimos oferta de compra de Casa Tía y de la sociedad de Disco y en 1998 vendimos a Disco, con mucho dolor, pero lo hice. No estaba feliz de vender pero sabía que era el momento y la oportunidad. Yo era el creador y nunca había pensado en vender pero había que hacerlo”, contó.
Nuevos rumbos
"La vida que he escogido está repleta de oportunidades”, decía Hafid, igual que Salvador. Cuando vendió los supermercados repartieron las ganancias con su hermano y sus hijos, que ya trabajaban con él.
El invirtió en algunas fincas y su hijo José Luis quería vender autos así que abrió una agencia de usados. Empezaron a visitar terminales de autos en Buenos Aires para vender 0KM, pasaron por varias hasta que se quedaron en Toyota. "Fue una elección buena porque los japoneses no entregan a cualquiera. Ellos empiezan a averiguar quién sos, hacen una auditoría, mandan gente a preguntar quién es González y cómo era su negocio”.
Cuando les dieron el concesionario oficial de Toyota, abrieron en el salón de Ignacio de la Roza, que había comprado Salvador para abrir otro supermercado justo antes de vender todo. Pero el nuevo negocio los sorprendió en el 2001 con la crisis nacional. "Nos mirábamos la cara con José Luis, y los japoneses nos decían ‘tranquilos, esto tiene que cambiar’ y así fue”.
Hoy la agencia de San Juan es una de las mejores del país y recibió varias distinciones por ser primeros en ventas, ayudados por el auge minero en San Juan a partir de 2003. En febrero de 2015 los clientes ya habían pagado las camionetas 4x4 modelo 2016 que salieron a fines de noviembre. "Ahora me reclaman porque las fechas de entrega son para varios meses. Toyota vende y después fabrica, por eso la espera y la última camioneta la quiere todo el mundo, cuesta casi $700.000 pero no es el precio final. El Corola tiene entrega en agosto, la SV4 tiene entrega para noviembre de 2016”.
Hoy los negocios de la familia están bien diversificados. La producción de uva de las fincas va a una bodega que alquila un grupo de 10 productores al que pertenece González. Venden vino a granel y mosto, y hace poco presentó sus nuevos varietales en botella.
En una de las fincas, Salvador se armó una granja con cerdos y conejos. Un día fueron a comprar animales para mejorar la genética y terminaron comprando vacas. Hoy tienen el feedlot más grande de San Juan con 2.000 cabezas de ganado, con un macho reproductor que fue estrella en La Rural de Palermo.
Teniendo la materia prima, Salvador quiso vender su propia carne y en noviembre de 2015 abrió la carnicería que lleva su nombre donde antes estaba el restaurante, también de la familia González. Vende 100 medias reces por semana, de su propio ganado faenado en Mendoza, con la meta de duplicar la cifra en pocos meses.
El local fue armado con esmero con una gran isla de madera para las frutas y verduras, pero no cualquier madera, es roble de los toneles que vendió la bodega Cinzano. También la vinoteca se destaca con la misma madera. Fueros sus clientes lo que le pidieron a Salvador que sumara algo de mercadería, leña, y así volvió a los orígenes.
"Estoy muy contento, vengo todos los días y me encontré con mucha gente, amigos de antes que me han venido a visitar. He visto gente que hacía 55 años que no veía, algunos ex empleados, amigos”.
-¿Se arrepintió alguna vez de vender los supermercados?
-No, nunca me arrepentí. Al principio dudé pero era el momento justo.
Con una camisa celeste, la misma que usan los vendedores de Toyota con el logo de la marca, Salvador dice que si sabía de las fotos se ponía otra pilcha. "Me he venido así nomás, bueno así me conocen, para qué vamos a andar fingiendo si siempre ando así”.
Dice que es un jefe exigente porque las cosas hay que hacerlas bien y darle a la gente siempre lo mejor. El mismo no se permite quedarse atrás, a los 70 años aprendió a manejar la computadora, venciendo sus propios caprichos contra la tecnología. "Ahora me regalaron un teléfono de los nuevos y tengo que aprender a manejarlo, les digo esto no anda, y me dicen ‘papá, despacito’”.
Tres hijos varones y una mujer, le dieron ya 7 nietos que disfruta todos los domingos en la granja, donde él mismo suele hacer algún asado. "Doy gracias a Dios y a la Difunta Correa por la salud. Mi señora empezó joven con artritis y cuando podíamos disfrutar la vida apareció la enfermedad. Yo estoy sin dolencias, por ahí me excedo, me subo a un techo y me digo a mi mismo ¿qué haces González? Cuando uno es joven no mide las consecuencias le da y le da, pero a ahora hay que cuidarse”.
Cuando puede o alguien logra alejarlo del negocio, se va a pescar o a cazar. También los fierros son pasión en la familia, su hijo José Luis corrió un Dakar y él mismo corrió carreras cuando era más joven. Se lo vio con el equipo Toyota en el último Dakar, compensando el placer y el trabajo y rezando el mantra del vendedor más grande del mundo: "Saludaré este día con amor en mi corazón, y tendré éxito”.
10 Consejos de Sr. González para un buen negocio
1-Persistencia, paciencia, para cualquier operatoria. Hay que salir a la calle y visitar a los clientes 5 o 10 veces, hay que insistir, es como el noviazgo. Hablar de Boca, de River, pero
2- Tener constancia y no abandonar al cliente. En las cosechas se vende mucho fiambre, cuando los otros no iban yo iba siempre, ganaba clientes por constancia.
3- Los fracasos y los éxitos no son por casualidad. Se puede farrear esta noche pero mañana tiene que abrir y atender a los clientes como siempre.
4- Para vender bien hay que comprar bien. Tener mucho cuidado en la calidad y el precio para el cliente. Yo siempre tengo muy buena calidad en verdura y carne.
5- El que quiere pescado se tiene que mojar. Un buen encargado o gerente tiene que estar, caminar el local, la finca, lo que sea.
6- Al cliente no le podes decir que no, hay que tener siempre el producto que necesita.
7- Hay que adaptarse a las costumbres. Vos salís de trabajar y Vea está cerrado, tampoco abren domingos algunos locales, los viejos tenemos que hacer colas larguísimas, están mal stockeados. Eso está mal para San Juan.
8- Ofrecer algo diferente. Es una semilla que hay que darle tiempo para que salga. Yo abro de 9 a 14 y de 18 a 23, al principio no se acostumbraban y ahora tenemos gente hasta la noche porque es beneficio para ellos y para nosotros.
9- Tomar las críticas para mejorar. Yo tengo felicitaciones todos los días, pero también quejas y hay que atenderlas porque sirven para ir mejorando.
10- Conducta. Los empleados saben que soy jodido pero las cosas deben ser como deben ser.